Es hora de escribir el libro

Llegó la hora de ponerme a escribir el libro. La primera fase es pasar todas las citas de la bitácora a formato MLA, que me llevará un tiempo pero con ciertas aplicaciones será más fácil que hacerlo manualmente.

Seguiré aprobando y respondiendo comentarios aquí, pero no habrá contenido nuevo por un tiempo. En lo que respecta a la página de Facebook, los moderadores seguirán publicando contenido cuando les sea posible y mi participación también será esporádica.

Confío en que merecerá la pena tener una referencia bibliográfica como ésta en español. Gracias a todos por su paciencia.

Los hombres deberían expresar sus sentimientos y hablar de sus problemas… o mejor no

Nota previa. La incapacidad o imposibilidad de mostrar los propios sentimientos puede ser gravemente perjudicial, y también soy partidario de que los hombres puedan expresarlos. Sin embargo, no considero que la masculinidad tradicional sea la gran culpable de esto, sino más bien la imposición inflexible de este modelo. Hay muchos hombres que se sienten cómodos con él, prefieren guardar sus sentimientos (o una parte) para sí mismos y sienten un mayor autocontrol como resultado. No hay nada de malo en ello, como no lo hay en lo contrario, siempre que el modelo de masculinidad a seguir sea fruto de la elección personal y no se imponga a otros.

UN Women's HeForShe Campaign Special Event

Empecé a cuestionar los supuestos de género a los ocho años (…) Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos (…) He visto a hombres jóvenes que padecen una enfermedad mental y no se atreven a pedir ayuda por temor a parecer menos “machos”. De hecho, en el Reino Unido el suicidio es lo que más mata a los hombres de entre 20 y 49 años de edad, mucho más que los accidentes de tránsito, el cáncer o las enfermedades coronarias. He visto hombres que se han vuelto frágiles e inseguros por un sentido distorsionado de lo que es el éxito masculino. Los hombres tampoco gozan de los beneficios de la igualdad.

Discurso de Emma Watson en Naciones Unidas, 20 de septiembre de 2014

La dificultad de los hombres para expresar sus sentimientos ha sido enarbolada por el feminismo para indicar a los varones que esta ideología también se preocupa por sus problemas. Y aunque por supuesto hay algunas personas en este movimiento que realmente lo hacen, no puedo sino concluir que esta preocupación por los sentimientos del hombre, en la mayoría de los casos, no es realmente sincera. De hecho, que sea la mayor preocupación feminista en torno al sufrimiento masculino proyecta la impresión de que los problemas del hombre son principalmente internos, y que un cambio de actitud es todo lo que necesita.

Para empezar hemos de preguntarnos, ¿cuántos estudios o encuestas de género, preguntan a los hombres por sus problemas? En el pasado hemos revisado un estudio que, por ejemplo, preguntaba a la mujer si había sido agredida por su pareja (p. 135), y al varón si había agredido a su pareja (en lugar de si él mismo había sido agredido, p. 139).

También recordamos el informe del Foro Económico Mundial donde utilizaron una metodología que ocultaba los problemas masculinos (p. 4-6):

El tipo de escala escogida determina si el índice recompensa el “empoderamiento femenino” o la “igualdad de género”. Para capturar la “igualdad de género” dos posibles escalas fueron tomadas en consideración. Una era la escala “positiva-negativa”, capturando el tamaño y la dirección de la brecha de género. Esta escala esencialmente penaliza tanto las ventajas de los hombres sobre las mujeres como las ventajas de las mujeres sobre los hombres, y da los máximos puntos a la igualdad absoluta. La segunda era una escala “unidireccional” que mide lo cerca que están las mujeres de alcanzar la paridad con respecto a los hombres pero no recompensa o penaliza a los países por tener una brecha de género en la otra dirección. Por tanto no recompensa a los países por haber excedido el punto de referencia de la igualdad. Consideramos que la escala unidireccional es más apropiada para nuestros propósitos.

Hay muchos otros ejemplos, como la inexistencia de macroencuestas a nivel nacional o regional sobre problemas masculinos, que sí hay para preguntar a las mujeres sobre violencia doméstica. Aunque quizá donde vemos más claro que al hombre no se le pregunta ni se le escucha es en los medios de comunicación (donde de hecho se le vilifica con frecuencia) como recogí en artículos anteriores:

Sesgo mediatico

Podemos concluir que en comparación con la mujer, al hombre no se le pregunta por sus problemas, algo que ya nos ofrece una pista sobre lo que realmente importan sus sentimientos.

Ahora bien, aunque no le pregunten, cuando el varón expresa sus sentimientos y habla de sus problemas, ¿se le escucha?

En el ya conocido artículo La discriminación masculina en 51 memes, pese a ser un simple bloguero que escribe en su tiempo libre, conseguí recopilar más problemas masculinos que todo el feminismo junto a lo largo de su historia (y quien no lo crea, le invito a que me pruebe equivocado). Cuando expresé mi frustración con esa invisibilidad desde una perspectiva de género en el álbum donde aparecieron originalmente, ¿cuáles fueron la reacciones?

En este artículo voy a recoger tres comentarios negativos por cada meme. Absolutamente todos provienen de mujeres (o perfiles aparentemente femeninos). La razón por la que he escogido sólo comentarios femeninos no es porque crea que las mujeres sean el principal problema. La cantidad y calidad de comentarios positivos y negativos hacia los memes ha sido similar en ambos sexos, e incluso ha habido algunas feministas que han mostrado su apoyo.

Sin embargo también he recibido ataques organizados desde este colectivo. En la primera imagen podemos ver el organizado por un hombre. En la segunda, una mujer utiliza el insulto de un comentarista para intentar cerrar la página.

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Como señalé anteriormente, la cantidad y calidad de comentarios positivos y negativos no ha sido muy diferente por sexo. La razón por la que me centro en las mujeres es otra: mostrar que el discurso “los hombres deben poder expresar sus sentimientos” tiende a centrar toda la responsabilidad en el hombre, y parece asumir que sólo ellos son el problema. Un ejemplo lo tenemos en el artículo de Michael Kaufman “Los hombres, el feminismo y las experiencias contradictorias de poder entre los hombres”. Allí encontramos fragmentos que señalan el ansia de poder masculino como responsable del proceso (p. 8, el resaltado es mío):

En términos más concretos, la adquisición de la masculinidad hegemónica (y la mayor parte de las subordinadas) es un proceso a través del cual los hombres llegan a suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades, tales como el placer de cuidar de otros, la receptividad, la empatía y la compasión, experimentadas como inconsistentes con el poder masculino. Tales emociones y necesidades no desaparecen; simplemente se frenan o no se les permite desempeñar un papel pleno en nuestras vidas, lo cual sería saludable tanto para nosotros como para los que nos rodean. Eliminamos estas emociones porque podrían restringir nuestra capacidad y deseo de autocontrol o de dominio sobre los seres humanos que nos rodean y de quienes dependemos en el amor y la amistad. Las suprimimos porque llegan a estar asociadas con la feminidad que hemos rechazado en nuestra búsqueda de masculinidad.

La realidad, sin embargo, es que de nada sirve poder expresar los sentimientos si no hay nadie al otro lado que quiera escuchar. Y eso incluye tanto a hombres como a mujeres. Un discurso sobre expresión de sentimientos que no incorpore a ambos sexos sólo termina culpabilizando al hombre por su silencio, aunque afirme desear lo contrario.

En lo que corresponde a los memes, verán que la mayoría de las reacciones aquí enumeradas pueden resumirse en:

  1. Culpar a los propios hombres
  2. Redirigir la atención a los problemas que sufren las mujeres para minimizar el sufrimiento masculino
  3. Negar los datos consultados sin consultar las fuentes

Aunque no los he recogido, también hay numerosos llamamientos a “preocuparnos por los problemas de todos” que rara vez encuentro cuando se habla de problemas específicamente femeninos.

No he respondido a cada comentario porque las respuestas a estas objeciones ya fueron sobradamente respondidas en la sección de contraargumentos, y el artículo “Pero son otros hombres los que hacen eso… una forma hipócrita de silenciar debates de género”, entre otros, aunque he realizado algunas observaciones que encontrarán entre corchetes.

Sin más dilación les dejo con la galería de los horrores. Todas las faltas de ortografía pertenecen a las autoras de los comentarios.

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