El tratamiento sesgado de la salud y la esperanza de vida de hombres y mujeres

Este artículo ha sido escrito por nuestro comentarista habitual Murphy, autor de la bitácora Si eres hombre, eres culpable.

Miles de años de vida de mujeres en todo el mundo se pierden por muertes evitables. Esos años de vida perdidos son, además, años de vida “saludables”, pues en la mayoría de los casos esas muertes ocurren cuando las mujeres disfrutan aún de buena salud. “Estamos perdiendo un caudal inmenso de trabajo, de creatividad, de aportación a la sociedad al perder esos años de vida” afirma una experta.

Las sociedades del mundo entero siguen fallando a la mujer en el momento clave de su vida: cuando se enfrenta a la muerte. Ésta es la conclusión a la que llegan los últimos estudios de organizaciones internacionales, a la vez que se exhorta a actuar más allá del ámbito sanitario para incrementar la esperanza de vida de las mujeres. En la actualidad, la inequidad de género en mortalidad es una cuestión con muchos frentes abiertos.

La esperanza de vida de hombres y mujeres es diferente, pero además desigual.

A pesar de que la salud de la mujer es mayor que la del hombre, “millones de mujeres continúan muriendo por causas en la mayoría de los casos evitables” afirma otra experta. La mejor salud de la mujer entraña riesgos y asistencia específicos. De forma general, las mujeres se enfrentan a situaciones mortales con más frecuencia que los hombres, una diferencia que se acentúa en los países en vías de desarrollo, donde las diferentes condiciones de vida provocan que los índices de mortalidad sean más elevados, específicamente en los años reproductivos y en la tercera edad.

En estos países, la alta incidencia de precariedad laboral, conductas de riesgo, escasa prevención frente a accidentes y suicidios o la alta prevalencia de enfermedades de transmisión sexual y especialmente VIH son factores agravantes de la desigual tasa de mortalidad de las mujeres.

El deterioro del bienestar psicológico femenino también es preocupante, aunque esta variable no aparece en ningún informe. Según la OMS, el suicidio es una de las causas principales de muerte en las mujeres en todas las edades.

Los trastornos mentales tienen asimismo una alta incidencia en las mujeres, lo que no las incapacita para seguir siendo explotadas laboralmente. Los escasos estudios sobre estos trastornos se centran en culpabilizar a las mujeres por su escaso aprecio por su propia vida y el abuso de diferentes sustancias, como el alcohol. Los desórdenes mentales, enfermedades laborales, accidentes, suicidios y muertes no sólo impactan en la mujer, a la cual se hace responsable, si no a todos sus allegados, principalmente a la familia dependiente.

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