La ONU y el trabajo forzado: sólo para hombres

La Organización Internacional del Trabajo, convertida en la primera agencia especializada de Naciones Unidas en 1946, ha realizado a lo largo de su historia una importante labor en la erradicación del trabajo forzado. Sin embargo, su instrumento más conocido para combatir esta lacra todavía contiene una cláusula significativa en cuanto a discriminación sexual se refiere.

El Convenio sobre el trabajo forzoso de 1930 tuvo como objetivo la regularización y progresiva abolición de este tipo de trabajo. Sin embargo, muchos de los puntos que se idearon como medida transitoria (artículo 1.3) continúan siendo vigentes. El más importante es el artículo 11, que nos indica quién puede desempeñar este tipo de trabajo si hubiera necesidad de hacerlo. Cito (el subrayado es mío):

1. Sólo podrán estar sujetos al trabajo forzoso u obligatorio los adultos aptos del sexo masculino cuya edad no sea inferior a dieciocho años ni superior a cuarenta y cinco. Salvo para las categorías de trabajo previstas en el artículo 10 del presente Convenio, deberán observarse las limitaciones y condiciones siguientes:

  • a) reconocimiento previo, siempre que sea posible, por un médico designado por la administración, para comprobar la ausencia de toda enfermedad contagiosa y la aptitud física de los interesados para soportar el trabajo impuesto y las condiciones en que habrá de realizarse;
  • b) exención del personal escolar, alumnos y profesores, así como del personal administrativo en general;
  • c) mantenimiento, en cada comunidad, del número de hombres adultos y aptos indispensables para la vida familiar y social;
  • d) respeto de los vínculos conyugales y familiares.

2. A los efectos del apartado c) del párrafo 1 de este artículo, la reglamentación prevista en el artículo 23 del presente Convenio fijará la proporción de individuos de la población permanente masculina y apta que podrá ser objeto de un reclutamiento determinado, sin que esta proporción pueda, en ningún caso, exceder del 25 por ciento de esta población. Al fijar esa proporción, las autoridades competentes deberán tener en cuenta la densidad de población, el desarrollo social y físico de la misma; la época del año y el estado de los trabajos que van a efectuar los interesados en su localidad por su propia cuenta; de una manera general, las autoridades deberán respetar las necesidades económicas y sociales de la vida normal de la comunidad interesada.

El posterior Convenio sobre la abolición del trabajo forzoso de 1957 reduciría el número de escenarios en los que el trabajo forzado podía ser impuesto (a los varones), como queda reflejado en el artículo 1, pero tampoco terminó por abolirlo del todo. Lo cual quiere decir que técnicamente, los países firmantes pueden de acuerdo a la legislación internacional recurrir al trabajo forzado masculino siempre y cuando cumplan con el resto de las exigencias impuestas por dichos convenios.

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La compasión como recurso limitado: invitación a un experimento sociológico

En el pasado la proposición de Dr. Warren Farrell de crear el Comité de la Casa Blanca para Hombres y Niños con el fin de estudiar los problemas de los varones fue rechazada bajo el pretexto de que drenaría recursos del ya existente Comité de la Casa Blanca para Mujeres y Niñas (White House Council on Girls and Women). Porque aunque existan innumerables instituciones gubernamentales y privadas tanto a nivel nacional como internacional para ocuparse de los problemas de las mujeres, que pudiera haber una sola para hombres era ya ceder demasiado.

Aunque para mí esta decisión es inaceptable, habrá quien argumente que si bien la compasión es un recurso ilimitado, el dinero no lo es. Pero imaginemos, sin embargo, que mostrar compasión fuera tan fácil como hacer “click” con el ratón en Facebook para indicar “me gusta” sobre un artículo que tratara un problema masculino. Ésta es la posibilidad que exploró la página web I don’t need feminism (No necesito el feminismo). Dos noticias, una sobre acoso verbal a la mujer, y otra sobre violación del varón, fueron publicadas en la página de Facebook Upworthy con una hora de diferencia. ¿Cuántos “me gusta” creen que recibió cada una?

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El feminismo como lobby: soluciones ideológicas vs soluciones pragmáticas para la violencia en la pareja

En mi última entrada publiqué el correo electrónico que envié a la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, la Fundación ANAR y al propio programa No te cortes, donde preguntaba por qué esta iniciativa no incluía a varones adolescentes en relaciones heterosexuales o a quienes mantenían relaciones homosexuales. No recibí respuesta de las dos primeras, pero desde el propio programa si tuvieron la amabilidad de darme una contestación. Paso a publicarla aquí para después ofrecer mi propio análisis.

Estimado Carlos,

Sin negar que existen otras manifestaciones de violencia en nuestra sociedad, la Dirección General de la Mujer sólo tiene competencias en la atención a las víctimas de una de esas manifestaciones: la violencia de género.

Como seguro conocerá, la violencia de género es definida en nuestra legislación -de forma coherente con las definiciones que hacen los organismos internacionales- como:

1. La violencia ejercida sobre las mujeres por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia. Es una manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. (Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género).

2. Toda agresión física o psíquica a una mujer, que sea susceptible de producir en ella menoscabo de su salud, de su integridad corporal, de su libertad sexual, o cualquier otra situación de angustia o miedo que coarte su libertad. Asimismo, se considera violencia de género la ejercida sobre los menores y las personas dependientes de una mujer cuando se agreda a los mismos con ánimo de causar perjuicio a aquélla. Incluye todas las manifestaciones de violencia ejercidas sobre la mujer, como expresión de la discriminación, la situación histórica de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, y no se limita al ámbito de las relaciones de pareja o ex pareja, sino que da cabida a otros supuestos como las agresiones y abusos sexuales contra la mujer, la mutilación genital femenina, el acoso sexual en el ámbito laboral, la inducción a una mujer a ejercer la prostitución, el tráfico de mujeres con fines de explotación sexual, etc. (Ley 5/2005, de 20 de diciembre, Integral contra la Violencia de Género de la Comunidad de Madrid).

Esta es la razón por la que el Programa “No te cortes”, impulsado por la Dirección General de la Mujer de la Comunidad de Madrid, atiende a chicas víctimas de violencia de género en sus relaciones de pareja, así como a sus familias. Sin embargo, para atender a las víctimas de otros tipos de violencia, existen servicios y programas impulsados por otras unidades directivas, como por ejemplo, el Programa LGTB, de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales de la Comunidad de Madrid (PIAHT).

Un cordial saludo,

Subdirección General de Asistencia a las Víctimas de Violencia de Género Dirección General de la Mujer

El hipervínculo no forma parte de la respuesta pero lo he añadido para que puedan comprobar que el programa ofrece ayuda general a este colectivo, pero no existe una iniciativa como No te cortes que trate la violencia en la pareja dentro de las relaciones homosexuales.

En cualquier caso mi crítica no se concentrará en el programa No te cortes o en la Dirección General de la Mujer, que como ven siguen los principios dictados tanto por el gobierno como por los organismos internacionales, sino que tratará principalmente sobre la utilización de la “violencia de género” como un concepto excluyente para apartar del discurso y la ayuda a víctimas de la violencia en la pareja que no forman parte de dicha definición. De ahí que cuando se utilizó el concepto de “violencia de género” para condenar a una mujer que maltrató a su pareja homosexual cundiera el malestar entre los círculos feministas: la ley estaba pensada para ser excluyente y así reafirmar el discurso feminista, no para proteger a todo el mundo. Ni siquiera a todas las mujeres.

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El correo electrónico que envié a la comunidad de Madrid sobre la campaña “No te cortes”

Estaba pensando en escribir una entrada sobre el reciente programa No te cortes, de la Comunidad de Madrid” que se centra en las relaciones de pareja adolescentes. Sin embargo, decidí que sería mejor hacerles algunas preguntas en lugar de sacar mis propias conclusiones. Les dejo con el correo electrónico que les escribí.

Pregunta sobre el programa “No te cortes”

A quien corresponda:

Antes de nada, quería felicitarles por la iniciativa “No te cortes” y la ayuda brindada por este programa para la protección de chicas adolescentes en situaciones de acoso y abuso.

Me preguntaba, sin embargo, por qué esta iniciativa ha excluido a varones heterosexuales y homosexuales que podrían hallarse una situación de riesgo similar. La descripción del programa en su página web aquí lo confirma (el subrayado es mío):

Este programa para adolescentes tiene como objetivo el apoyo y la orientación a aquellas chicas que, en sus incipientes relaciones de pareja, viven situaciones que les llevan a sospechar que se encuentran en un caso de maltrato.

El que dicho programa sólo es para chicas también queda patente tanto en los carteles difundidos por la Comunidad de Madrid como en el vídeo realizado, además de la descripción ofrecida en el documento sobre la ayuda en red, las tablas informativas y la presentación del programa. Todos estos apartados sólo señalan a las chicas como únicas víctimas potenciales.

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La violación del varón: el secreto más oscuro de la guerra

Generalmente no traduzco artículos completos, pero considero que éste merece ser presentado en su totalidad. Se trata de un ensayo escrito por Will Storr para The Observer que no sólo explora un tema poco estudiado como la violación de hombres en conflictos armados, sino que también trata el rechazo institucional al que se enfrentan las víctimas que buscan ayuda, especialmente hacia el final del artículo. Terminada la traducción comentaré algunos datos de utilidad para el debate.

La violación del varón: el secreto más oscuro de la guerra

Will Storr

The Observer, sábado 16 de julio de 2011

La violacion del varon 1

Muriendo de vergüenza. Una víctima de violación congoleña que actualmente reside en Uganda. La esposa de este hombre lo abandonó, incapaz de aceptar lo que había pasado. Él intentó suicidarse a finales de año. Fotografía de Will Storr para The Observer.

De todos los secretos de la guerra, hay uno que está tan bien guardado que sólo existe como rumor. Es normalmente negado tanto por el agresor como por su víctima. Gobiernos, organizaciones humanitarias y defensores de los derechos humanos en Naciones Unidas apenas reconocen su existencia. Y sin embargo de cuando en cuando alguien reúne el coraje para contarlo. Esto es lo que ocurrió una tarde corriente en la oficina de una atenta terapeuta en Kampala, Uganda. Durante cuatro años Eunice Owiny había trabajado para el Proyecto de Ley de Refugiados de la Universidad de Makere con el fin de ayudar a desplazados de toda África a tratar sus traumas. Este caso en particular, sin embargo, era desconcertante. Una clienta estaba experimentando dificultades maritales. “Mi marido no puede mantener relaciones sexuales” se quejó. “Se siente muy mal por ello. Estoy seguro de que me oculta algo”.

Owiny invitó al marido a su consulta. Por algún tiempo no lograron mucho. Entonces Owiny pidió a la esposa que se marchara. El hombre murmuró entonces, crípticamente: “me pasó a mí”. Owiny frunció el ceño. Su paciente había metido la mano en el bolsillo para sacar una vieja almohadilla sanitaria. “Mama Eunice” dijo. “Me duele mucho. Tengo que usar esto”.

Tras dejar la almohadilla cubierta de pus en el escritorio frente a él, reveló su secreto. Durante su huida de la guerra civil en el vecino Congo, se había separado de su mujer y terminó siendo secuestrado por rebeldes. Sus captores lo violaron, tres veces al día, cada día por tres años. Y no fue el único. Había contemplado como hombre tras hombre otros eran apartados y violados. Las heridas de uno resultaron tan severas que murió en una celda frente a la suya.

“Fue difícil de aceptar” me dice hoy Owini. “Hay ciertas cosas que simplemente no crees que puedan pasarle a un hombre, ¿me entiendes? Pero ahora sé que la violencia sexual contra los hombres es un enorme problema. Todo el mundo ha escuchado las historias de las mujeres, pero nadie ha escuchado las de los hombres”.

No es sólo en África Oriental donde estas historias permanecen sin ser escuchadas. Una de las pocas académicas que ha estudiado el asunto con un mínimo de detalle ha sido Lara Stemple, del Proyecto de Ley sobre Salud y Derechos Humanos de la Universidad de California. Su estudio Violación del varón y derechos humanos hace referencia a incidentes de violencia sexual masculina como arma de guerra o agresión política en países como Chile, Grecia, Croacia, Irán, Kuwait, la antigua Unión Soviética y la ex-Yugoslavia. El 26% de los varones de Sri Lanka que fueron tratados en el centro para tratamientos de tortura de Londres denunciaron abusos sexuales ocurridos mientras estaban detenidos. En El Salvador, el 76% de los presos políticos varones encuestados en 1980 describieron al menos un incidente de tortura sexual. Un estudio sobre los 6.000  prisioneros de los campos de concentración en Sarajevo reveló que el 80% de los hombres declaró haber sido violado.

Vine a Kampala para escuchar las historias de unos pocos valientes que acordaron hablar conmigo: una rara oportunidad para explorar este asunto, controvertido y profundamente tabú. En Uganda, los supervivientes [víctimas de violación] corren el riesgo de ser arrestados por la policía, quien probablemente asumirá que son homosexuales –un crimen en este país y en 38 de las 53 naciones africanas–. Probablemente serán excluidos por sus amigos, rechazados por la familia y enviados de vuelta a casa por Naciones Unidas y las innumerables ONGs internacionales que se encuentran equipadas, entrenadas y listas para ayudar a mujeres. Están heridos, aislados y en peligro. En palabras de Owiny “son despreciados”.

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