Cómo la prensa distorsionó los resultados de un estudio de género

Hace unos días se publicaron los resultados del estudio Percepción de la violencia de género por la adolescencia y la juventud, realizado por Verónica de Miguel Luken y publicado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. El diario El País plasmó su interpretación en el siguiente titular: “Una de cada tres jóvenes considera aceptable que su pareja la controle”, mientras que El Mundo publicó otro diferente: “Uno de cada tres jóvenes considera inevitable controlar a su pareja”. Pese al neutro “jóvenes”, el cuerpo de este último artículo aludía específicamente a los varones.

Guiándonos sólo por lo que afirman estos diarios, pensaríamos que el estudio preguntó a los hombres sobre lo aceptable de controlar a sus parejas y a las mujeres sobre lo aceptable de ser controladas. Independientemente de a quién preguntaran, el control sería unidireccional del hombre hacia la mujer. El problema, sin embargo, es que no fue así.

Veamos la pregunta que hizo el estudio:

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Los hombres desempleados no son Betty Friedan

Recientemente apareció en la bitácora Números Rojos del diario Público un artículo sobre los hombres desempleados con el título “Hombres privilegiados, hombres expropiados”. El ensayo analizaba el impacto del desempleo masculino desde la perspectiva de género, algo poco habitual en unos medios que con frecuencia sólo utilizan dicho ángulo cuando se trata de mujeres. Pese a las buenas intenciones de la autora y algún que otro acierto, sin embargo, el texto revela claramente las carencias del marco teórico feminista para analizar los problemas de los varones. Comencemos.

El artículo señala en su cabecera:

Desde hace unos años cada vez un mayor número de hombres asiste a la consulta médica aquejándose de los mismos malestares que las mujeres llevan presentando décadas: depresión, ansiedad, pensamientos suicidas… Un equipo médico no creyó que fuera casualidad y decidió formar un grupo con el que tratar estos síntomas. La crisis, con el paro desbordante, estaba cuestionando el papel que el patriarcado le ha otorgado históricamente al hombre: el de trabajador y proveedor de recursos. Se abre un nuevo ángulo para defender la igualdad.

El problema de esta premisa es que no está hablando de las mujeres en general, sino de un grupo en particular: las amas de casa blancas y de clase media-alta estadounidenses de los años 50, que no se sentían realizadas con su estilo de vida. El grupo del que hablaba Betty Friedan:

¿Recuerdan haber visto la película de Las horas? En una impecable cocina norteamericana de los años 50, llena de electrodomésticos último modelo, acompañábamos al personaje de Laura Brown (interpretado por Julianne Moore) a la contención de un llanto angustioso. Pero ¿quién podría llorar en una cocina tan maravillosa? (…).

Esa depresión a la que nadie encontraba sentido, esa generación de mujeres aisladas, insatisfechas con las flamantes cocinas donde, se supone, debían alcanzar sus más altas expectativas, tuvo su voz con Betty Friedan, teórica y líder feminista que en 1963 publicó Mística de la feminidad donde hablaba, por fin, del ‘problema que no tiene nombre’. Un alegato que venía a revelar que, por muy felices que pudieran aparecer en las revistas femeninas, las mujeres -que presentaban depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, un cuadro ‘típicamente femenino’- querían algo más que vivir por y para cuidar de su familia.

Y ahora veamos qué se dice de los varones:

En los últimos años los profesionales médicos han visto cómo las consultas se han llenado de hombres, los cuales nunca antes habían asomado el bigote por allí. Hablan de depresión, ansiedad, insomnio, pensamientos suicidas y toda una ristra de síntomas ‘típicamente femeninos’. Les cuesta trabajo llegar hasta allí, se encuentran mal y no saben qué les pasa. Pero las pastillas no resuelven el problema.

El resto del ensayo continúa con dicha comparación y analiza el impacto del desempleo en la autoestima del hombre al destruir su papel tradicional como proveedor. Sin embargo, el problema más obvio no aparece en ningún momento: la ruina económica que el desempleo trae a la mayoría de hombres y sus familias.

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¿Merece la pena publicar un libro?

Algunos lectores me han preguntado si he pensado alguna vez en escribir un libro sobre los temas que planteo en esta bitácora. El blog morirá en cuanto deje de publicar, mientras que un libro tendría una vida más duradera.

Reconozco que la idea es atractiva, pero con unas 500 visitas diarias y poco menos de 400 seguidores en Facebook me pregunto si habría suficiente público para justificar el considerable esfuerzo que conlleva.

Decidí escribir una introducción para que ustedes valoren. No he incluido hipervínculos esta vez porque todo el texto sería azul y las fuentes han sido citadas múltiples veces aquí. Dejo también una encuesta al final para quienes prefieran no opinar en la sección de comentarios.

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La Organización Internacional del Trabajo abole finalmente el trabajo forzado masculino, pero…

En julio del año pasado contábamos en este blog que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) todavía no había abolido el trabajo forzado para los hombres. El convenio sobre trabajo forzoso de 1930 admitía en su artículo 11 la posibilidad de que se ejerciera sobre varones entre 18 y 45 años, aunque la de 1957 impuso restricciones adicionales. El mantenimiento del trabajo forzado obedecía a que se daba un plazo a los países para ir eliminándolo gradualmente en un período de transición que sería de cinco años (artículo 1.3.).

Pues bien, dicha transición terminó oficialmente en junio de 2014, pasados ya 84 años desde la convención original, aunque el texto no se haría público hasta meses más tarde (cuando escribí mi crítica en julio, el nuevo protocolo no había sido publicado).

Por supuesto todavía hay excepciones a este trabajo forzado, notablemente el servicio militar obligatorio o su prestación sustitutoria. Sin embargo, las excepciones no discriminan por razón de sexo, aunque los Estados a menudo sí lo hacen en su implementación.

El protocolo de 2014 a la convención de 1930 declara:

Tomando nota de que ha expirado el período transitorio previsto en el Convenio, y de que las disposiciones del artículo 1, párrafos 2 y 3, y de los artículos 3 a 24 ya no son aplicables (…). Se suprimen las disposiciones transitorias del artículo 1, párrafos 2 y 3, y de los artículos 3 a 24 del Convenio (artículo 7).

Recuerden que el artículo 11, finalmente suprimido, era el que autorizaba el trabajo forzado para los varones. Se trata, en resumen, de una significativa victoria en la lucha por la igualdad de género. Una de la que curiosamente no han informado los medios. Y esto es crucial porque hasta ahora ningún país ha ratificado el nuevo protocolo. Desde aquí pido, pues, que se informe a los representantes políticos para que ratifiquen este nuevo aspecto de una convención a la que en su momento se sumaron numerosas naciones.

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Racismo y misandria: las similitudes de sus discursos

Como este tipo de artículos tienden a ser malinterpretados, quiero dejar claro que no estoy comparando la situación de los varones con la de las minorías raciales. Tampoco pretendo decir que el efecto de los discursos antimasculinos sea comparable al de los discursos racistas, como los horrores de la Historia demuestran (genocidios, linchamientos, segregación, esclavitud, etc.), aunque no por ello dejan de ser un asunto grave. Lo que quiero señalar son sencillamente las similitudes que he encontrado en los discursos de quienes albergan prejuicios hacia ambos grupos (que obviamente no son excluyentes) y por qué son importantes.

A buen seguro que en algunos de los puntos sobre estereotipos masculinos, particularmente en lo que respecta a la violencia y el crimen, alguien dirá “¡Pero es verdad!”. A ello he de decir que si bien es cierto que la mayor parte del crimen violento, por ejemplo, es cometido por varones, sólo una minoría de los mismos  (alrededor del 2%) participa en este tipo de delitos. El estereotipo consiste justamente en la incapacidad de realizar esta distinción.

Hechas las aclaraciones, pasemos a ver el tipo de discursos que describen tanto a hombres como a minorías raciales. La comparación la realizaré en casi todos los casos con la minoría afroamericana, sobre la que existe una gran información y literatura. A continuación desarrollaremos los siguientes puntos:

  1. Criminales
  2. Violentos
  3. Responsables de su propio sufrimiento
  4. Violadores
  5. Moralmente inferiores
  6. Intelectualmente inferiores
  7. Animales
  8. Salvajes
  9. Una carga para la sociedad
  10. Viviríamos mejor sin ellos

Al final del artículo encontrarán una lista con el perfil de las personas que se citan en cada apartado.

1. Criminales

Una de las acusaciones más comunes hacia las minorías raciales son sus elevados niveles de crimen comparados con la población mayoritaria. Es el caso de Estados Unidos, donde la minoría negra comete más de la mitad de todos los crímenes violentos. Sin embargo, anualmente sólo un  1% de la población negra es responsable de estos delitos. 2% si contamos únicamente a los varones, según Tim Wise. Los racistas, sin embargo, jamás mencionan este segundo dato y prefieren centrarse sólo en el primero. ¿Pasa algo parecido con los varones? Veamos:

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