Violencia marital contra los hombres en países islámicos. Los casos de Irán y Arabia Saudí

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La violencia hacia la pareja masculina es un área que está recibiendo cada vez más atención en los países occidentales, llegando incluso a existir casas de acogida que aceptan a hombres maltratados[1] y líneas telefónicas especializadas.[2] En los países de mayoría musulmana, por el contrario, la información en cuanto a hombres maltratados es escasa, en contraste con la literatura académica sobre violencia contra la mujer.

Existen razones para explicar la disparidad: al contrario que en Occidente, donde los cónyuges son iguales ante la ley, en ciertos países como Irán o Arabia Saudí el estatus legal de cada sexo es diferente, las leyes que rigen el matrimonio tampoco son igualitarias y la expectativa cultural de sumisión femenina es marcada. Como se indicó en artículos anteriores, esto no significa que la situación del varón sea envidiable ni mucho menos, pero su posición de autoridad en las relaciones conyugales puede otorgar legitimidad a determinadas formas de violencia, algo que no ocurriría a la inversa.

Expuestas varias de las razones por las que una forma de violencia recibe más atención, es necesario indicar que la violencia conyugal contra el hombre en países islámicos no deja de existir por ello. Recordemos que también la encontramos en Europa y Estados Unidos en el pasado, donde igualmente el cabeza de familia esgrimía una mayor autoridad sobre aquellos que se encontraban bajo su protección e incluso podía contar con el derecho de corrección. En algunos países se humillaba al agredido sentándolo alrevés en un burro, o a la agresora con una cencerrada, entre otros ejemplos.[3]

Sobre el por qué de la violencia en la pareja, Soledad Murillo de la Vega escribió que:

Sabemos bien que las interacciones sentimentales son extraordinariamente complejas, pero no siempre los desacuerdos recurren a la palabra y menos aún a pactos en los que se explicite lo que cada persona espera de la otra. Todo lo contrario, la pareja también es un escenario de poder. Un poder que no se muestra públicamente, se reproduce en la intimidad de una relación sentimental, se justifica en nombre del amor y requiere de una sistemática expropiación de la identidad. Además, contiene una firme desautorización de todo rasgo de individualidad, recurriendo desde los agravios, hasta los golpes.[4]

Aunque de la Vega utilizó este argumento con la agresión masculina en mente para apoyar la Ley Integral contra la Violencia de Género en España, lo cierto es que me resulta más ilustrativo para explicar la violencia femenina. Por ejemplo la pareja como escenario de poder, y particularmente el hogar, en disputa por la autoridad masculina y el poder femenino de facto en dicha área; o que el poder se muestre y dispute en la intimidad, mientras que en público se haga deferencia a la autoridad masculina, como explicó la antropóloga Susan Carol Rogers;[5] o la expropiación de la identidad y desautorización de los rasgos de individualidad para reducir al otro a su rol de género, como también se mostró en los artículos sobre la figura de la incitadora en la guerra y las deudas de sangre.[6] En definitiva: las normas sociales pueden saltar por los aires en la intimidad del hogar o utilizarse para justificar la agresión y el maltrato.

Aunque no pretendo reducir un fenómeno tan complejo como la violencia en la pareja a una disputa de poder o a la maldad individual, en ocasiones tiende a confundirse el estatus subordinado o de víctima con el de superioridad moral. Sin embargo, deteniéndonos por ejemplo en el trato de algunas mujeres saudíes a sus empleadas domésticas, casi siempre inmigrantes, podemos comprobar cómo la subordinación a la autoridad masculina no implica en absoluto incapacidad para la violencia y el maltrato.[7]

A fin de explicar la violencia marital o de pareja en países no occidentales, se ha recurrido a tres modelos: la teoría del patriarcado (o teoría feminista), la hipótesis de vigilancia de la pareja (mate-guarding, derivada de la psicología evolucionista) y la hipótesis del rol social defendida por John Archer. Sólo esta última, como explicaremos más adelante, tiene en cuenta la violencia de las mujeres hacia sus parejas masculinas, y por tanto los datos encontrados en la elaboración de este artículo se inclinan hacia ella. 

Qué sabemos de la violencia marital contra los hombres

Aunque los datos son escasos, el Barómetro Árabe realizó un sondeo en diferentes países donde se muestra qué porcentaje hombres y mujeres son víctimas de violencia doméstica.

Fuente: Donia Smaali Bouhlila, «Sexual Harassment and Domestic Violence in the Middle East and North Africa», Domestic Violence, Wave V (Arab Barometer, diciembre de 2019), 32-33. https://www.arabbarometer.org/wp-content/uploads/Sexual-Harassement-Domestic-Violence-Arab-Citizens-Public-Opinion-2019.pdf.

Los resultados muestran que los hombres son víctimas de violencia doméstica en mayor medida que las mujeres. En principio no se ocultan actos de violencia tolerada o interpretada como “merecida”, ya que el cuestionario preguntaba por actos concretos (empujones, golpes, etc.) y no por su interpretación, si bien es cierto que desconocemos cuánta de esa violencia pudo ser en defensa propia. Sea como sea, ha de señalarse que en este sondeo violencia doméstica no equivale a violencia conyugal, pues el documento describe el primer término como la violencia ejercida por un miembro de la familia sobre otro. Es decir, se trata de violencia intrafamiliar. Desconocemos cuánto de la violencia reportada por los hombres (o las mujeres) fue ejercida por su cónyuge, pues el sondeo no ofrece esta información.

Debido a la mayor segregación sexual en los países mayoría musulmana, es bastante probable que buena parte de la violencia proceda de personas del mismo sexo. En este documento de la Autoridad Nacional Palestina podemos ver por ejemplo que, si excluimos al marido, son la madrastra y la suegra quienes protagonizan las agresiones. Y debo apuntar que me resultó sorprende que las mujeres indicaran mayor agresión sexual por parte de mujeres extrañas que de hombres extraños, aunque la diferencia fuera mínima.[8]

Fuente: «Main Findings of Violence Survey in the Palestinian Society», Press Release (Ramallah: Palestinian Central Bureau of Statistics, 2011), 29, http://www.pcbs.gov.ps/portals/_pcbs/pressrelease/el3onf2011_e.pdf.

Pese a que no existen datos comparables para los hombres, lo más probable es que con excepción de la esposa, la mayor parte de la violencia experimentada por los varones sea igualmente intrasexual. Para examinar la violencia conyugal (no solamente intrafamiliar) hacia los hombres, se hace necesario examinar otras fuentes. Y como veremos, tampoco están exentas de problemas.

El documento citado sobre los territorios palestinos señala que un 37% de las mujeres sufrió violencia por parte de sus maridos, mientras que un 17% de los maridos la sufrió a manos de sus mujeres. El problema en este caso, como en otros estudios, es que son las mujeres quienes informan tanto de las agresiones recibidas como de las realizadas.[9] Es decir: se pregunta si han ejercido violencia contra sus maridos, pero no hay maridos a los que se pregunte si recibieron agresiones por parte de sus mujeres. Tampoco sabemos cuánta de esa violencia se ejerció en defensa propia.

Un informe de ONU Mujeres que incluía Egipto, Líbano y Marruecos, adolece del mismo problema: mientras que se pregunta a hombres y mujeres por las agresiones que ellas reciben, sólo se pregunta a las mujeres por las agresiones realizadas hacia a sus esposos.[10] Teniendo en cuenta que el documento se titula “Understanding Masculinities” (entendiendo masculinidades) y que las agresiones experimentadas por los varones se relegan a notas al pie del documento, la metodología pasa de ser inadecuada a deshonesta.

En cualquier caso el informe señala que en Egipto el 10% de los hombres habría experimentado maltrato por parte de su cónyuge,[11] frente al 66%-82% de las mujeres, con el primer porcentaje representando las respuestas de ellas y el segundo las de ellos.[12]

En Marruecos, el porcentaje de hombres que experimentó maltrato por parte de sus parejas se elevaría al 38%.[13] Para las mujeres no se nos ofrece un porcentaje claro, pero estaría por encima del 51,3%, que constituye la violencia emocional (61,2% si se atiende a las respuestas de mujeres).[14] Otras formas de violencia como la agresión física son menos frecuentes, y no se indica hasta qué punto se superponen con la violencia emocional o económica.  

Para Líbano el porcentaje de mujeres que sufrió maltrato se encontraría entre el 23% y el 27%, mientras que no hay datos sobre los hombres (o no se ofrecen).[15] Por último, en los territorios palestinos ocurre como con Marruecos: no se indica hasta qué punto se superponen las distintas formas de maltrato experimentado por la mujer, pero el tipo más elevado (el emocional) se encuentra en torno al 39,8% y el 45,9%, dependiendo de si se pregunta a ellos o a ellas.[16] Ocurre algo similar en el caso de la violencia experimentada por los hombres, con el tipo más alto reportado (abofetear o arrojar un objeto) representando el 8%.[17]

Me gustaría detenerme aquí un momento porque es en este punto cuando podemos apreciar mejor el sesgo que contiene el informe de ONU Mujeres. Para los territorios palestinos, se nos informa de tres tipos de violencia hacia el hombre: abofetear o arrojar objetos (8%), empujones de diversa agresividad (2%) y golpear con un puño u objeto (2%). Cabe preguntarse por qué no se incluye la violencia emocional, que sospechamos tendría un porcentaje más elevado. ¿Podría ser que este tipo de violencia no se encontraba en los cuestionarios que preguntaban a las mujeres por el maltrato ejercido hacia sus maridos? La respuesta es “no”, pues como comprobamos en el caso de Marruecos, la violencia emocional hacia los hombres sí se recoge (y ahí por el contrario, se omite información sobre violencia física).

La vaguedad con la que se trata la violencia hacia el hombre es cuanto menos interesante. En el caso de los territorios palestinos se dividen las categorías “empujar” y “golpear”, mientras que para Egipto ambas se unifican bajo el mismo grupo. Por otra parte, en Líbano los bajos porcentajes encontrados de maltrato a la mujer son precedidos por una página entera que explica la dificultad de que las mujeres revelen los auténticos índices de maltrato y cómo otros estudios han obtenido números más elevados.

Si comparamos los hallazgos del informe de ONU Mujeres con los resultados ofrecidos por otros estudios que incluyen a hombres, la diferencia es notable. Por ejemplo uno sobre Pakistán con una muestra de 140 personas, encontró que el 63% se identificaba como víctima de violencia doméstica. Dentro de esa cifra el 64% de las víctimas fueron mujeres y el 36% hombres. Es decir, una de cada tres víctimas de violencia en la pareja sería un varón, y de ellos el 66% habría sido físicamente agredido por su pareja.[18]

Otro estudio, esta vez realizado a estudiantes universitarios jordanos, reportó que el 17% de los chicos y el 16% de las chicas había presenciado violencia por parte de su padre hacia su madre, considerándose un problema “muy grave” por el 70% de los encuestados. Al mismo tiempo, el 13% de los chicos y el 10% de las chicas presenció violencia por parte de su madre hacia su padre, con el 59,6% considerando que se trataba de un problema “muy grave.”[19]

Por último, un estudio internacional basado en el entorno universitario, recogió la siguiente información para Irán: el 95,5% de los varones y el 71,4% de las mujeres habría agredido a sus parejas, tratándose de una agresión grave para el 18,2% de los chicos y el 15,7% de las chicas.[20] Sin embargo, técnicamente no se trata de violencia marital, por lo que estos resultados no serán incluidos en el apartado de este artículo para Irán.

El informe de ONU Mujeres, como vimos, relega los hallazgos a notas al pie del documento, pregunta exclusivamente a las mujeres, y expone los resultados de una manera deficiente. Todo ello parece destinado a minimizar el maltrato hacia el hombre en un informe que teóricamente se centra en los varones. Teniendo en cuenta que porcentajes elevados de víctimas masculinas no implica negar la discriminación que experimentan las mujeres, cabe preguntarse la motivación de hacerlo.

Una posible respuesta la encontré en un artículo de John Archer de 2006 que justamente se preguntaba si la bidireccionalidad en las agresiones de pareja se daba fuera del contexto occidental. El resultado fue que en Occidente existía una mayor bidireccionalidad, mientras que en otras culturas la agresión masculina era mayor. Sin embargo, la agresión femenina continuaba siendo considerable, por lo que la teoría del patriarcado (o teoría feminista) y la hipótesis de “vigilar a la pareja” (mate-guarding, basado en la psicología evolucionista) le resultaron insuficientes para explicar el fenómeno.

Archer determinó que la hipótesis del rol social era la más adecuada, y ésta se basa en que la división sexual del trabajo constituye el motor de los comportamientos diferenciados por sexo, al resumir las limitaciones impuestas bajo las que hombres y mujeres desarrollan sus vidas.[21] Esto podría explicar que las mujeres agredieran a sus maridos por no cumplir con su papel asignado. De hecho el trabajo de Archer es el único donde he encontrado que además de preguntar cuándo es justificable abofetear a la mujer, haya preguntado también a las mujeres cuándo es aceptable abofetear a sus maridos, ofreciendo porcentajes similares en muchos casos.[22] De hecho, en los motivos generales de agresión femenina, encontró que “no cumplir con su papel” y “celos” constituían las principales motivaciones, más que la defensa propia. Sin embargo los datos siguen siendo escasos y aunque se correspondan a países no occidentales, no provienen necesariamente de países musulmanes.[23]

Independientemente de si nos decantamos por la hipótesis del rol social o no, el hecho de que ONU Mujeres tenga como punto de partida la teoría feminista influye tanto en su metodología como en la forma en que presenta sus resultados, algo que podría explicar la disparidad.

Para salir de dudas, decidí explorar los datos disponibles más allá de los informes de ONU Mujeres y del artículo de Archer, a fin de determinar hacia qué lado se inclinaba la balanza. Debido a que no manejo el árabe ni otras lenguas regionales, he tenido que limitarme a la documentación disponible en inglés. Este material se centra en dos países: Arabia Saudí e Irán.

Arabia Saudí

El número de hombres víctimas de violencia marital en Arabia Saudí varía enormemente dependiendo de la institución que emite los datos. Según la Sociedad Nacional para los Derechos Humanos, de los 2.750 casos de violencia doméstica que ocurren anualmente, 44 tendrían como víctima al hombre (tomando el año 2014 como modelo).[24] Esta cifra se correspondería a la idea popular que se tiene sobre el maltrato en países de mayoría musulmana: el hombre como víctima sería anecdótico. Las cifras manejadas por el Registro Nacional para la Seguridad Familiar ofrecen números más altos: 152 casos en 2011, esta vez especificando que se trataría a manos de una mujer, típicamente su esposa.[25]

La sorpresa llega cuando se consultan los datos emitidos por el Ministerio de Justicia: en 2016 se registraron 8.016 casos de violencia doméstica contra la mujer frente a 8.020 de violencia doméstica contra el hombre, incluyendo abuso físico y psicológico.[26] Ahora bien, ¿en cuántos de estos 8.020 casos podemos identificar a la esposa como agresora? Aunque no es posible determinarlo con certeza, hay otra fuente que nos hace sospechar que el porcentaje podría ser significativo.

El Centro de Wahei para el Consejo Social recibió 557.000 llamadas de hombres saudíes buscando ayuda en calidad de víctimas de violencia doméstica a manos de sus esposas.[27] Aquí también debe apuntarse que un hombre podría haber realizado múltiples llamadas y por ello el número no refleja la cantidad de maridos potencialmente agredidos (además de que no se registran como denuncias). Sin embargo la cifra sugiere que, como en el caso de las mujeres, se denuncian muchos menos casos de los que ocurren.

Quería cerrar este apartado sobre Arabia Saudí indicando que desde 2013 el gobierno ha realizado campañas para combatir la violencia marital contra la mujer.[28] Probablemente sea impensable realizar una que incluya al hombre, al tratar a la mujer como a una menor de edad, pero en cualquier caso es difícil pedir a Arabia Saudí una inclusión que en países más igualitarios como España encuentra una feroz resistencia

Irán

Al contrario que en el caso de Arabia Saudí, la información que he podido encontrar sobre la violencia marital en Irán no proviene de instituciones oficiales, sino de dos estudios académicos: uno que analiza el problema a nivel cuantitativo (en farsi) y otro a nivel cualitativo (en inglés) que hace referencia al primero.

Mohammadkhani, P. et al. emplearon una muestra de 460 hombres y mujeres en Teherán que reveló los siguientes datos sobre violencia en la pareja:

  • El 69,1% de los hombres y el 74,3% de las mujeres habrían experimentado violencia física.
  • El 72,6% de los hombres y el 73,5% de las mujeres habrían sufrido violencia psicológica.
  • El 46,5% de los hombres y el 53% de las mujeres habrían sido sexualmente agredidos.
  • El 62,6% de los hombres y el 63% de las mujeres habrían sufrido heridas.[29]

Aunque el artículo se encuentra en farsi -y los porcentajes corresponden a la cita que Soheila Sadeghi-Fasaei and Seyed Ehsan Kheirkhah Zadeh hacen de ese estudio- su resumen en inglés indica que se trata de violencia conyugal y no violencia doméstica en general.[30]

Los resultados de agresión sexual son como mínimo sorprendentes. Una explicación podría ser que, como indica el estudio cualitativo de Fasaei y Zadeh, hay hombres que consideran violencia sexual el hecho de que la mujer se niegue a acostarse con ellos. Sin embargo, Mohammadkhani, P. et al. emplearon la Escala de tácticas de conflicto 2, que no incluye esa categoría en su cuestionario sobre agresión sexual. Puede que los autores lo modificaran, pero es algo que no puedo determinar debido a la barrera del idioma.

Del mismo modo, tampoco es posible establecer cuánto de la violencia ha podido ejercerse en defensa propia. Una revisión de la literatura realizada por Murray Strauss encontró que la violencia ejercida en defensa propia supone sólo una pequeña parte de las agresiones,[31] pero no tenemos datos para determinar si un contexto cultural como el de Irán podría alterar este resultado. Y tampoco hemos de olvidar la violencia en defensa propia que ejercerían los hombres.

A diferencia de otros estudios, el trabajo de Fasaei y Zadeh nos muestra una ventana a lo que piensan los hombres que han sido víctimas de maltrato por parte de sus parejas. Por ejemplo un 67% de los participantes no consideraba que las agresiones realizadas por sus esposas constituyeran un delito, y pensaban que no debían informar a la policía o presentar una denuncia, sino tolerar estos problemas y mantenerlos como un asunto familiar. Consideraban que denunciar no les ayudaría, que enfurecería más a la mujer y que la mejor solución era divorciarse.[32]  

Lo interesante es que un 33% de los encuestados consideraba que, si bien la agresión de la esposa hacia el marido no debería considerarse un delito, el mismo comportamiento del marido hacia la mujer era un crimen que debía involucrar a policía y jueces.[33]

El tipo de maltrato reportado con mayor frecuencia es el psicológico y emocional, aunque el estudio también recoge maltrato físico, incluyendo un testimonio donde ambos miembros de la pareja inician la agresión en distintos momentos. Destaca igualmente el maltrato económico, basado por lo general en demandas excesivas, aunque también incluye gasto descontrolado, entregar propiedades o bienes a otros y comparaciones con hombres de mayores ingresos. También se hace referencia a la violencia social, donde se expone el caso de un hombre a quien su esposa humillaba por su linaje rural.

Al contrario que el estudio cuantitativo, que emplea un cuestionario estandarizado como la Escala de tácticas de conflicto 2 y es por tanto comparable a los estudios occidentales, el trabajo de Fasaei y Zadeh incluye categorías de maltrato culturalmente específicas. Algunos entrevistados, en particular los más conservadores y/o de menor nivel educativo, consideraron por ejemplo el abandono de las tareas domésticas o su dejadez como una forma menor de maltrato (comparable quizá a la de un hombre que no cumple con su rol y no busca trabajo). También se consideró violencia sexual el negarse sistemáticamente a tener relaciones sexuales con su marido, y en al menos un caso se debía a que la esposa fue forzada a casarse por su madre. La quizá mayor preocupación, como ocurre en otras naciones, parece encontrarse en la violencia legal, que en Irán se halla estrechamente ligada a la dote.

Para entender por qué las leyes alrededor de la dote son tan controvertidas, señalo que en 2017 se contabilizaron 2.297 hombres encarcelados por no pagarla tras el divorcio,[34] al situarse su precio en decenas de miles de dólares, y en algunos casos superando hasta los $200.000,[35] en un país donde la media de ingresos de una familia no supera los $10.000 anuales.[36] Como afirmó uno de los participantes:

La dote puede exigirse en cualquier momento. Desde el instante en que te casas, tras tener una pequeña pelea, ella exigirá su dote. Puede que ni se hayan ido todavía a vivir juntos. El mayor favor que le puede hacer [la mujer] es permitirle pagar la dote a plazos. Su dote son cuatrocientas monedas de oro. El hombre tiene que pagar una moneda al mes, y cada moneda son 300.000 tomanes. Mientras que el hombre gana 400.000 tomanes. ¿Cómo puede pagarlo? ¿Acaso no necesita pagar comida y alquiler? Es incluso peor si tiene un niño o dos (…). Muchos terminan encarcelados por esta razón. ¿Por qué el hombre tiene que cargar con toda la responsabilidad? Él dice “no tengo dinero”. Ella le responde “[pues] ve a la cárcel.” ¿Por qué se humilla tanto a los hombres? ¿Por qué se da tanto valor a las mujeres? (…) Muchos hombres jóvenes han huido y abandonado el hogar por esta razón. Incluso han dejado atrás niños y han huido.[37]

La amenaza de reclamar la dote también podría otorgar a la mujer poder para ejercer diversas formas de maltrato, como ocurre cuando hay leyes desiguales en otros países.

Conclusiones

Debido a la escasa información disponible, es muy difícil extraer conclusiones sobre el maltrato hacia los hombres en países de mayoría musulmana, pero los pocos datos que existen apuntan a que el fenómeno no es tan raro como podría pensarse. Se trata de un tema huérfano políticamente hablando ya que, a grandes rasgos, desde la izquierda la narrativa de la violencia en la pareja es decididamente unidireccional (el propio concepto de violencia de género excluye al hombre como víctima en su definición). Y desde la derecha, se utiliza el mundo islámico como referente para indicar al feminismo dónde tiene trabajo por hacer, frente a un Occidente que ya habría alcanzado la igualdad y dejado el movimiento obsoleto.

El conocimiento de las lenguas regionales no supone un obstáculo a la hora de encontrar información sobre maltrato a la mujer, existiendo una abundante cantidad de documentos en inglés. Por el contrario, para la agresión marital hacia la pareja masculina, aunque el conocimiento de árabe, farsi u otras lenguas tampoco garantiza que existan más datos o éstos sean accesibles público, tenerlo supone la única alternativa para continuar explorando esta área. Por el momento, no parece haber investigadores (más allá de los citados en este artículo) que hayan explorado el fenómeno y traducido sus trabajos.

Una mayor atención a la violencia conyugal contra el hombre en los países islámicos, además de su valor intrínseco, podría arrojar luz sobre la dinámica del maltrato en las sociedades occidentales. Por el momento la teoría del rol social apoyada por Archer parece tener más sentido, pero es difícil afirmarlo con contundencia hasta que las víctimas masculinas sean incluidas con regularidad en los estudios sobre países de mayoría musulmana.

Anexo. Las dificultades de la investigación

Como curiosidad me gustaría señalar los problemas que encontré en la fase de investigación de este artículo haciendo referencia a un país que quise incluir y no pude (más allá del documento de ONU Mujeres): Egipto. Varios periódicos digitales se hicieron eco de una noticia donde se afirmaba que un 28% de las mujeres egipcias habría agredido físicamente a sus esposos. Los métodos incluían golpear con zapatos, objetos afilados, cinturones, agujas, utensilios de cocina e incluso se menciona que algunas drogaban a sus maridos para que no pudieran resistir.

La noticia generalmente citaba un informe del Instituto Interregional de las Naciones Unidas para Investigaciones sobre la Delincuencia y la Justicia, que indicaba cómo Egipto lideraba el escalafón mundial de mujeres que agredían a sus maridos con un 23%, seguida de Estados Unidos con un 17%.

En la fuente original, Sada El Balad News, encontramos que los métodos y herramientas de agresión se corresponderían a datos recogidos por los tribunales de familia, pero no se indica que el 28% de las mujeres agrediera a sus maridos. Sada El Balad News sí incluye la referencia al informe de Naciones Unidas, pero dicho informe no parece existir. De hecho, nada indica que la institución haya recogido y expuesto este tipo de datos.

Buscando información al respecto encontré un documento del Consejo de Inmigración y Refugiados de Canadá que situaba la cifra de maltratadoras en torno al 20% para Egipto. Sin embargo, el dato hace referencia a un artículo del diario Gulf News donde dicho porcentaje es presentado por un psicólogo (Mohammed Al Hammadi) que a su vez lo atribuye a un estudio sin especificar. Y no es la primera vez que encuentro ese problema: un titular del diario Albawaba afirmaba que “el 40% de los hombres en el mundo árabe experimenta violencia doméstica [por parte de sus parejas].” En realidad la cifra se rastrea a las declaraciones de un juez, que a su vez las atribuye a estudios sin especificar. En definitiva, encontrar datos sobre este tema ha sido bastante difícil y espero que en el futuro la información sea más accesible.


Notas

[1] Lauren Silverman, «More Domestic Violence Shelters For Men Opening», National Public Radio, 15 de julio de 2017, https://www.npr.org/2017/07/15/537381161/more-domestic-violence-shelters-for-men-opening; «Family Shelter for Abused Men and Children», Canadian Centre for Men and Families (blog), 5 de diciembre de 2017, http://www.menandfamilies.org/family-shelter-for-abused-men-and-children/.

[2] Respect, «Men’s Advice Line UK», Men’s Advice Line, 2019, http://mensadviceline.org.uk/.

[3] Malcolm J. George, «Riding the Donkey Backwards: Men as the Unacceptable Victims of Marital Violence»:, The Journal of Men’s Studies 3, n.o 2 (31 de julio de 2016): 137-59, https://doi.org/10.1177/106082659400300203; E. P. Thompson, «Rough Music Reconsidered», Folklore 103, n.o 1 (1992): 3-26.

[4] Soledad Murillo de la Vega, «¿Ha llegado la democracia a la vida privada?», http://www.espacio-publico.com/ha-llegado-la-democracia-a-la-vida-privada.

[5] Susan Carol Rogers, «Female Forms of Power and the Myth of Male Dominance: A Model for Female/Male Interaction in Peasant Society», American Ethnologist 2, n.o 4 (noviembre de 1975): 727-56.

[6] Joshua S. Goldstein, War and Gender: How Gender Shapes the War System and Vice Versa (Cambridge University Press, 2003), 272-74.

[7] En estos artículos pueden encontrar varios casos de mujeres (y hombres) que maltrataron a sus empleadas domésticas. Aunque sólo tratan sobre Arabia Saudí, hay muchos otros ejemplos en Líbano, Kuwait o Catar. Jason Burke, «Saudi Arabian Torment of Migrant Workers at Mercy of Abusive “Madams”», The Guardian, 25 de junio de 2011, sec. Observerd Dispatch, http://www.theguardian.com/world/2011/jun/25/saudi-arabia-migrant-mistreatment; Yanan Wang, «Indian Domestic Worker’s Hand Was Allegedly Chopped off by Saudi Employer», Washington Post, 9 de octubre de 2015, sec. Morning Mix, https://www.washingtonpost.com/news/morning-mix/wp/2015/10/09/indian-domestic-workers-hand-was-allegedly-chopped-off-by-saudi-employer/; Andrew Hammond, «Abused Maids in Saudi Seek Shelter in “Safe Houses”», Reuters, 20 de noviembre de 2006, sec. In Depth, https://www.reuters.com/article/us-life-maids-saudi-idUSL2733204320061120.

[8] «Main Findings of Violence Survey in the Palestinian Society», Press Release (Ramallah: Palestinian Central Bureau of Statistics, 2011), 29, http://www.pcbs.gov.ps/portals/_pcbs/pressrelease/el3onf2011_e.pdf.

[9] «Main Findings of Violence Survey in the Palestinian Society», 10.

[10] «Understanding Masculinities: Results for the International Men and Gender Equality Suvey (IMAGES) : Egypt, Lebanon, Morocco, and Palestine» (Cairo and Washington D.C.: UN Women and Promundo, 2017), 80 n. 21, 133 n. 23 y 245 n. 17.

[11] «Understanding Masculinities», 80, n. 21. El maltrato lo describo aquí como la suma de violencia física, psicológica y sexual.

[12] «Understanding Masculinities», 81.

[13] «Understanding Masculinities», 133, n. 23.

[14] «Understanding Masculinities», 133.

[15] «Understanding Masculinities», 189.

[16] «Understanding Masculinities», 245.

[17] «Understanding Masculinities», 245, n. 17.

[18] Niaz Unaiza, Hassan Sehar, y Tariq Qudsia, «Psychological Consequences of Intimate Partner Violence: Forms of Domestic Abuse in Both Genders», Pakistan Journal of Medical Science 18, n.o 3 (septiembre de 2002): 205, 212.

[19] Sharon K. Araji y John Carlson, «Family Violence Including Crimes of Honor in Jordan: Correlates and Perceptions of Seriousness», Violence Against Women 7, n.o 5 (30 de junio de 2016): 601, https://doi.org/10.1177/10778010122182613.

[20] Esteban Eugenio Esquivel-Santoveña, Teri L. Lambert, y John Hamel, «Partner Abuse Worldwide», Partner Abuse 4, n.o 1 (1 de enero de 2013): 27, https://doi.org/10.1891/1946-6560.4.1.6.

[21] John Archer, «Cross-Cultural Differences in Physical Aggression Between Partners: A Social-Role Analysis»:, Personality and Social Psychology Review 10, n.o 2 (21 de diciembre de 2016): 133, https://doi.org/10.1207/s15327957pspr1002_3.

[22] Archer, 149.

[23] Archer, 142.

[24] «Domestic Violence against Men ‘Widespread’», Arab News, 18 de abril de 2015, sec. Saudi Arabia, https://www.arabnews.com/saudi-arabia/news/734236.

[25] Fowzah Khadhar, «Liberation, Patriarchal Practices and Women’s Use of Violence in the Domestic Setting in Saudi Arabia» (doctoral, Nottingham, Nottingham Trent University, 2018), 3, http://irep.ntu.ac.uk/id/eprint/35207/.

[26] Khadhar, 2.

[27] Khadhar, 2.

[28] Mohamed El Dahshan, «The Surprising New Fight against Domestic Violence in Saudi Arabia», Foreign Policy, accedido 17 de junio de 2020, https://foreignpolicy.com/2013/05/30/the-surprising-new-fight-against-domestic-violence-in-saudi-arabia/.

[29] Parvane Mohamadkhani et al., «Family Violence Pattern Prevalence, Enacting or Experiencing Violence in Men or Women», Social Welfare Quarterly 5, n.o 21 (10 de julio de 2006): 205-24 en Soheila Sadeghi-Fasaei, «Approaching Domestic Violence against Men in Iranian Context: A Qualitative Study from Tehran, Iran», International Journal of Social Sciences 6, n.o 1 (2017): 2, https://doi.org/10.5958/2321-5771.2017.00001.1.

[30] Mohamadkhani et al., «Family Violence Pattern Prevalence, Enacting or Experiencing Violence in Men or Women». http://refahj.uswr.ac.ir/article-1-2051-en.html

[31] Murray A. Straus, «Thirty Years of Denying the Evidence on Gender Symmetry in Partner Violence: Implications for Prevention and Treatment», Partner Abuse 1, n.o 3 (1 de julio de 2010): 337-38, https://doi.org/10.1891/1946-6560.1.3.332.

[32] Sadeghi-Fasaei, «Approaching Domestic Violence against Men in Iranian Context», 3.

[33] Sadeghi-Fasaei, 4.

[34] Agence France Presse, «Iran Pre-Nups Land Thousands of Men in Jail», The National, 19 de marzo de 2017, sec. World, https://www.thenational.ae/world/iran-pre-nups-land-thousands-of-men-in-jail-1.81305. Hasta 1.700 han sido liberados cuando ciudadanos acaudalados han decidido pagar sus deudas como gesto de caridad islámica.

[35] Deutsche Welle, Reuters, y Hamshahry, «In Iran, Grooms to Escape Jail over Dowry Debts», DW.Com, 19 de agosto de 2015, sec. Top Stories, http://www.dw.com/en/in-iran-grooms-to-escape-jail-over-dowry-debts/a-18658344. Sólo en 2015 se han  propuesto medidas para que el hombre pueda pagar la deuda a plazos en lugar de ir a la cárcel, lo cual para muchos significará pagar durante el resto de sus vidas. La cárcel todavía se considera si se descubre que el hombre podía pagar cuando había anunciado que no tenía medios.

[36] «Iranian Household Income, Expense Balanced Out Last Year», Financial Tribune, 24 de septiembre de 2016, sec. Domestic Economy, https://financialtribune.com/articles/domestic-economy/50399/iranian-household-income-expense-balanced-out-last-year.

[37] Sadeghi-Fasaei, «Approaching Domestic Violence against Men in Iranian Context», 6.

4 comentarios sobre “Violencia marital contra los hombres en países islámicos. Los casos de Irán y Arabia Saudí

  1. Hola. No entendí el tema de la dote, pienso que la dote es el dinero que aporta la mujer, o más bien la familia de la mujer al matrimonio. Entonces la mujer exige su dote , porque se ha enfadado, y el marido no se la da porque no tiene dinero ¿En qué se ha gastado la dote entonces ? . Y el marido huye abandonando a sus niños . Creo que ahí tiene que haber algo más que una mujer maltratadora y un hombre que huye . Tiene que haber algo detrás de eso .

    1. El problema es que escogí la palabra “dote” para describir esta transacción, y el término efectivamente es incorrecto, porque no es una dote (como se entiende en español). Tendría que haber usado sólo el término original Merieh (o Mahr), que es lo que se describe aquí: un pago que se espera del novio o la familia del novio en caso de divorcio.

      https://en.wikipedia.org/wiki/Mahr

  2. Míster España Pacific World en 2017, ha sido detenido por matar a su padre a cuchilladas,

    Con esto no queremos decir que los Mister España sean unos asesinos.

    Sencillamente que matar al padre no es es……. tan inhabitual

    Creo que Freud algo escribio sobre eso.

    Pero evidentemente NO es violencia de Genero

    Y evidentement NO debe preocupar a nuestra sociedad..

    Lo que si hay que asegurar es que
    toda divorciada cobre lSU PENSION de
    SU EX MARIDO

    Mientras que ue las trabajadoras por cuenta ajena cobren o no

    tampoco debe preocupar
    para algo algunos pagan el Fondo de Garantia Salarial

    El Feminismo ademas de doctrina e ideologia

    tambien es una garantia

    de que a las mañanas muy tempran

    millones de almas masculinas
    se pongan en marcha y la mascarilla

    para…..TRABAJAR.

  3. ¿Ser obligado a trabajar para otra persona es maltrato si o no?

    ¿Ser obligado a trabajar para la ex mujer es o no maltrato?

    ¿Quien decide, el Instituto de la Mujer?

    ¿El Gobierno?

    ¿Pablo Iglesias que no ha pegado en su vida ni golpe?

    ¿El trabajo forzado es o no maltrato?
    ¿El trabajo forzado es o no violencia?

    ¿La Ley del Divorcio no es violenta y maltratadora?

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