Teoría de la violencia propietaria materna, o como fabricar un modelo similar al de la violencia de género para las relaciones entre madres e hijos

En el pasado he señalado mi desacuerdo con la teoría de la violencia de género (conocida cada vez más como “violencia machista”) por considerar que en la mayor parte de los casos no está probado que la violencia ejercida obedezca a motivos de género. Con ello no quiero decir que no puedan darse casos, sino que probablemente constituyen una fracción del problema.

D.G. Dutton y T. Nichols, entre otros investigadores, afirman que hay diversas causas de la violencia en la pareja que son comunes a hombres y mujeres, por ejemplo: psicopatologías, dependencia emocional, incapacidad para controlar la agresividad, alcoholismo, déficit de habilidades sociales, lesiones en la cabeza, correlatos bioquímicos, disposición mental, sensación de impotencia, falta de recursos, estrés, historial familiar (violencia experimentada en la infancia, por ejemplo). Y a todas ellas yo añadiría una más: depresión, que puede desembocar en comportamientos abusivos e incluso violencia, y donde el alcoholismo suele ser un síntoma y no una causa.

Dutton, D.G. & Nicholls, T. (2005) “The gender paradigm in domestic violence research and theory: The conflict of theory and data.” Aggression and Violent Behavior, 10 , (6), 680 – 714. [Enlace]

Por supuesto existen otros reparos, como el hecho de que hombres y mujeres cometen un número similar de agresiones en las relaciones de pareja e inician la violencia en proporciones parecidas, como muestra una revisión de la literatura sobre este tema. La discrepancia de muerte y heridas graves entre los sexos, por tanto, podría explicarse por la diferencia de fuerza física entre hombres y mujeres.

En esta entrada fabricaré un modelo teórico similar al de la violencia de género pero centrado en el maltrato de la madre hacia los hijos (de ambos sexos). La intención no es en ningún caso dar validez a esta teoría artificial, sino utilizarla para poner de relieve la debilidad de ambas al basarla en presupuestos ideológicos similares. No deben considerar, por tanto, que yo crea en esta teoría, aunque la presentaré con fuentes fiables y argumentos igual de razonables para que la comparación sea justa.

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Multiculturalismo sin hombres, o como el progresismo social abrió camino a la extrema derecha

Esta entrada no tiene como objetivo debatir si el multiculturalismo es bueno, malo u otra cosa para las sociedades, algo que constituye un tema separado. Lo que discutiremos aquí son las contradicciones difundidas por los medios y sectores progresistas que pretenden humanizar al inmigrante al tiempo que deshumanizan a los hombres no occidentales. Clarifico también que cuando uso el término “progresista”, en referencia a las relaciones sociales, englobo no sólo la izquierda, sino también a sectores de la derecha económicamente liberales pero socialmente progresistas (de ahí las referencias al diario El Mundo), si bien es cierto que la izquierda domina la conversación en este área.

Hace poco el diario Público mostraba su indignación con un artículo titulado: “Prohibido tocar a las mujeres”: el racista manual alemán para “civilizar” inmigrantes.

Esta indignación por el trato injusto a los inmigrantes, donde se identifica a sus elementos criminales con todo el colectivo, desaparece misteriosamente cuando se habla de los hombres en sus países de origen. Mientras criticaban este particular asunto, en el mismo diario se podía leer lo siguiente sobre la ablación del clítoris (el resaltado es mío):

La MGF es una práctica cultural, una convención social, que se ha perpetuado en el tiempo por la presión interna de algunas comunidades. En última instancia, una violación de los Derechos Humanos, una forma de violencia de género facilitada por estructuras sociales patriarcales y sexistas, exacerbada por la pobreza y el aislamiento, una forma de control social de las mujeres, una agresión gratuita que se asienta en mitos y falacias transmitidas de generación en generación.

Ya vimos en nuestra bitácora que esta práctica es intrafemenina, basada en una multiplicidad de creencias erróneas, y que no puede en ningún caso describirse como violencia del hombre a la mujer, siendo estas últimas quienes la perpetúan pese a los intentos de sus gobiernos por erradicarla.

Ahora bien, si yo no sé nada de esto, lo que voy a preguntarme (bajo esta falsa premisa) es “¿por qué tenemos que recibir en mi país a hombres tan crueles y violentos, capaces de ordenar la mutilación de sus propias hijas o esposas para poder controlarlas mejor?”.

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