Deshumanizando al varón (fragmento). La integridad genital

Esta entrada corresponde al capítulo “El hombre y el sexo” del libro Deshumanizando al varón, disponible en Amazon.es y Amazon.com (Latinoamérica).

La circuncisión constituye un microcosmos de las múltiples barreras internas y externas instaladas por la narrativa de género para minimizar y excluir los problemas del varón. Dichas barreras no se basan en el conocimiento, sino en prejuicios fuertemente instalados que se sustentan no sólo en una inclinación a infravalorar el sufrimiento masculino, sino en la desinformación que se filtra desde instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud hasta el ciudadano por medio del periodismo. El doble estándar en cuanto al rechazo de los cortes masculino y femenino arroja así luz sobre los múltiples obstáculos que a menudo nos encontramos para tratar otros problemas del varón.

Aunque habría sido preferible valorar la circuncisión masculina por sus propias características sin hacer referencia a la femenina, a menudo se utiliza esta última para minimizar o despreciar la primera. Es necesario, por tanto, desterrar algunos mitos que surgen de la comparación entre ambas. A continuación trataré la severidad de ambos cortes, su letalidad, su uso para represión sexual, la supuesta imposición masculina (incluyendo la negativa al matrimonio) y el impacto para la salud, sin olvidar el trato mediático diferenciado que experimentan ambas.[1]

Un problema a la hora de comparar las circuncisiones masculina y femenina es que ninguna de ellas es monolítica. Abu-Sahlieh Aldeeb describió las distintas modalidades para ambos sexos:

Hay cuatro niveles de gravedad en la circuncisión femenina: extirpación del prepucio, extirpación del prepucio y de parte, o de todo, el clítoris, extirpación del prepucio y de parte, o de todo, el clítoris con extirpación parcial o total de los labios menores, extirpación de parte o de la totalidad de los genitales externos con sutura de los mismos y la consiguiente estrechez de la abertura vaginal. Este último grado, llamado infibulación, afecta entre el 15% y el 20% de las mujeres circuncidadas. La circuncisión femenina, en cualquiera de sus cuatro grados, es practicada anualmente en cerca de dos millones de mujeres, fundamentalmente africanas y musulmanas (…).

La circuncisión masculina también se puede dividir en cuatro niveles de gravedad: extirpación parcial o total de la piel del pene que sobresale del glande (llamada prepucio), extirpación del prepucio y del revestimiento interno del mismo (tal y como la practican los judíos), extirpación total de la piel del pene y, a veces, del escroto y del pubis (practicada por algunas tribus de África y Arabia del sur), y abrir el conducto urinario desde el escroto hasta el glande, de modo que se crea una abertura que semeja la vagina femenina. Llamada subincisión, este tipo de circuncisión se practica todavía por los aborígenes australianos. La circuncisión masculina, en cualquiera de sus cuatro variedades, se practica en unos trece millones de niños cada año, fundamentalmente musulmanes y judíos.[2]

Si bien el tipo más extremo de la circuncisión femenina (el menos frecuente, con un 10% de los casos según la OMS)[3] es más atroz que cualquier modalidad masculina, los tipos III y IV de la circuncisión masculina son más graves que los tipos femeninos I y II, aunque también mucho menos prevalentes. Ello no quiere decir, sin embargo, que las modalidades menos agresivas sean necesariamente menos lesivas o letales. Por ejemplo sólo en la Provincia Oriental del Cabo (Sudáfrica) desde 1995 hasta 2015 han muerto 969 varones[4] en rituales de circuncisión que podríamos denominar “clásica” o de tipo II. Según Dr. Dingeman J. Rijken hay otros fallecidos que no recogen las estadísticas, y el número de penes amputados se calcula que dobla al de muertes.[5] No olvidemos también la incluso mayor cantidad de infecciones, que pueden llevar a deformidades del pene.[6]

La OMS incluye en su clasificación de la circuncisión femenina una categoría que no recoge Aldeeb y a la que denomina tipo IV, que engloba “todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital,”[7] es decir, aquellos que no extraen tejido.[8] Algunos de los procedimientos en esta categoría son menos severos que cualquier modalidad de circuncisión masculina,[9] y sin embargo se evalúan junto a las tres categorías restantes. Por el contrario, incorporar el corte de tejido sano genital en el varón a la misma conversación provoca un enorme rechazo. La diferencia en la severidad del corte, a la que se alude con frecuencia para desestimar la comparación, no parece ser el verdadero motivo, pues en tal caso incorporar el tipo IV junto a otros tipos de corte femenino provocaría la misma reacción.

Otros datos a considerar es que en prácticamente todos los grupos donde existe la circuncisión femenina existe la masculina,[10] y allá donde la femenina se realiza en condiciones no estériles, la masculina se realiza también. Del mismo modo, hay países donde la circuncisión femenina se realiza en hospitales y bajo supervisión médica, como Malasia, Indonesia o Egipto. Finalmente, donde existe la circuncisión masculina no existe necesariamente la femenina, caso de Estados Unidos, siendo esta última ilegal al contrario que ocurre en el caso del varón.

El que haya una discrepancia entre cómo se trata cada tipo de circuncisión es indudablemente cultural y político. Quienes sostienen que un caso es más grave que otro tienden a comparar la circuncisión masculina clásica realizada en hospitales con la variante más grave femenina en condiciones no estériles. Sin embargo, cuando situamos la práctica en un marco comparable, encontramos que los resultados no son los que cabría esperar. En Egipto, entre 2008 y 2016 murieron tres chicas a causa de este procedimiento,[11] mientras que en Irán, entre 2001 y 2010 murieron 38 niños varones por circuncisión.[12] Establezco esta comparación porque, además de carecer sobre datos de circuncisión masculina en Egipto, ambos países realizan las respectivas operaciones en hospitales y por razones culturales o religiosas, además de contar con una población comparable. Parece, pues, que no se puede justificar una diferencia de tratamiento si nos basamos en su peligrosidad.

El contraste de la reacción a los casos egipcio e iraní se encuentra principalmente en el eco mediático provocado por las muertes. Mientras que los niños varones iraníes sólo aparecen en un artículo académico, las noticias sobre Egipto fueron ampliamente difundidas e incluso Naciones Unidas se pronunció en dos de las tres muertes.[13] Para las 38 de Irán, o las ocurridas en cualquier otro país, la organización sólo ha ofrecido silencio.

Habrá quienes argumenten que el trato diferenciado no se debe a su severidad o letalidad, sino a su intención. En este caso la premisa parte de que la circuncisión femenina se realiza para controlar la sexualidad de la mujer. Lo cierto, sin embargo, es que como muchas prácticas culturales, las circuncisiones masculina y femenina han sido ejercidas por numerosos motivos y continuadas por la tradición, incluso cuando las razones originales quedaron atrás. Uno de los motivos menos conocidos en el caso de la primera es justamente el control de la sexualidad masculina.

Desde la Antigüedad hasta nuestros días se ha aprobado este procedimiento para reducir el deseo sexual y canalizar las energías del varón al servicio del grupo o comunidad. Por ejemplo Filón de Alejandría afirmó que Dios “suprimió los impulsos indebidos del varón bajo el signo de la circuncisión;” el judío Maimónides también diría que “la circuncisión simplemente contrarresta la lujuria excesiva;” el teólogo copto Ibn-al-Assal igualmente concluyó que “algunos médicos y distinguidos filósofos afirman que la circuncisión debilita la herramienta del placer, y que esto es unánimemente deseable;” incluso Tomás de Aquino, opuesto a la práctica, diría que “…tenía como meta disminuir la lujuria, que reside especialmente en estos órganos, debido a la intensidad del placer carnal.” Entre los juristas musulmanes, Ibn-Qayyim Al-Jawziyyah escribió: “nunca encontrarás hombres o mujeres no circuncidados que se sacien con el apareamiento” y Al-Mannawi concluiría que “si el prepucio es cortado, los glandes se endurecen y el placer se debilita. Esto se ajusta mejor a nuestra ley (…).”[14]

Estos argumentos para la circuncisión masculina pueden parecernos lejanos en el tiempo, pero no lo son. A mediados del siglo XIX el mundo anglófono reintrodujo esta práctica, abandonada en la Edad Media por la mayoría de los cristianos. Su propósito era el mismo: controlar la sexualidad masculina. Uno de sus partidarios más conocidos fue John Harvey Kellog, creador de los Corn Flakes:

Un remedio para la masturbación que casi siempre es efectivo en niños pequeños es la circuncisión. La operación debería efectuarse sin administrar anestesia, pues el breve dolor durante la operación tendrá un efecto beneficioso para la mente, especialmente si se conecta con la idea de castigo, como podría ser en algunos casos.[15]

Ernest G. Mark, E. Harding Freeland, Edward H. Dixon, Maximillian Landesburg, Mark J. Lehman y muchos otros doctores compartían creencias similares, incluyendo Jonathan Hutchinson, presidente del Colegio Real de Cirujanos de Inglaterra.[16] De hecho incluso se llegó a recomendar la circuncisión para todos los afroamericanos a fin de reducir o eliminar las violaciones por parte de los varones de este colectivo.[17] Eso no quiere decir, sin embargo, que la operación sea efectiva para tal fin, sino que así se creía. En el caso de la circuncisión masculina la mayoría de los estudios no parecen apoyar esta tesis.[18] Algo similar ocurre con la circuncisión femenina, donde tampoco existe acuerdo. Una de las escasas investigaciones realizadas reveló que de 137 mujeres circuncidadas con varios tipos de corte genital, el 86% reportó alcanzar el orgasmo. De 58 mujeres circuncidadas viviendo en Occidente, el 91%. Para 57 mujeres infibuladas (el corte más severo) no se ofrecieron porcentajes, pero sí que comparado con un grupo de control de mujeres no circuncidadas, la media de placer entre las mutiladas fue sorprendentemente más elevada. Por último, de 15 mujeres que habían revertido la infibulación mediante una operación médica, 14 de ellas reportaron alcanzar el orgasmo.[19] 

También se podría debatir que aunque ambas operaciones se hubieran empleado con la intención de controlar la sexualidad, en el caso de las mujeres se trataba de una imposición masculina. Este presupuesto también ha sido revelado como falso. Los estudios realizados apuntan consistentemente a que se trata de una práctica intrafemenina.[20] De hecho cuando el gobierno de Kenia decidió en 2014 prohibir la práctica por ley, 2.500 mujeres masai se manifestaron en su contra e incluso lanzaron un ultimátum a sus indiferentes maridos para que apoyaran su causa o se olvidaran de sus derechos maritales.[21] La mayor resistencia femenina a abandonar el corte genital podría deberse a que los hombres no se casan con mujeres no circuncidadas. Nuevamente, tampoco es posible sustentar esta afirmación. Roy Baumeister y Jean M. Twenge señalaron que en una encuesta a 300 hombres sudaneses con múltiples esposas, incluyendo mujeres no circuncidadas, la mayoría prefería a estas últimas, algo que indicaría no sólo que efectivamente se casan con ellas, sino que incluso podían ser más deseadas.[22] De hecho sería el caso de las mujeres europeas (sin circuncidar), en base a la idea de que disfrutan más del sexo.[23] Otro estudio realizado en el Norte de Ghana reveló que el 18,8% prefería una esposa circuncidada, con un 68% que prefería a una compañera no circuncidada.[24] Dado que Ghana tiene una prevalencia baja, el estudio se centró en la zona norte, con tasas mucho más elevadas que el resto de la población. Un nuevo estudio sobre Sudán, donde la práctica se encuentra generalizada entre las mujeres, también recogió que la mayoría de los hombres jóvenes preferían tener una esposa no circuncidada.[25] Los hallazgos contradicen la afirmación de que los hombres fuerzan esta práctica al negar matrimonio a las jóvenes que no la siguen. Evelyn Sakeah de hecho concluye que “si sus creencias y actitudes [las de los hombres] hacia la práctica fueran ampliamente conocidas, falsas expectativas relacionadas con la MGF podrían ser detenidas.”[26]

Con todo, no pretendo afirmar que la opinión del sexo opuesto carezca de influencia alguna en la cirugía. Baumeister y Twenge señalaron que cuando el padre apoyaba que su hija fuera circuncidada, el 100% de las madres afirmaba que la tendría. Si el padre se negaba, sólo el 41% insistía en circuncidar a su hija de todas formas. Cuando el padre era indiferente, el porcentaje era del 97%.[27] A la inversa encontramos un caso mucho más dramático. Durante la llamada “temporada de circuncisión” que toma lugar en agosto, doce hombres fueron circuncidados a la fuerza en Kenia. Sus esposas revelaron a las autoridades tribales que no estaban circuncidados, quejándose de falta de higiene y una pobre satisfacción sexual cuando se acostaban con sus maridos.[28] 50 hombres acamparon junto a la comisaría local para evitar el mismo destino. Una de las esposas, Anne Njeri, que presenció el incidente el viernes, declaró a la radio West FM: “Estamos felices con la decisión de haber cortado a estos hombres porque los hombres no circuncidados son sucios y no hacen un buen papel en la cama, por lo que estamos seguros de que sus esposas disfrutarán ahora de sus matrimonios.”[29] Otro entrevistado justificó la agresión aludiendo al júbilo con el que las mujeres lo celebraron.[30] Es necesario señalar que ninguna de las tribus involucradas en este suceso (Luo, Turkana, Luhya e Iteso) practica la circuncisión femenina,[31] de modo que no puede leerse el incidente como una forma de retribución por parte de las mujeres. Cabe destacar, sin embargo, que la agresión careció del eco mediático que habría cabido esperar de haberse invertido los sexos.

Finalmente hay quienes consideran que la circuncisión masculina y femenina no pueden compararse porque la masculina puede reportar beneficios para la salud, mientras que la femenina no. Esta afirmación suele basarse en la postura de la American Academy of Pediatrics (AAP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que actualmente recomiendan el procedimiento tras revisar la literatura médica existente. Lo que rara vez se señala son los prejuicios culturales que influyeron en esta revisión y que desembocaron en la recomendación. Un grupo de 38 médicos y pediatras de diversas nacionalidades revisaron la misma literatura y llegaron a conclusiones muy diferentes, apuntando la existencia de estos prejuicios culturales. Su denuncia fue publicada en la propia revista de la AAP. Algunos de estos pediatras, como Noni McDonald, trabajan o han trabajado en la OMS. Se trata, por tanto, de profesionales al mismo nivel que quienes recomendaron la circuncisión.

Según los autores del artículo, sólo un argumento de los presentados en favor de la circuncisión goza de mérito, y es el de las infecciones urinarias. Sin embargo, afirman que como puede solucionarse con antibióticos, también resulta innecesario. A continuación resumiré cuáles fueron sus objeciones a cada uno de los “beneficios.”

En el caso de las infecciones urinarias, éstas suelen afectar a un 1% de los niños durante sus primeros años. Sería necesario circuncidar a 100 niños para proteger a uno solo de esta infección, que como se señaló puede ser curada con antibióticos. Teniendo en cuenta que las complicaciones de la circuncisión se dan en un 2% de las operaciones, se prevendría un caso de infección urinaria para saldarlo con dos de hemorragia, infecciones u otras complicaciones que pueden llevar incluso a la muerte.[32]

En cuanto al cáncer de pene, se trata de uno de los cánceres más raros. Harían falta entre 909 y 322.000 circuncisiones para prevenir un solo caso, y además hay otros métodos menos intrusivos que consiguen el mismo efecto. Para las enfermedades de transmisión sexual tradicionales la circuncisión puede ofrecer cierta protección frente a verrugas genitales y herpes genital, pero no para gonorrea, sífilis o clamidia. Además, es posible prevenir todas estas enfermedades de forma más efectiva mediante el uso de preservativos.[33]

Finalmente, en el caso del SIDA, algunos estudios muestran una reducción del 50% en su transmisión mediante este procedimiento, pero otros no encuentran correlación. Señalan que Europa, con niveles de circuncisión muy inferiores a los de Estados Unidos, cuenta con menos casos de SIDA. Además, se puede lograr mayor protección empleando preservativos, entre otros métodos citados.[34]

Por otra parte, los beneficios no pueden ponderarse sin tomar en cuenta las complicaciones: han existido casos de infección, hemorragia, estenosis meatal, amputaciones parciales del pene e incluso muertes. Sin embargo, no existen cifras exactas disponibles. Los autores de la recomendación consideraron el prepucio como una parte del cuerpo humano sin función, pese a que otros estudios indican lo contrario. Del mismo modo, también se ignoraron estudios que apuntaban a posibles problemas en la edad adulta. Esto indicaría que la revisión de la literatura también fue selectiva. Y aunque no hay evidencia sólida sobre estos últimos problemas, ante la incertidumbre parece más razonable buscar métodos alternativos a la circuncisión. Sólo en casos de fimosis puede ser necesaria, pero no justificaría su uso de modo preventivo.[35]

Llegados a este punto, se podría argumentar que aunque los beneficios sean mínimos, existen, pero la circuncisión femenina no otorga beneficio alguno y sólo causa problemas de salud. En realidad, lo que ocurre es que la legalidad y aceptación de la circuncisión masculina ha permitido una infinidad de estudios para encontrar dichos beneficios, mientras que la idea de buscarlos en la práctica femenina sencillamente nos horroriza, particularmente porque podría justificarla. Como afirmó Brian D. Earp:

Los defensores de la AGF [ablación genital femenina] (incluyendo a los profesionales médicos de los países donde es una práctica normativa) suelen justificar su continuidad aludiendo a ciertos beneficios como una mejor higiene genital, y al menos un estudio la ha relacionado con una tasa menor de transmisión del VIH. En efecto, los virus y las bacterias se pueden acumular en varios rincones húmedos y cálidos de la vulva (como por ejemplo en el prepucio clitorial o entre los pliegues de los labios) así que, ¿cómo sabemos que eliminar algo de ese tejido (con una herramienta quirúrgica estéril) no puede reducir el riesgo de infección?

Por suerte en los países occidentales es imposible realizar ese tipo de investigación, porque cualquier científico que lo intentara se vería detenido por los comités éticos y arrestado por contravenir las leyes anti-ablación. Así que simplemente no lo sabemos. Cada vez que oímos que la MGF [mutilación genital femenina] no tiene beneficios para la salud (una afirmación que se ha convertido en un mantra para la OMS) lo que en realidad significa es que no sabemos si ciertas formas de MGF menores y esterilizadas pueden tener beneficios para la salud, porque averiguarlo sería poco ético e ilegal.

El caso es que a las sociedades occidentales estos hipotéticos beneficios no nos suelen parecer especialmente relevantes para decidir si tendríamos que coger chicas sanas y cortarles trocitos de los genitales.[36]

Otro argumento que se esgrime con frecuencia es la mayor mortandad maternal por parte de las mujeres circuncidadas.  Basándose en un estudio de la OMS publicado en 2006,[37]  un artículo del diario New York Times afirmó que la cirugía genital aumentaba en un 50% la probabilidad de que la madre o el niño murieran durante el parto.[38] Sin embargo, eso no fue lo que realmente se documentó. La OMS determinó que de 28.393 mujeres 54 murieron dando a luz: 9 no tenían cirugía alguna, 15 la tenían de tipo I, 23 de tipo II y 7 de tipo III. El hecho de que la mortandad materna fuera inferior en la modalidad más severa (tipo III) que en las mujeres no circuncidadas arroja la posibilidad de que el resto de muertes estuvieran relacionadas con factores ajenos a las cirugías, algo difícil de establecer teniendo en cuenta que los datos no fueron segregados por país. Un documento del Hastings Center Report indicó que “los hallazgos sugieren que la cirugía genital femenina es menos dañina que fumar un cigarrillo como factor de riesgo para el embarazo,”[39] y señala también que estudios donde no se encontró correlación de riesgo entre alumbramiento y circuncisión femenina no obtuvieron atención mediática.[40] Aunque considero la comparación con el cigarrillo desafortunada, el documento no debe confundirse con una defensa de la práctica, sino como una denuncia a la falsedad con la que se ha presentado.

En resumen, los argumentos clásicos para separar ambas circuncisiones no son válidos: la masculina puede tan peligrosa como la femenina o incluso más cuando no se realiza en condiciones estériles, las razones por las que se llevan a cabo son igualmente diversas (incluyendo el control de la sexualidad), no provienen de una imposición por parte del sexo opuesto y sus beneficios para la salud no son suficientes para justificarlas.

Pese a todo, la OMS continúa impulsando la cirugía en África como una forma efectiva de reducir el SIDA, estableciendo campañas masivas de circuncisión. Incluso asumiendo que efectivamente la operación pudiera reducir el contagio entre un 50-60% (pues hay 17 estudios que no encuentran correlación),[41] el preservativo la reduce entre el 90% y el 98,5%.[42] De hecho, al contrario que la circuncisión, también protege a mujeres y hombres homosexuales en el papel de receptor, y en términos económicos, se calcula que sería 95 veces más rentable.[43]

Debemos además destacar que los mismos investigadores y organizaciones que suscriben la circuncisión para reducir el contagio del VIH afirman que la cirugía debe acompañarse del uso del preservativo.[44] De hecho, en algunos países donde las campañas de circuncisión han sido llevadas a cabo han tenido un efecto perverso: al bombardear a la población con los beneficios de la circuncisión para prevenir el VIH, muchos hombres han actuado como si contaran con un “preservativo invisible” (en palabras de las autoridades sanitarias de Zimbabue)[45] llegando a aumentar los índices de contagio.[46] Difícilmente alguien se va a someter a una cirugía de este tipo para prevenir el HIV si luego va a tener que utilizar un preservativo de todas formas.

En realidad, aunque el número total de infecciones ha decrecido en África en la última década, el propio director de UNAIDS ha afirmado que la reducción no se ha debido ni a la circuncisión ni al uso del preservativo, sino a medidas para prevenir el contagio de la madre a los hijos y a la concentración de recursos en grupos de riesgo.[47] Por tanto, después de haber circuncidado a más de 12 millones de hombres,[48] no se han obtenido resultados tangibles de este procedimiento.

Concluyendo, la circuncisión masculina es una de las áreas donde mejor se puede apreciar el doble estándar a la hora de aplicar la perspectiva de género: revela el sexismo que empuja a condenar una práctica mientras se minimiza o justifica la otra por todos los medios posibles. En cualquier caso, si estamos de acuerdo en que los niños de ambos sexos deberían tener derecho a su integridad genital, salvo necesidad médica, esta comparación no debería ser necesaria.

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[1] En esta sección utilizaré los términos circuncisión masculina y femenina, pero eso no significa que rechace el término “mutilación genital”. La terminología a utilizar en ambos casos ha sido objeto de numerosas discusiones, y la palabra “circuncisión” también se ha aplicado al corte femenino por parte de quienes lo practican, como en Sudán para la llamada “circuncisión faraónica.” Véase por ejemplo Mazharul M. Islam y Mosleh M. Uddin, «Female Circumcision in Sudan: Future Prospects and Strategies for Eradication», International Perspectives on Sexual and Reproductive Health 27, n.o 2 (junio de 2001): 71-76.

[2] Sami Abu-Sahlieh Aldeeb, «Male and Female Circumcision. Religious, medical, social and legal debate», trad. Manuel Vázquez Caruncho (Centre of Arab and Islamic Law, 2003), http://www.sami-aldeeb.com; Abu-Sahlieh Aldeeb, Male and female circumcision. Religious, medical, social and legal debate, 426; «Mutilación genital femenina», Organización Mundial de la Salud, 2014, http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs241/es/.

[3] «Mutilación genital femenina y otras prácticas lesivas», Organización Mundial de la Salud, accedido 9 de octubre de 2017, http://www.who.int/reproductivehealth/topics/fgm/prevalence/es/. Como se recogió anteriormente, autores como Aldeeb llegan a situarla entre el 15% y el 20%.

[4] Rijken, «Initiation deaths in the Eastern Cape».

[5] Dingeman J. Rijken, «Problems», Ulwaluko, accedido 18 de julio de 2016, http://www.ulwaluko.co.za/Problems.html.

[6] Dingeman J. Rijken, «Photos», Ulwaluko, accedido 18 de julio de 2016, http://www.ulwaluko.co.za/Photos.html.

[7] «Mutilación genital femenina».

[8] «Mutilación genital femenina y otras prácticas lesivas».

[9] Véase por ejemplo un controvertido caso donde una familia fue juzgada en Estados Unidos por un pinchazo ritual del clítoris de su hija que formaba parte de su tradición. El abogado que los defendió utilizó justamente como argumento que la circuncisión masculina era mucho más invasiva y extraía tejido, pero era perfectamente legal. Brian Earp, «Does Female Genital Mutilation Have Health Benefits? The Problem with Medicalizing Morality», Quillette, 15 de agosto de 2017, http://quillette.com/2017/08/15/female-genital-mutilation-health-benefits-problem-medicalizing-morality/.

[10] Robert Darby y Steven Svoboda, «A Rose by Any Other Name? Rethinking the Similarities and Differences between Male and Female Genital Cutting», Medical Anthropology Quarterly 21, n.o 3 (2007): 15, doi:10.1525/MAQ.2007.21.3.301.

[11] Malik, «Egypt Reports Its First Female Circumcision Death in 3 Years».

[12] Arya Hedjazi et al., «Epidemiology of Circumcision-Related Mortality in Iran: A 10-year Survey», North American Journal of Medical Sciences 4, n.o 11 (noviembre de 2012): 608-10, doi:10.4103/1947-2714.103338.

[13] Emma Batha, «UN agencies tell Egypt to enforce FGM ban after girl’s death», Thompson Reuters Foundation, 11 de junio de 2013, http://www.www.trust.org/item/20130611122841-m1ncx/; «UN Egypt statement on death of Mayar Mohamed Mousa, victim of Female Genital Mutilation», UNDP in Egypt, 30 de mayo de 2016, http://www.eg.undp.org/content/egypt/en/home/presscenter/articles/2016/may/un-egypt-statement-on-death-of-mayar-mohamed-mousa–victim-of-fe.html.

[14] Abu-Sahlieh Aldeeb, Male and female circumcision. Religious, medical, social and legal debate, 213-15.

[15] John Harvey Kellogg, Plain Facts for Old and Young: Embracing the Natural History and Hygiene of Organic Life (I.F. Segner, 1890), 295.

[16] Peter L. Allen, The Wages of Sin: Sex and Disease, Past and Present (Chicago and London: University of Chicago Press, 2002), 102.

[17] P. C. Remondino, «Negro Rapes and their Social Problems», National Popular Review 4, n.o 1 (enero de 1894): 3.

[18] Ye Tian et al., «Effects of circumcision on male sexual functions: a systematic review and meta-analysis», Asian Journal of Andrology 15, n.o 5 (septiembre de 2013): 662-66, doi:10.1038/aja.2013.47.

[19] Lucrezia Catania et al., «Pleasure and Orgasm in Women with Female Genital Mutilation/Cutting (FGM/C)», The Journal of Sexual Medicine 4, n.o 6 (noviembre de 2007): 1666-78, doi:10.1111/j.1743-6109.2007.00620.x.

[20] Baumeister y Twenge, «Cultural Suppression of Female Sexuality.», 182-84.

[21] Kurgat Marindany, «Maasai women protest against FGM ban», The Star, Kenya, 12 de junio de 2014, sec. Latest News, http://www.the-star.co.ke/news/2014/06/12/maasai-women-protest-against-fgm-ban_c954266.

[22] Baumeister y Twenge, «Cultural Suppression of Female Sexuality.», 182-84.

[23] Ibid., 183.

[24] Evelyn Sakeah et al., «Males’ Preference for Circumcised Women in Northern Ghana», African Journal of Reproductive Health 10, n.o 2 (agosto de 2006): 43.

[25] L. Almroth et al., «Male Complications of Female Genital Mutilation», Social Science & Medicine (1982) 53, n.o 11 (diciembre de 2001): 1455-60.

[26] Sakeah et al., «Males’ Preference for Circumcised Women in Northern Ghana», 39.

[27] Baumeister y Twenge, «Cultural Suppression of Female Sexuality.», 183.

[28] «12 men ambushed and circumcised forcefully in Moi’s Bridge».

[29] Leonard Wamalwa, «12 men circumcised by force as circumcision kicks off in Luhyia land», West fm, 27 de agosto de 2014, https://web.archive.org/web/20140827000411if_/https://www.facebook.com/plugins/recommendations.php?site=www.westfm.co.ke&action&width=240&height=250&header=false&colorscheme=light&linktarget=_blank&border_color&font&appId=112791458798773.

[30] Ibid.

[31] Johannes Gräb, Econometric Analysis in Poverty Research: With Case Studies from Developing Countries (Frankfurt and Main: Peter Lang, 2009), 84.

[32] Morten Frisch et al., «Cultural bias in the AAP’s 2012 Technical Report and Policy Statement on male circumcision», Pediatrics 131, n.o 4 (2013): 797.

[33] Ibid.

[34] Ibid., 797-98.

[35] Ibid., 798.

[36] Brian Earp, «Female genital mutilation (FGM) and male circumcision: Should there be a separate ethical discourse?», trad. David Prieto, Practical Ethics, 18 de enero de 2014, 6-7, doi:10.13140/2.1.3530.4967.

[37] WHO study group on female genital mutilation and obstetric outcome et al., «Female Genital Mutilation and Obstetric Outcome: WHO Collaborative Prospective Study in Six African Countries», Lancet (London, England) 367, n.o 9525 (3 de junio de 2006): 1835-41, doi:10.1016/S0140-6736(06)68805-3.

[38] Elisabeth Rosenthal, «Genital Cutting Raises by 50% Likelihood Mothers or Their Newborns Will Die, Study Finds», The New York Times, 2 de junio de 2006, sec. Africa, https://www.nytimes.com/2006/06/02/world/africa/02mutilation.html.

[39] The Public Policy Advisory Network on Female Genital Surgeries in Africa, «Seven Things to Know about Female Genital Surgeries in Africa», Hastings Center Report 42, n.o 6 (noviembre de 2012): 24, doi:10.1002/hast.81.

[40] Ibid.

[41] Gregory J. Boyle y George Hill, «Sub-Saharan African randomised clinical trials into male circumcision and HIV transmission: Methodological, ethical and legal concerns», Journal of Law and Medicine 19, n.o 2 (2011): 333-34.

[42] «Condom Fact Sheet» (USAID, 2015), https://www.usaid.gov/sites/default/files/documents/1864/condomfactsheet.pdf.

[43] Ryan G. Mcallister et al., «The Cost to Circumcise Africa», International Journal of Men’s Health 7, n.o 3 (1 de septiembre de 2008): 307, doi:10.3149/jmh.0703.307.

[44] «HIV & male circumcision fact sheet», AVERT, 23 de julio de 2015, https://www.avert.org/learn-share/hiv-fact-sheets/circumcision; James Wilton, «Penile circumcision to reduce the risk of HIV infection», CATIE, 2012, http://www.catie.ca/en/fact-sheets/prevention/penile-circumcision-reduce-risk-hiv-infection.

[45] Janet Shoko, «Zimbabwe: Concern over High HIV Rates among Circumcised Males», The African Report, 5 de noviembre de 2012, https://web.archive.org/web/20121105204415/http:/www.theafricareport.com/20120711501815186/southern-africa/zimbabwe-concern-over-high-hiv-rates-among-circumcised-males-501815186.html.

[46] Eric Oloo, «Kenya: Ugunja DC’s AIDS Warning», AllAfrica.Com, 25 de abril de 2012, http://allafrica.com/stories/201204261197.html.

[47] Donald G. McNeil, «New H.I.V. Cases Falling in Some Poor Nations, but Treatment Still Lags», The New York Times, 20 de noviembre de 2012, sec. World, https://www.nytimes.com/2012/11/21/world/new-hiv-cases-falling-in-some-poor-nations-but-treatment-still-lags.html.

[48] «Africans Speak Out Against the Mass Circumcision Campaign», PR Newswire, 1 de diciembre de 2016, sec. New Releases, http://www.prnewswire.com/news-releases/africans-speak-out-against-the-mass-circumcision-campaign-300370353.html.

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