Movimientos sexualmente igualitarios antes del feminismo

Reunión de cuáqueros. 1735, Pennsylvania. Fuente: Hulton Archive/Getty Images

“Si apoyas la igualdad entre hombres y mujeres, eres feminista”, “si no eres feminista, es que no apoyas la igualdad” o “si no eres feminista, eres machista” son frases que quienes hayan discrepado con la teoría feminista han escuchado alguna vez. Se presume que no existe forma alguna de entender la igualdad fuera del feminismo, forzando a quien critique el movimiento a escoger entre una falsa dicotomía: o formas parte de nuestra forma de ver el mundo, o favoreces el sexismo y la discriminación.

¿Pero es la idea de igualdad entre los sexos una prerrogativa del feminismo? Esta entrada tratará distintos movimientos políticos y/o religiosos alrededor del mundo que incorporaron la igualdad entre los sexos entre sus premisas, y que fueron anteriores o ajenos al desarrollo del feminismo.

Aclaraciones iniciales

Antes de comenzar un artículo como éste es necesario clarificar dos cosas. La primera: todos los movimientos sexualmente igualitarios han sostenido contradicciones, incluyendo el feminismo actual. Dado que cuenta diversas ramas y variantes, me centraré en el feminismo hegemónico, que sería la forma dominante entre los partidos políticos, instituciones nacionales e internacionales, prensa y cultura popular.

Como afirmé en su momento, la principal contradicción se encuentra en que el intercambio tradicional entre los sexos, estatus por protección, se centra en igualar el estatus de ambos, pero mantiene una postura tradicional en cuanto a la protección femenina. Por ejemplo: hombres y mujeres deben tener los mismos derechos, pero la mujer requiere de una protección especial que puede incluir desde leyes específicas sobre violencia en la pareja o agresión sexual hasta políticas para que el transporte urbano las deje más cerca de casa, pasando por peticiones para una menor exigencia penal hasta el silencio en cuanto a políticas favorables en inmigración, servicio militar y un largo etcétera.

La importancia de señalar este punto se encuentra en que los movimientos que veremos en este artículo también incluirán contradicciones, pero al igual que en el caso del feminismo, no anulan sus ideales de igualdad.

El segundo punto a aclarar, al tratarse de movimientos ajenos o anteriores al feminismo, es cuándo podemos hablar de feminismo como tal. Hay quienes lo sitúan en 1848 con la Convención de Séneca Falls. Sin embargo, sus participantes no utilizaban el término “feminismo” para identificar sus ideas. Aunque la palabra, en su sentido actual, aparece en Francia durante 1837, no sería hasta la Conferencia de Mujeres de París en 1892 cuando el término comenzó a emplearse de forma generalizada y se extendería al mundo angloparlante.[1]

Es necesario aclarar, sin embargo, que no era un sinónimo de sufragismo, y que las feministas eran consideradas como un subgrupo dentro de éste.[2] De hecho en el sufragismo se usaron desde argumentos igualitarios por el voto hasta argumentos fundamentados en la diferencia: que como madres y esposas llenarían un lugar que los hombres serían incapaces.[3] Por ello hay quienes afirman que el feminismo como lo entendemos actualmente comienza en el siglo XX durante la década de los 60, considerando que antes su influencia era mínima.[4]

Si tomamos la fecha más temprana (1837) tres de los movimientos que describiré serán anteriores al feminismo, mientras que si tomamos la fecha más tardía (1963), todos lo serán. En cualquier caso, su desarrollo fue independiente de éste.

Europa y América

Bogomilos, sacudidos y cuáqueros

El bogomilismo es un movimiento religioso de raíz cristiana. Iniciado en Macedonia, se extendió por los Balcanes y otros territorios del Imperio bizantino (o Imperio romano de Oriente) entre los siglos X y XV. Uno de sus rasgos distintivos fue el tratamiento igualitario entre hombres y mujeres. Además de participar en los rituales, las mujeres tenían el derecho a comunicar la palabra de Dios (predicar), administrar confesiones, determinar la penitencia, presidir la adoración y acceder a cualquier papel de liderazgo.

Las fuentes contemporáneas señalan con estupor este desarrollo. Por ejemplo en el Nomocanon de San Sava encontramos que “las mujeres son empleadas como maestras de los dogmas de su herejía, ordenándolas no sólo como líderes de gente corriente, sino también como líderes sacerdotales.”[5] Y en el Discurso contra los bogomilos se afirma que “incluían a meras mujeres que se encargaban de administrar la penitencia -expiar los pecados. ¿Qué (…) puede ser más despreciable?”[6]

El carácter antinatalista del movimiento y su rechazo al matrimonio también evitaban las relaciones de subordinación. Esta igualdad asexual ha sido interpretada de diferentes maneras: para algunos historiadores no creaba una imagen positiva de la mujer sino que la neutralizaba negando sus necesidades biológicas (algo que también podría decirse de los hombres),[7] mientras que ambos sexos podían “alumbrar” la palabra, otorgando simbólicamente al hombre la capacidad de parir.[8]

En cualquier caso, cuando los historiadores afirman que los bogomilos “apoyaban la idea de igual estatus entre los sexos”[9] o que una de sus características era la “completa liberación social de la mujer”[10] hemos de tener en cuenta que no se refieren a, por ejemplo, cambiar las leyes de la sociedad que les rodeaba, sino a aplicar esta igualdad en sus propias comunidades.

La única contradicción que encontré en el discurso bogomilo fue su creencia en que los hombres provenían de los ángeles del primer círculo y las mujeres de los ángeles del segundo círculo, aunque esta creencia no tenía impacto sobre su organización social.[11] En cualquier caso, es necesario advertir que debido a la escasez de fuentes primarias disponibles, nuestra percepción del bogomilismo y su igualdad puede ser incompleta. Si bien el rechazo al matrimonio y el sentimiento antinatalista de sus líderes favorecía la igualdad, desconocemos la dinámica sexual entre los devotos que no observaban la abstinencia sexual.[12] Del mismo modo, es posible que fuentes críticas como las que hemos citado exageraran el papel femenino para fortalecer su rechazo. Sea como fuere, con la información actualmente disponible el veredicto de los historiadores es que se trataba de un movimiento sexualmente igualitario que no imponía restricciones a las mujeres, más allá de las que aplicaba hombres.

Los sacudidos o “shakers”

Por fortuna contamos con fuentes mucho más abundantes para otros grupos como los “sacudidos” y cuáqueros al ser más cercanos en el tiempo y situarse en el ámbito de la Reforma. La Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, popularmente conocida como los “sacudidos” y a la que me referiré por su apodo en inglés “shakers”, se escindió de los cuáqueros a mediados del siglo XVIII, aunque no adquirió relevancia hasta que se instaló en Estados Unidos entre 1770 y 1790.

Los shakers creían que en Dios residían tanto la naturaleza masculina como la femenina. Por tanto, si Cristo apareció por primera vez como un varón, su regreso lo haría en forma de mujer. Esta mujer sería la fundadora del movimiento, Ann Lee. Jesús encarnaba el principio masculino de Dios, y Ann Lee el femenino. Esta dualidad divina quedaría reflejada en la organización: todas las posiciones de liderazgo eran ocupadas por un número idéntico de hombres y mujeres. Al mando de todos ellos se encontraba el Ministerio, formado por dos hombres y dos mujeres elegidos de por vida. Uno de ellos, a veces un hombre y a veces una mujer, tenía la última palabra.[13]

Todos eran, en cualquier caso, portadores del espíritu de Cristo, algo que igualaba a hombres y mujeres. Por ejemplo en la biografía shaker sobre su fundadora, uno de sus detractores, el Coronel Smith, preguntó al grupo si era cierto que una mujer les enseñaba. A lo que uno de los líderes replicó “no aceptamos que nos enseñe una mujer o un hombre, salvo cuando tienen el espíritu de Cristo, y Cristo enseña a través de ellos. Entonces hombre o mujer puede enseñar.”[14]

En sus comunidades, hombres y mujeres trabajaban buena parte del tiempo en esferas separadas, aunque ello no implicaba que la masculina fuera considerada más importante que la femenina. Esta separación se debía a que los shakers, además de ser un movimiento antinatalista, prohibían las relaciones sexuales. Como afirma D’ann Campbell:

…no es que los shakers pensaran que las mujeres no podían ser herreras (…) la división del trabajo era tradicional porque no tenían que asignar el 50% de sus herreros, carpinteros o promotores para que las mujeres tuvieran el mismo estatus que ellos (…), basándose en su doctrina religiosa y organización gubernamental las mujeres [ya] eran consideradas iguales a los hombres. Así los shakers podían organizar a las mujeres para realizar las tareas en las que habían sido entrenadas [antes de formar parte del grupo] o estaban físicamente mejor equipadas para realizar.[15]

Según la doctrina shaker, hombres y mujeres eran iguales porque estaban hechos a imagen y semejanza de Dios, que era a su vez masculino y femenino.[16] Si a ello sumamos que en sus comunidades las mujeres eran mayoría y también se habían abolido la propiedad privada y el matrimonio, el resultado era una igualdad tanto en la teoría como en la práctica: no existía sumisión hacia ninguna autoridad masculina, ni mujer alguna dependía económicamente de un varón. De hecho, su doctrina mantenía que los sentimientos de superioridad y posesividad masculinos, así como los de inferioridad y sumisión femeninos, debían ser superados a fin de alcanzar la salvación.[17]

Para 1870 la mayoría femenina entre los shakers era tan abrumadora y el descenso de la membresía masculina tan acusado que incluso los roles de género dejaron de ser tradicionales. Según Priscilla Brewer “tuvieron que concluir que algún día no habría más hermanos [varones]. Si el grupo iba a sobrevivir, las hermanas tendrían que adoptar responsabilidades adicionales de liderazgo fuera de su tradicional ‘esfera’. Alcanzar esta decisión fue doloroso porque significaba alterar roles de género que se habían establecido por casi un siglo.”[18]

El liderazgo masculino que acompañaba al femenino en toda la jerarquía shaker se había mantenido gracias a un sistema de “cuotas para hombres”. Aunque los varones eran menos de la mitad, y en algunos momentos incluso minoría, siempre que fue posible se reservó la mitad de los puestos de decisión a los hombres a fin de retenerlos o atraer más.[19]

La única limitación que encontré a su concepto de igualdad se halla en una anécdota sobre su fundadora, Ann Lee. Un hombre le preguntó cómo podía reconciliar su propia enseñanza como mujer con el texto bíblico de San Pablo donde se afirmaba que las mujeres no debían hablar en las iglesias. Lee respondió que aunque el padre tiene el liderazgo de la familia, en su ausencia la madre es quien manda sobre los hijos. Por tanto, con Cristo ausente pero ella (la encarnación femenina del Cristo) presente, le correspondía como madre tomar las riendas de la familia espiritual.[20] Sin embargo, las creencias shakers nunca fueron estáticas, y Ann Lee fue considerada en distintos momentos como superior a Jesús, su igual o su complemento.[21]

Priscilla Brewer ha sido la única académica crítica con el sentimiento igualitario atribuido a los shakers, pero sus observaciones fueron a su vez puestas en duda por otras autoras como Glendyne R. Wergland.[22] La gran mayoría consideran a los shakers un movimiento sexualmente igualitario. Como afirmó un contemporáneo que en la década de 1850 documentó sus actividades: “en cualquiera de sus comunidades, los más fervientes partidarios de los ‘derechos de las mujeres’ pueden encontrar aquí una práctica de su ideal.[23] D’ann Campbell los consideró “el mejor ejemplo de un diseño utópico que reflejaba la igualdad sexual”[24] y Tisa J. Wenger llamó a su fundadora Ann Lee “madre precursora del feminismo.”[25]

La conexión no es del todo descabellada, pues una de las líderes shakers, Ann White, terminaría siendo miembro de la Asociación Nacional Americana para el Sufragio de la Mujer, vicepresidenta del Consejo Nacional de Mujeres y vicepresidenta del capítulo neoyorkino de la Liga Internacional de Mujeres para el Arbitraje y la Paz.[26] Nos encontraríamos ya con los shakers en declive adoptando la retórica de los movimientos de mujeres para dar publicidad al suyo. En palabras de White “Ann Lee declaró primero (…) la igualdad y libertad de la mujer (…). El principio de libertad tanto para el hombre como para la mujer (…) hizo de la hermana shaker la más libre del mundo.”[27]

Los cuáqueros

La Sociedad Religiosa de Amigos fue fundada por George Fox durante la década de 1650 en Inglaterra, siendo su grupo conocido como los cuáqueros (quakers). A diferencia de los movimientos anteriormente descritos, los cuáqueros no se oponían al matrimonio ni a la reproducción, lo que les proporcionaría más estabilidad. Su mayor impacto no sería en Inglaterra sino en Estados Unidos, donde fueron conocidos por considerar a negros e indios sus iguales espirituales, además de participar en el movimiento abolicionista.

Los ideales de igualdad de los cuáqueros también se extendían a las relaciones entre hombres y mujeres. George Fox fue el primero en dar ejemplo al casarse con Margaret Fell y declarar que ella era su igual tanto en asuntos temporales como espirituales.[28] Destaco temporales porque la igualdad espiritual podía ser abstracta, pero la temporal refería a los asuntos terrenales y mundanos, si bien esta última se basaba en la primera.

Para los cuáqueros el matrimonio debía ser igualitario porque hombre y mujer fueron iguales en el Paraíso. La subordinación femenina fue resultado del pecado original, y con la llegada de Cristo se hace posible la redención de dicho pecado. A los hombres y mujeres que “nacían de nuevo” se les confería el estatus edénico que los convertía en iguales. La desigualdad entre los sexos era así “una aberración, producto del castigo por el pecado.”[29] Como afirmó M. Marsin en su libro de 1700 Buenas nuevas para las buenas mujeres “el marido no estará por encima de la esposa, ni la esposa por encima del marido, sino que serán como en la Creación, cuando el pecado todavía no había aparecido en el mundo.”[30]

La ceremonia matrimonial eliminaba la promesa femenina de obediencia y utilizaba el intercambio de votos en un lenguaje neutro.[31] Tampoco existía presión para casarse: algunas no se casaban o lo hacían cuando ya no se encontraban en edad fértil.[32] Las mujeres podían desempeñar roles de pastoreo y predicación, habiendo un número similar de pastores de ambos sexos.[33] Lydia Maria Child, que vivió con los cuáqueros entre las décadas de 1830 y 1840 alabó la independencia de la mujer cuáquera, que la atribuyó a compartir la administración de todos los asuntos de la Sociedad en plano de igualdad con los hombres.[34]

Como los movimientos anteriores, sin embargo, había limitaciones en su concepto de igualdad. Pese a la ausencia de jerarquía, dentro del matrimonio se mantenían los roles de género tradicionales. Sin embargo la mayor controversia estuvo relacionada con las reuniones de hombres y mujeres. Inicialmente se plantearon las reuniones mixtas, pero George Fox temía que las mujeres se sintieran intimidadas y determinó que reuniones segregadas serían más efectivas para plantear los asuntos de ambos sexos. Una medida que fue justificada (en el futuro) también por mujeres como Lucrecia Coffin Mott, de la que hablaremos más adelante.[35]

Sin embargo, lo que al principio eran reuniones separadas pero iguales y complementarias, desembocaron gradualmente en la primacía de las reuniones masculinas. En algunos casos estos encuentros decidieron acciones que no fueron aprobadas por las reuniones de mujeres, y en una ocasión designaron un comité sin consultarlas. James Mott, esposo de Lucrecia, denunció estos hechos en 1820 como contrarios al espíritu de su doctrina religiosa y lo atribuyó a la contaminación del mundo. Es decir, a la influencia de la sociedad fuera del entorno cuáquero. Finalmente, en 1842 las dos secciones fueron eliminadas en favor de una mixta.[36]

El movimiento abolicionista en el que participaron las cuáqueras les proporcionó experiencia en el ámbito del activismo político. Si a ello sumamos las ideas de igualdad del movimiento, no es del todo sorprendente que los cuáqueros tuvieran una presencia destacada en la Convención de Séneca Falls. Como señaló Christopher Densmore:

Mary Ann M’Clintock y Jane Hunt eran cuáqueras (…); Lucrecia Mott era cuáquera; Martha Coffin Wright se había criado en la Sociedad Religiosa de Amigos pero había sido expulsada por casarse fuera del grupo. Ésas fueron las mujeres que organizaron la Primera Convención por los Derechos de la Mujer en Seneca Falls [1848]. Las sesiones públicas en la propia convención fueron presididas por hombres: James Mott, el marido cuáquero de Lucrecia, y Thomas M’Clintock, el marido de Mary Ann (…). Todos los organizadores fueron cuáqueros – o excuáqueros, en el caso de Martha Wright, con la excepción de Stanton.[37]  

Oriente Medio

El bahaismo

La fe bahaí es considerada la última de las religiones abrahámicas. Se originó en Irán bajo las enseñanzas de “El Bab” alrededor de 1844. Sin embargo la mayoría de los escritos nos llegan a través de sus sucesores: Bahá’u’lláh y ‘Abdu’l-Bahá. Formalmente comenzaría en 1852 con Bahá’u’lláh, al considerar que el babismo es un antecesor del bahaismo. En cualquier caso su origen se encuentra a mediados del siglo XIX.

El bahaísmo gira en torno a tres principios: la unidad de Dios, la unidad de religión y la unidad de la humanidad. Para alcanzar esta última, los bahaís consideran que la igualdad entre hombres y mujeres supone un requisito indispensable. Tanto que algunos autores han afirmado que ninguna otra religión mundial ha sido tan explícita a este respecto.[38] Como afirmó María Luisa Valdez:

Fue hace unos cien años cuando Bahá’u’lláh, el profeta fundador de la fe Bahaí realizó una importante declaración jamás oída en los anales de la religión revelada: que hombres y mujeres son iguales.[39]

Además de considerar a hombres y mujeres como espiritualmente iguales, el bahaísmo afirma que la igualdad debe extenderse también al terreno educativo, y no mediante una educación segregada por sexo: niños y niñas deben seguir el mismo programa educativo. Dentro de lo posible, esa educación debe ser obligatoria y la igualdad estar protegida por la ley. Hombres y mujeres también pueden desempeñar cargos en la administración Bahaí a nivel local y nacional.

A continuación podemos leer las palabras de ‘Abdu’l-Bahá sobre la educación como base para construir la igualdad entre los sexos:

El sexto principio o Enseñanza de Bahá’u’lláh concierne a la igualdad del hombre y la mujer. Él ha declarado que en la estimación de Dios no existe distinción de sexo (…). ¿Qué es entonces, lo que constituye la desigualdad entre el hombre y la mujer? Ambos son humanos (…) a la mujer se le han negado las oportunidades de que ha gozado el hombre por tanto tiempo, especialmente el privilegio de la educación. El hecho que debe considerarse, sin embargo, es que a la mujer, habiendo estado anteriormente privada, ahora se le debe permitir la igualdad de oportunidades con el hombre en cuanto a la educación e instrucción. No debe haber diferencia en su educación. Hasta que no sea completamente establecida y lograda la realidad de la igualdad entre el hombre y la mujer, no será posible el más alto desarrollo social de la humanidad (…) No debe existir diferencia en la educación del varón y la mujer para que las mujeres puedan desarrollar igual capacidad e importancia que el hombre en la ecuación económico-social. Hijas e hijos deben seguir el mismo plan de estudios, con lo cual se promoverá la igualdad de los sexos.[40]

Por supuesto esta igualdad educativa es posible porque parte de una igualdad espiritual:

Dios no pregunta “¿eres mujer o eres hombre?” Él juzga las acciones humanas. Si ellas son aceptables ante el umbral del Glorioso, tanto hombre como mujer serán igualmente reconocidos y recompensados (…). Bahá’u’lláh enfatizó y estableció la igualdad del hombre y la mujer. El sexo no es una particularidad de la humanidad; existe a través de los reinos animales pero sin distinción o preferencia. En el reino vegetal existe completa igualdad entre el macho y la hembra de las especies. De igual forma en el plano animal existe la igualdad; todos están bajo la protección de Dios. ¿Es correcto que el hombre, la más noble de las criaturas, observe e insista en tal distinción? (…) El mundo de la humanidad tiene dos alas, por decirlo así: una femenina y la otra masculina. Si un ala es defectuosa, el ala fuerte y perfecta no será capaz de volar.[41]

Pero la igualdad en la fe Bahaí va más allá de la espiritualidad y la educación, alcanzando todos los ámbitos materiales:

Entre estas realidades se halla el principio de igualdad del hombre y la mujer – iguales derechos y prerrogativas en todas las cosas pertenecientes a la humanidad. Bahá’u’lláh declaró esta realidad hace ya más de cincuenta años (…) [La mujer] debe hacerse experta en las artes y ciencia (…) [La educación] les permitirá capacitarse y progresar en todos los niveles laborales y en distintos emprendimientos (…) La mujer marcha a la par del hombre. En ninguna actividad se quedará atrás. Sus derechos son iguales en grado a los del hombre. Ella accederá a todas las ramas administrativas de la política. Alcanzará en todo un desarrollo tal, que llegará a ser considerada como la más elevada posición en el mundo de la humanidad, y tomará parte en todos los asuntos.[42]

Con todo, el bahaísmo también presenta algunas limitaciones en cuanto a la igualdad de género, si bien no benefician siempre al mismo sexo. Por ejemplo en caso de que no haya recursos suficientes para educar a todos los hijos, se debe dar prioridad a la educación de las niñas, pues aunque padre y madre tienen el mismo deber de educar, la madre suele ser la principal educadora. Por otra parte, aunque las mujeres pueden acceder a puestos administrativos de la organización a nivel local y nacional, la Casa Internacional de la Justicia (el órgano supremo) sólo es accesible a hombres. Cuando esto se ha señalado como desigualdad, la respuesta ha sido que se desconoce por qué es así, pero que será algo revelado por Dios en el futuro. En cualquier caso la organización clarifica que no se debe a una mayor capacidad del hombre.[43]

Por otra parte, cuando una mujer se convierte en madre, tiene derecho a ser mantenida por su esposo sin renunciar a ningún otro derecho. El hombre debe realizar un peregrinaje si puede permitírselo económicamente, mientras que para la mujer es opcional. También es opcional para ella el ayuno y las oraciones obligatorias durante la menstruación. Finalmente, en el caso de la herencia, los varones pueden heredar más, aunque esto sólo ocurre si el padre o madre muere sin hacer testamento, y cabe pensar que está ligado a las obligaciones de peregrinaje y mantenimiento de la esposa/madre.[44]

Pese a sus limitaciones, ninguna de las religiones descritas en este artículo es tan explícita en su defensa de la igualdad entre los sexos como el bahaísmo, aunque curiosamente cuando preguntaron a ‘Abdu’l-Bahá quién apoyaba más esta religión en Irán, si los hombres o las mujeres, respondió que por el momento recibían más apoyo masculino.[45]

Asia Oriental

Los Taiping

Al igual que el resto de los grupos descritos en este artículo, los Taiping eran un movimiento religioso: su líder, Hong Xiuquan mantenía una interpretación del cristianismo que lo erigía como el hermano menor de Jesús. La principal diferencia es que esta utopía no consistía en apartarse del mundo, sino en transformarlo con las armas. Su rebelión contra la dinastía Qing tomaría lugar entre 1850 y 1864, decretando en sus territorios la igualdad entre los sexos e implementando una variedad de políticas que subvertían el orden tradicional.[46]

El programa económico de los taiping buscaba la redistribución de tierras, asignando a cada persona mayor de 16 años un lote independientemente de si era hombre o mujer. Como indicaba el documento El sistema de [distribución de] tierras del Reino Celestial redactado en 1853 “Todos los hombres y mujeres, cada persona mayor de dieciséis años, recibirá tierra…”[47]

Las medidas igualitarias de los taiping en el ámbito “de género” prohibían la poligamia, la prostitución, el vendado de pies, la dote y los matrimonios concertados. Las mujeres podían asistir a las escuelas, participar en los exámenes del gobierno (donde los clásicos confucianos serían cambiados por la Biblia), acceder a puestos políticos, de funcionariado y cargos en el ejército. La violación se castigaba con la muerte y se animaba a las mujeres a casarse libremente.[48] Las mujeres tuvieron acceso a trabajos tradicionalmente masculinos como transportar ladrillos y sal o cavar zanjas. De hecho 20.000 mujeres realizaron esta última labor en Nanjing. Por otra parte, el trabajo textil también se extendió a los hombres.[49]

Esta igualdad, sin embargo, iba generalmente acompañada de la segregación, con campamentos y cuarteles para hombres y mujeres. Ellas podían llegar a ser generales, pero lo habitual es que mandaran sobre un ejército compuesto de mujeres, mientras que los hombres lideraban a otros hombres. Inicialmente las relaciones sexuales estaban prohibidas incluso entre marido y mujer (ambos separados en sus respectivos cuarteles), aunque esta restricción se levantaría más adelante.[50]

Las limitaciones de los taiping en el ámbito de la igualdad fueron múltiples. Una de gran peso sería la insistencia en las tres obediencias confucianas, aunque la más visible fue sin duda que el líder taiping y varios oficiales de alto rango mantenían harenes (pese a exigir la monogamia a los demás), algo que al parecer se justificó por los antecedentes bíblicos en algunos reyes antiguos.[51] Además, en ciertas fuentes primarias todavía puede atisbarse que el trabajo de la seda se seguía considerando de mujeres, y que los niños varones tenían la obligación de recibir educación bíblica, algo que no se contempla para las niñas (si bien podían optar a la misma educación).[52] Finalmente, las figuras de mayor influencia en la estructura política taiping eran todos hombres.[53]

También hemos de tener en cuenta que las medidas igualitarias suponían una imposición sobre las mujeres conquistadas, que en muchos casos resistieron. Un ejemplo lo tenemos en la prohibición del vendado de pies: las mujeres taiping pasarían revista a las conquistadas y aquellas que no se hubieran quitado los vendajes serían golpeadas, azotadas y en algunos casos hasta les cortarían un pie.[54] La nueva participación en áreas de trabajo masculinas podía ser forzada, trato que sería más inhumano aún para mujeres cuyos pies fueron vendados en el pasado.[55] Además la segregación por sexo suponía separarlas de sus familias, y muchas terminaron suicidándose ante la perspectiva del acuartelamiento.[56]

No sabemos si los taiping hubieran avanzado hacia una mayor igualdad o se habrían tornado más reaccionarios con el tiempo porque la rebelión fue derrotada, pero no cabe duda de que sus cambios fueron considerados radicales en aquel momento. Como señala Kazuko Ono: “[el orden social comunitario taiping] conllevó la disolución, aunque fuera por poco tiempo, de la familia tradicional patriarcal.”[57] y contemporáneos como Zeng Guofan describieron la rebelión como “una crisis sin precedentes en la historia de los principios éticos.”[58]

Conclusiones

Este artículo ha pretendido mostrar que igualdad entre los sexos fue defendida por movimientos anteriores o ajenos al feminismo. Cabe replantearse, por tanto, la idea de que creer en dicha igualdad convierte a alguien necesariamente en feminista, ya que su base teórica para alcanzarla es una de las múltiples que han existido.

Se podría argumentar que todos los movimientos aquí descritos tenían sus limitaciones y no eran absolutamente igualitarios, pero como señalamos al principio, el feminismo también recurre a sus principios teóricos para justificar desigualdades específicas e ignora muchas de las que afectan a los varones.

En definitiva, los ejemplos expuestos en este artículo plantean la necesidad de separar la idea de igualdad de los principios en que se basa para alcanzarla, y cómo este mismo concepto puede entenderse. Creer en la igualdad no implica aceptar un bagaje teórico que, como ocurrió con otros movimientos, también puede prestarse a contradicciones y abusos. Porque el feminismo no fue el único que buscó la igualdad, y tampoco tiene por qué ser el último.    

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Notas

[1] Lauren McMillan, «The Rise of the F Word: Feminism», The Cultural History of Philosophy Blog School of History. Queen Mary University of London, 28 de noviembre de 2015, https://blogs.history.qmul.ac.uk/philosophy/2015/11/28/feminism/.

[2] Nancy F. Cott, The Grounding of Modern Feminism (New Haven and London: Yale University Press, 1987), 15.

[3] Jessica Derleth, «“Kneading Politics”: Cookery and the American Woman Suffrage Movement», The Journal of the Gilded Age and Progressive Era 17, n.o 3 (julio de 2018): 450-74, https://doi.org/10.1017/S1537781418000063.

[4] Linda Nicholson, «Feminism in “Waves”: Useful Metaphore or Not?», en Feminist Theory Reader: Local and Global Perspectives, ed. Carole Mccann y Seung-kyung Kim (New York and Abingdon: Routledge, 2013), 50.

[5] Maja Angelovska y Ruzhica Cacanoska, «Historical and Cultural Implications of Bogomilism», Occasional Papers on Religion in Eastern Europe 36, n.o 4 (1 de julio de 2016): 45.

[6] Elizabeth Gillan Muir, Women’s History of the Christian Church: Two Thousand Years of Female Leadership (Toronto, Buffalo and London: University of Toronto Press, 2019), 146.

[7] Angelovska y Cacanoska, «Historical and Cultural Implications of Bogomilism», 46.

[8] Georgi Vasilev, «Bogomils, Cathars, Lollards and the High Social Position of Women during the Middle Ages», Facta Universitatis 2, n.o 7 (2000): 326-27.

[9] Angelovska y Cacanoska, «Historical and Cultural Implications of Bogomilism», 45.

[10] Vasilev, «Bogomils, Cathars, Lollards and the High Social Position of Women during the Middle Ages», 326.

[11] Vasilev, 326.

[12] Angelovska y Cacanoska, «Historical and Cultural Implications of Bogomilism», 46.

[13] D’Ann Campbell, «Women’s Life in Utopia: The Shaker Experiment in Sexual Equality Reappraised — 1810 to 1860», The New England Quarterly 51, n.o 1 (1978): 25, https://doi.org/10.2307/364589.

[14] Shakers, Testimonies of the Life, Character, Revelations, and Doctrines of Mother Ann Lee, 2nd Edition (Albany, New York: AMS Press, 1888), 105.

[15] Campbell, «Women’s Life in Utopia», 26-27.

[16] Susan M. Setta, «When Christ Is a Woman: Theology and Practice in the Shaker Tradition», en Unspoken Worlds: Women’s Religious Lives, ed. Nancy Auer Falk y Rita M. Gross, 3rd Edition (Belmont: Wadsworth Thompson Learning, 2001), 269.

[17] Campbell, «Women’s Life in Utopia», 27.

[18] Priscilla J. Brewer, «“Tho’’ of the Weaker Sex”: A Reassessment of Gender Equality among the Shakers”», Signs 17, n.o 3 (1992): 630.

[19] Campbell, «Women’s Life in Utopia», 25.

[20] Shakers, Testimonies of the Life, Character, Revelations, and Doctrines of Mother Ann Lee, 17.

[21] Brewer, «Tho’ of the Weaker Sex», 613.

[22] Glendyne R. Wergland, Sisters in the Faith: Shaker Women and Equality of the Sexes (Boston: University of Massachusetts Press, 2011).

[23] Frederick William Evans, Shakers: Compendium of the Origin, History, Principles, Rules and Regulations, Government, and Doctrine of the United Society of Believers in Christ’s Second Appearing (New York: Appleton, 1859), 54. [Énfasis en el original]

[24] Campbell, «Women’s Life in Utopia», 24.

[25] Tisa J. Wenger, «Female Christ and Feminist Foremother: The Many Lives of Ann Lee», Journal of Feminist Studies in Religion 18, n.o 2 (2002): 5.

[26] Brewer, «Tho’ of the Weaker Sex», 633.

[27] Brewer, 633.

[28] Sheila Wright, «Truly Dear Hearts: Family and Spirituality in Quaker Women’s Writings 1680-1750», en Women, Gender and Radical Religion in Early Modern Europe, ed. Sylvia Brown, Studies in Medieval and Reformation Traditions (Leiden and Boston: BRILL, 2007), 105.

[29] Helen Plant, «Gender and the Aristocracy of Dissent: A Comparative Study of the Beliefs, Status and Roles of Women in Quaker and Unitarian Communities, 1770-1830, with Particular Reference to Yorkshire» (PhD Thesis, York, United Kingdom, University of York, 2000), 62.

[30] Sarah Apetrei, «A “Remarkable Female of Womankind”: Gender, Scripture and Knowledge in the Writings of M. Marsin», en Women, Gender and Radical Religion in Early Modern Europe, ed. Sylvia Brown, Studies in Medieval and Reformation Traditions (Leiden and Boston: BRILL, 2007), 147.

[31] Wright, «Truly Dear Hearts: Family and Spirituality in Quaker Women’s Writings 1680-1750», 104-5.

[32] Wright, 105.

[33] Christopher Densmore, «Radical Quaker Women and the Early Women’s Rights Movement», Quakers & Slavery, accedido 23 de marzo de 2020, http://web.tricolib.brynmawr.edu/speccoll/quakersandslavery/commentary/themes/radical_quaker_women.php.

[34] Densmore.

[35] Margaret H. Bacon, «Quaker Women and the Charge of Separatism», Quaker History 69, n.o 1 (1980): 23, https://doi.org/10.1353/qkh.1980.0010.

[36] Densmore, «Radical Quaker Women and the Early Women’s Rights Movement».

[37] Densmore.

[38] Maria Luisa A Valdez, «Gender Equality Manifested in the Selected Works of the Bahá’í Faith Leaders: Implications on Peace Advocacy», Asia Pacific Journal of Multidisciplinary Research 5, n.o 4 (noviembre de 2017): 10.

[39] Valdez, 17.

[40] Howard McNutt, La promulgación de la Paz Universal. Charlas pronunciadas por ’Abdu’l-Bahá durante Su visita a los Estados Unidos y Canadá en 1912., trad. Manuel Caballero (Biblioteca Baháʼí, 1990), 92, 94, 124, 189.

[41] McNutt, 149, 188, 196.

[42] McNutt, 291, 321; ‘Abdu’l-Bahá, La sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá. Conferencias de París – 1911, trad. Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de España, Primera edición (Terrassa, Barcelona: Editorial Bahá’í de España, 1996), 222-23. [Énfasis añadido]

[43] Manuel Caballero, trad., Selecciones de los escritos de ‘Abdu’l-Bahá (Biblioteca Baháʼí, 1993), 61.

[44] Saba Farbodkia, «Is My Baha’i Faith Compatible with Feminism? By Saba Farbodkia», Feminism and Religion (blog), 9 de enero de 2014, https://feminismandreligion.com/2014/01/09/is-my-bahai-faith-compatible-with-feminism-by-saba-farbodkia/.

[45] McNutt, La promulgación de la Paz Universal. Charlas pronunciadas por ’Abdu’l-Bahá durante Su visita a los Estados Unidos y Canadá en 1912., 184.

[46] The Editors of Encyclopaedia Britannica, «Taiping Rebellion», en Encyclopædia Britannica, accedido 23 de marzo de 2020, https://www.britannica.com/event/Taiping-Rebellion.

[47] Anónimo, «The Land System of the Heavenly Kingdom», en The Taiping Rebellion: History and Documents, de Michael Franz, vol. 2, 3 vols., Far East & Russian Institute Publications on Asia (Seattle: University of Washington Press, 1971), 313-15, https://sourcebooks.fordham.edu/mod/taiping.asp.

[48] Richard P. Bohr, «Chinese Taiping Rebellion (1851-1864)», en The Encyclopedia of Political Revolutions, ed. Jack A. Goldstone (New York and London: Routledge, 2014), 97.

[49] Vincent Yu-chung Shih, The Taiping Ideology: Its Sources, Interpretations, and Influences (Seattle and London: UBC Press, 1967), 65.

[50] Bohr, «Chinese Taiping Rebellion (1851-1864)», 97.

[51] Bohr, 97.

[52] Anónimo, «The Land System of the Heavenly Kingdom».

[53] John Lovelle Withers, The Heavenly Capital: Nanjing Under the Taiping, 1853-1864 (New Haven: Yale University, 1983), 134.

[54] Kazuko Ono, Chinese Women in a Century of Revolution, 1850-1950, ed. Joshua A. Fogel (Stanford, California: Stanford University Press, 1989), 11.

[55] Withers, The Heavenly Capital: Nanjing Under the Taiping, 1853-1864, 130.

[56] Shih, The Taiping Ideology, 68.

[57] Ono, Chinese Women in a Century of Revolution, 1850-1950, 22.

[58] Ono, 22.

5 comentarios sobre “Movimientos sexualmente igualitarios antes del feminismo

  1. Excelente articulo, desde hace mucho sabia de la existencia de movimiento igualitarios que surgieron dentro de grupos religiosos, aunque no tenia idea de lo implicada que estaba la fe bahai con la igualdad de genero; otro movimiento que posiblemente (no estoy del todo seguro ya que no he averiguado al fondo sobre el) también defendio la igualdad de genero antes del feminismo fue el mazdekismo surgido en la Persia Sasanida, que abogaba por el amor libre entre hombres y mujeres ademas que buscaba abolir el matrimonio como institución y permitir el divorcio.

    A mi me da una artritis cada vez que leo/escucho a alguien decir que no se puede ser feminista y de derechas, o que si eres conservador no puedes abogar por la igualdad de genero, o que si eres una persona de fe o religiosa obligatoriamente apoyas el supremacismo masculino sobre la mujer , cuando no solo ha habido mujeres conservadoras y de derechas que han sido feministas, sino que en su conformación como movimiento contó gran apoyo de sectores religiosos y conservadores; aparte de demostrar lo débil que es la narrativa maniquea de que la lucha por la igualdad de genero es una batalla entre los hombres por preservar privilegios y las mujeres por detener la opresión, cuando muchísimos hombres han luchado/luchan por las causas femeninas mientras muchas mujeres han apoyado/apoyan de forma vehemente ideas opresivas o de llano retrogradas con ellas mismas.

      1. Si el comentario de Rogelio es el correcto, como pareces admitir. Quiere decir que el feminismo tenía (y tiene, razón): que las mujeres están oprimidas, que los hombres tenemos que deconstruir nuestros privilegios, que somos tóxicos, que somos violentos, que hay una cultura de la violación, que nos pagan más por el mismo trabajo, que existe un supremacismo masculino… y que tenemos que apoyar sin fisuras al feminismo y a las feministas. Que todas las cuotas, leyes, subvenciones y monopolios del adoctrinamiento que se le den son pocas para tan loable causa. Y, por tanto, esta web tendrá que adaptarse a la nueva realidad.

      2. Me huele a troleo pero te daré el beneficio de la duda. Mi respuesta se compone de dos partes:

        1. Agradecer a que le haya gustado el artículo
        2. Reforzar la idea principal del artículo: que se puede creer en la igualdad sin ser feminista

        Para clarificar, y como he dicho numerosas veces, el intercambio tradicional entre los sexos era uno de estatus por protección. En la actualidad el feminismo exige el mismo estatus entre los sexos (lo cual es justo), pero sigue demandando una mayor protección. Detalles en este artículo:

        https://hombresgeneroydebatecritico.wordpress.com/2019/01/04/diez-razones-para-cambiar-la-narrativa-de-la-opresion-masculina-al-intercambio-de-estatus-por-proteccion-entre-los-sexos/

        Y es ahí donde mi idea de igualdad no coincide con la del feminismo, y por lo que creo en la igualdad sin ser feminista.

  2. Quisiera aclarar que hasta hace poco fue que descubrí esta pagina, y verdaderamente el movimiento masculinista es nuevo para mi, igualmente nunca me he considerado a mi mismo como feminista ni he militado en movimiento alguno de ese estilo; y si llegue aquí fue porque me perturbaban muchos argumentos feministas que se toman como verdades absolutas ( patriarcado, masculinidad toxica, hombre completamente privilegiado y mujer completamente sumisa y oprimida, entre otros).

    A ver con mi comentario nunca quise darle o quitarle razón al feminismo, sino demostrar lo débil y absurdo que es el argumento de la gente que trata de monopolizar la lucha por la igualdad de genero, ademas de la acrobacias mentales de querer ligarlo con las luchas raciales y de clases, como si esas cosas fueran monopolio de cierto sector político y de paso justificarlo con una lógica barata cuando no mas lo hacen para tener un arma arrojadiza política, descalificando al adversario y queriendo hacer ver que ellos son los buenos y sus opositores son los malos.

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