Hacia una nueva historia de las relaciones de género

Muchas discusiones sobre temas de género han terminado con la invocación de un pasado en el que la mujer ha sido explotada y oprimida consistentemente por el varón, llevando a la necesidad de realizar enmiendas en el presente a fin de rectificar la histórica injusticia. Este discurso sobre el pasado en no pocas ocasiones desemboca también en actitudes revanchistas, ¿pero hasta qué punto es cierto?

Nuestro artículo presentará un modelo alternativo para explicar los aspectos más discutidos en la historia de las relaciones de género y poner en contexto el sufrimiento tanto masculino como femenino que emana de sus roles. Antes de comenzar, sin embargo, quiero clarificar algunas cosas:

Lo que voy a presentar es un modelo que se nutre de escritos realizados por historiadores y antropólogos. Todo lo que verán aquí ya se ha dicho con anterioridad. Mi único mérito es hilarlo todo y presentarlo como alternativa.

No debe entenderse como una teoría, sino como un conjunto de explicaciones. Dichas explicaciones, por supuesto, no equivalen necesariamente a justificaciones.

Como la variabilidad cultural ha sido inmensa a lo largo del tiempo y el espacio, este modelo no es aplicable a todas las sociedades pasadas o presentes (de hecho ningún modelo lo es), pero sí para las más extendidas.

Continuando con el punto anterior, no debe entenderse el esquema que voy a presentar como inevitable. Los factores que señalaré no siempre producen los mismos resultados, dependiendo del contexto. Intento señalar, sin embargo, que cuando se producen no nacen necesariamente por el deseo de dominar o controlar a la mujer.

Del mismo modo, podemos considerar este escrito como un resumen muy simplificado, donde inevitablemente se van a perder cientos de matices. Se trata de temas que todavía siguen siendo objeto de discusión y sobre los que se podrían escribir volúmenes. Lo que presento aquí es la explicación más plausible pero ha de considerarse, eso sí, como un esqueleto que iremos rellenando con futuras aportaciones, incluyendo las realizadas en la sección de comentarios.

Para no hacer un artículo excesivamente largo, voy a referirme también a otras entradas que he escrito sobre temas históricos en este blog. Pueden leer los textos citados si quieren más detalles.

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La violencia doméstica en Castilla durante la Baja Edad Media

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En este artículo recojo los fragmentos que me han parecido de mayor interés en la conclusión de la tesis doctoral “Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media” (p. 326-334), escrita por María Sabina Álvarez Bezos. El texto excluirá otras formas de violencia doméstica y se centrará en la sufrida por las mujeres.

Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media

María Sabina Álvarez Bezos

Conclusiones

Al comienzo del trabajo manifestamos que nuestra pretensión era la de demostrar, si nos era posible, a través de las fuentes documentales, cómo la mujer no sólo ha sido víctima de los malos tratos a lo largo de la historia, sino que también ha sido protagonista de su propia historia, en el sentido de que ha luchado por su libertad y por su dignidad. No es justo seguir definiéndola como un mero objeto pasivo de la sociedad. Creemos que los documentos con los que hemos trabajado permiten contradecir cualquier idea referente a que pudieran haber sido personas indefensas, sin posibilidad de levantar su voz para expresarse contra las situaciones que las degradaban, o las convertían en esclavas de una sociedad masculinizada. Al contrario las muestran actuando con voluntad y voz propia (…).

Con el trabajo de archivo realizado, hemos localizado un buen número de documentos que nos han servido para confirmar nuestra hipótesis de que las mujeres eran mucho más litigantes de lo que en principio cabría esperar (…).

Todos estos documentos demuestran además que las mujeres eran escuchadas por la justicia y que se tomaban las medidas oportunas para resolver los casos.

En las incitativas, y a modo de ejemplo, son los propios reyes quienes, a petición de parte y a modo de gracia y merced, se dirigen a las autoridades competentes para que actúen con prontitud en la investigación de numerosas acusaciones de violencia ejercida sobre cualquier mujer denunciante, con el fin de que, en el caso de resultar ciertas, condenen a los agresores, para reparar los daños causados.

En los emplazamientos, y también a modo de ejemplo, el demandado es citado, con señalamiento del plazo, para que se presente ante los monarcas y su Consejo, a fin de poder ejercitar su defensa de las acusaciones recibidas por haber delinquido, o por haber agredido a la mujer que le ha denunciado, lo que hoy, a través de su lectura, nos permite conocer los casos de violencia que buscaban resolver.

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Las víctimas civiles en Afganistán: cómo Naciones Unidas discriminó a los hombres… otra vez

Afghanistan

Recientemente apareció en el diario El País una noticia titulada “La escalada de violencia en Afganistán se ceba con los niños y mujeres”. El artículo, que trata sobre las víctimas civiles en los seis primeros meses del año 2015, no hacía una sola mención a los hombres, proyectando la errónea idea de que la mayoría de las víctimas civiles fueron mujeres y niños. Como veremos más tarde, sin embargo, los varones adultos constituyeron el 70%.

Como El País tiene una cobertura bastante sesgada de los temas de género (en la misma línea que otros periódicos nacionales españoles), decidí echar un vistazo al informe original de la ONU. Allí descubrí que la noticia de El País no había hecho más que seguir la fórmula de este documento: el número de varones adultos que fueron bajas civiles no se menciona de forma explícita ni una sola vez. Tampoco su porcentaje.

Encontramos secciones dedicadas a mujeres y niños (empleo aquí el masculino genérico), pero no hay nada sobre los problemas o peligros a los que se enfrentan los hombres. Todo esto pese a que varios académicos han denunciado que los hombres civiles se encuentran en una situación de vulnerabilidad justamente por razón de sexo: ambos bandos consideran que los varones en edad de combatir son posibles activos a utilizar para su propio bando o potenciales enemigos que en cualquier momento pueden empuñar las armas, y se les asesina muchas veces de forma preventiva. La ONU, sin embargo, no tiene una sección para ellos. Sólo considera como colectivos vulnerables a mujeres y niños, pese a constituir un 30% de las víctimas.

La forma en que descubrí el porcentaje real lo dice todo: tuve que sumar el número de niños asesinados (320, p. 5) y el de mujeres asesinadas (164, p. 5), ambos señalados de forma explícita, y restarlo del total de bajas civiles (1.592, p. 1). El porcentaje es de un 69,6%, que he redondeado al 70% para simplificar.

Examinando el informe de 2014, que cubre los doce meses, descubrí que nuevamente se habían invisibilizado los asesinatos de varones adultos, cuyos números o porcentajes no se señalan de forma explícita. Esta vez el total de bajas fue de 3.699 (p. 1), con 298 mujeres (p. 3) y 714 niños (p. 4). El porcentaje de varones adultos fue del 72%.

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