¿Es la cultura patriarcal responsable de los robos de tierra a viudas en Uganda?

Widows Matter

La historia de Gladys Laker Otto es estremecedora: después de que su marido muriera a manos del Ejército de Resistencia del Señor, su familia política le arrebató la tierra heredada, amenazando a sus hijos en caso de resistir. Desde la extrema pobreza se organizó junto a otras viudas que habían sufrido una desgracia similar y salió adelante creando un servicio de lavandería. Ahora lucha por los derechos de otras como ella, pues la guerra civil dejó un enorme número de viudas y huérfanos.

El diario El País relata el drama de Gladys y otras mujeres como ella. Su artículo afirma que se trata de una lucha contra la “cultura tradicional” puesto que “a pesar de que las leyes ugandesas protegen el derecho a propiedad de las mujeres, muchas comunidades se rigen por costumbres tradicionalistas basadas en el derecho consuetudinario. Según estas, la esposa no tiene derecho propio a poseer tierra y frecuentemente, la herencia de las viudas pasa a ser patrimonio de los líderes varones del clan familiar.”[1]

El artículo concluye con unas palabras atribuidas a la propia Gladys: “Nos enfrentamos a la tradición y a los sistemas patriarcales machistas de nuestra cultura.”[2] Palabras que no parecen propias del lenguaje de campesinos en una economía de subsistencia, sino de activistas occidentales de clase media, aunque puede tratarse de mi prejuicio.

No tenía dudas sobre la veracidad de la historia ni la magnitud del fenómeno, pero me resultó extraño encontrar una costumbre que consiste en sistemáticamente abandonar a las viudas y a sus hijos a la extrema pobreza. En principio, me pareció el resultado de un debilitamiento de las instituciones del Estado y las comunidades, causado por la pobreza y el conflicto armado que provocó la viudedad de tantas mujeres para empezar. El vacío resultante propiciaría un clima donde el fuerte puede explotar al débil con mayor facilidad, y en el que las viudas constituyen un blanco fácil. Es decir, lo descrito sería resultado de la erosión de la cultura tradicional “patriarcal,” no el objetivo de ésta. Sin embargo, la intuición no constituye evidencia, de modo que decidí explorar cuánto mérito tenían las dos interpretaciones.

Antes de exponer los argumentos, clarifico que aunque normalmente defino “patriarcado” como un sistema de organización familiar centrado en el padre que es apoyado por la ley, en este artículo (y sólo en este) lo emplearemos para referirnos a los sistemas patrilocales y patrilineales presentes en la mayoría de las tribus y grupos de Uganda, que es el sentido que le otorga El País. Por otra parte, hay quienes prefieren el término “acaparamiento de tierras” y no “robo”, pero utilizaré el segundo, razón que se justificará al final del artículo.

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El papel de las mujeres líderes en el genocidio de Ruanda

Ruanda 2

Suele afirmarse que si la mujer hubiera tenido las mismas oportunidades que el varón a lo largo de la Historia, habría alcanzado similares logros en campos como la ciencia, el arte o la literatura, entre otros. Lo que rara vez se plantea es si también habrían participado de forma similar en los mismos horrores creados por el hombre, cuya máxima expresión se encuentra en el genocidio.

Esta entrada recoge una traducción del artículo de Donna J. Maier “Mujeres líderes en el genocidio de Ruanda. Cuando las mujeres deciden matar“, realizada por Asier García, que rompe con la visión del papel pasivo con el que habitualmente se percibe a la mujer en estos terroríficos episodios.

Todo el mérito es del traductor, y cualquier fallo que encuentren es mío.

Mujeres líderes en el genocidio de Ruanda. Cuando las mujeres deciden matar

Donna J. Maier

Traducido por Asier García

Nota de la autora

Una versión anterior de este trabajo fue leída el 7 de marzo de 2012 ante la Phi Alpha Theta Society del Departamento de Historia de la Universidad del Norte de Iowa, donde la autora es Profesora en el Departamento de Historia. La investigación para el artículo fue financiada en parte por la Escuela de Postgrado de la Universidad del Norte de Iowa. Desde el año 2001 hasta el presente, la autora pasó varios semestres de permiso investigando y observando los juicios del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), con sede en Arusha, Tanzania, trabajando como consultora de la Oficina de la Fiscalía del TPIR y leyendo y evaluando declaraciones de testigos.


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La incitación femenina en las Guerras Carlistas

La incitación femenina en los conflictos armados ha sido un tema recurrente en esta bitácora y continúa dando de sí. Esta vez mostraremos un ejemplo tomado de las Guerras Carlistas en España.

El texto pertenece a la obra de Antonio Pérez de Olaguer, Estampas carlistas, de 1950, y fue originalmente publicado por Gregorio Luri en El Café de Ocata.

Estaba don Carlos de Borbón y de Austria-Este [Carlos VII para los carlistas] en el campamento de la Plewna, rodeado de generales ruso. Naturalmente los rusos abogaban por el valor personal de sus soldados. Y todo lo más que concedían era la igualdad de méritos entre los rusos y los españoles.

-Y, sin embargo -arguyó don Carlos-, aunque a ustedes les parezca mentira, hay algo que supera a esos soldados […]. He visto en Navarra a las muchachas bailando la jota bajo una verdadera lluvia de balas; a las madres pedir con lágrimas en los ojos, por temor a ser desatendidas, que admitiéramos a sus pequeñuelos en las filas para reemplazar a los grandes, muertos aquel mismo día, y a todas, sin que nadie pudiese impedírselo, acudir a los campos de batalla, en los puntos más peligrosos, para llevar agua, vino, municiones arrebatadas por sus manos al enemigo, y cerrando los puños llamar cobardes a sus hijos, a sus hermanos, a sus esposos, ¡los soldados más bravos del mundo!, increpándoles porque no hacían bastante, y diciéndoles: ‘Si nosotras estuviéramos en vuestro lugar, no quedaba un guiri para contarlo.” Al principio del levantamiento, por miedo a las burlas de las mujeres, pedían un fusil hasta los menos belicosos, prefiriendo arrostrar las granadas enemigas mejor que los alfilerazos femeninos.

Huelga decir, como siempre, que con esto no se intenta denostar a la mujer, sino mostrar una vez más que ningún sexo era moralmente superior. Los hombres eran los ejecutores de la guerra, pero eso no quiere decir que las mujeres fueran espectadoras pasivas que miraran con desaprobación la contienda.

Gracias a Athini Glaucopis por proporcionar el enlace.

Carta de una esposa a su marido, prisionero durante la Primera Guerra Mundial

Futitlity Closet

La carta

En Love Letters of the Great War (Cartas de Amor durante la Gran Guerra, 2014), Mandy Kirkby cita esta carta de una esposa a su marido, prisionero de guerra en 1917:

Estimado esposo:

Ésta es la última carta que voy a escribirte, porque el día 24 voy a casarme con otro hombre. Entonces no tendré que trabajar más. Ya he trabajado por tres largos años mientras estabas fuera de casa. Todos los demás hombres vuelven a su hogar los días libres, pero ustedes los prisioneros de guerra nunca vienen. Nadie sabe cuánto tiempo pasará hasta que regreses a casa. Por eso voy a casarme de nuevo. Entregaré a los niños al orfanato. ¡Me da asco llevar una vida como ésta! No hay forma de sobrevivir con estas miserables ayudas. En el trabajo siempre se llenan la boca hablando de las mujeres. Ahora no tengo que ir a trabajar, ahora otro hombre va a trabajar para mí. Todas las esposas cuyos maridos son prisioneros de guerra van a hacer lo mismo y se desharán de los niños. Tres años de trabajo son mucho para las mujeres y 20 marcos de ayuda con 10 marcos por niño no son suficientes. No se puede vivir de eso. Ahora todo es demasiado caro. Una libra de beicon cuesta 8 marcos, una camisa, 9 marcos.

Tu esposa

El autor afirma que no sabemos lo que ocurrió con esta pareja, pero las intenciones de la esposa parecen claras.

Vía: Futility Closet. Gracias a Athini Glaucopis por el enlace.

El comentario

Sería atrevido lanzar afirmaciones sobre la situación de hombres y mujeres en el imperio alemán (o en Silesia Superior) con el contenido de una sola carta. Sin embargo, puede constituir un interesante punto de partida para cuestionar elementos que la narrativa de género tiende a dar por sentado. En este documento encontramos que:

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Borrando al varón: víctimas dignas e indignas de los conflictos armados en los medios de comunicación

En esta entrada les presento el artículo del Dr. Adam JonesEffacing the Male” (Borrando al varón), donde se denuncia la exclusión del hombre como víctima en conflictos armados por parte de los medios de comunicación.

He editado la traducción, por lo que soy responsable de cualquier error que encuentren, pero todo el mérito es del traductor original, Marcos Cueva. Pueden descargar su versión sin editar en formato Open Office aquí, con hipervínculos adicionales para encontrar rápidamente las notas al final del documento. También he subrayado los pasajes más significativos para quienes no deseen leer el documento completo (aunque lo recomiendo), de modo que todo subrayado que encuentren no pertenece al texto original.

Sin más dilación, les dejo con este extraordinario artículo.

Borrando al varón: Género, tergiversación, y exclusión en la Guerra de Kosovo

Adam Jones, Ph.D.

Traducido por Marcos Cueva

Publicado en Transitions: The Journal of Men’s Perspectives, 21: 1-3 (2001).

RESUMEN

La guerra de Kosovo de 1999 ofreció una excelente oportunidad para analizar la representación de género y la victimización violenta en los medios de comunicación masivos. El presente artículo se concentra en el motivo de “genericidio”, o la matanza masiva de género selectiva -en este caso, de hombres étnicos albanos en “edad de combatir”. Presentamos un amplio rango de observaciones de prensa para demostrar que las victimas masculinas “indignas” tienden a ser marginadas o totalmente ignoradas en la cobertura de los medios masivos. Discutimos tres estrategias comunes de marginación, y proponemos el marco teórico de “primer orden”, “segundo orden” y “tercer orden” por género para clarificar el déficit de la cobertura. Este déficit es posteriormente contrastado con la atención otorgada a las experiencias de víctimas “dignas”, tales como mujeres, niños, y ancianos. Finalmente, evaluamos el pequeño puñado de reportes responsables y profundos en los medios que cubrieron las atrocidades selectivas de género contra los hombres kosovares para presentarlos como una alternativa que podría ofrecerse a la “invisivilización del varón” en la cobertura de la guerra y la violencia.

I. Introducción

La guerra en Kosovo, ocurrida entre marzo y junio de 1999, pese a lo trágico de la misma, ofreció una oportunidad ideal para analizar la representación y la retórica de género en los medios masivos de comunicación occidentales. Una estrategia Serbia predominante en el conflicto fue el “genericidio” contra hombres no-combatientes – la misma estrategia que las fuerzas serbias habían seguido desde el comienzo de la guerra de disolución de Yugoslavia(1). Desde el primer día de la Guerra de Kosovo (24 de marzo de 1999), y de hecho mucho antes, los serbios se concentraron abrumadoramente en los hombres en “edad de combatir” para cometer la mayoría de las atrocidades severas, aunque mujeres, ancianos y niños también fueron expuestos a un amplio rango de abusos y crímenes de guerra: desde asesinatos a violaciones y expulsiones forzadas (Jones, 1994). El informe realizado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE/Organization for Security and Co-operation in Europe) tras la guerra de Kosovo fue enfático en señalar estas estrategias selectivas de género y edad:

Hombres jóvenes constituyeron abrumadoramente el blanco habitual durante el conflicto en Kosovo. Claramente, hubo muchos hombres jóvenes involucrados en el UCK [Ejército de Liberación de Kosovo]… pero cualquier joven varón albanés de Kosovo era sospechoso de ser un terrorista. Si eran arrestados por las fuerzas Serbias –VJ [Ejército Yugoslavo], la policía o los paramilitares– los jóvenes corrían riesgo, más que cualquier otro grupo en la sociedad de Kosovo, de graves violaciones de derechos humanos. Muchos eran ejecutados in situ, en ocasiones tras horrendas torturas. Otras veces serían arrestados y llevados a prisiones o centros de detención, donde, como ha sido descrito posteriormente por hombres liberados de semejante cautiverio, serían maltratados y torturados, mientras que otros simplemente no volverían a ser vistos. Otros fueron usados como escudos humanos o para trabajos forzados. Muchos jóvenes “desaparecieron” tras su abducción.(2)

El presente artículo, basado en una amplia muestra de la cobertura mediática durante y tras la guerra, explora cómo esta realidad ha sido expresada -o no expresada- por la mayor parte de los medios de comunicación occidentales. Estoy convencido de que estas estrategias son de una relevancia que se extiende mucho más allá del caso particular de Kosovo, e incluso más allá de los temas de género y los conflictos internacionales; hablan sobre las maneras típicas en que las que las víctimas masculinas de violencia son marginadas o “invisibilizadas” por los medios dominantes y del discurso sobre derechos humanos. Las fuentes consistieron en lo siguiente:

Grupos de noticias de Internet:(3)

clari.news.conflict.misc clari.news.crime.war clari.news.refugees clari.news.photos clari.world.organizations.misc

(El 19 de Abril de 1999, ClariNet creó un grupo-de-noticias especial, clari.hot.a, para recopilar entradas sobre Kosovo. Resultó indispensable.)

Peródicos/Canales Electrónicos:

The Globe and Mail The National Post The New York Times The Washington Post The Guardian / The Observer (UK)(4)  The Christian Science Monitor BBC News Online

Algunos lectores pueden mostrar escepticismo hacia periódicos o fuentes en versión electrónica, y es importante señalar que ciertas áreas de contenido -en particular las columnas editoriales y de opinión, así como las cartas al editor– en su mayor parte no fueron incorporadas. No obstante, el rango de materiales disponible a través de estas fuentes fue impresionante. Sólo el diario The New York Times publicaba normalmente entre media docena y una docena de historias sobre el conflicto de Kosovo por día. La cobertura en otras fuentes clave (The Washington Post, The Globe and Mail, the BBC, The Guardian) fue sólo un poco menos amplia.

No pretendo haber leído cada palabra de cada artículo presentado en estas fuentes –nada más lejos. En cambio, tuve la seguridad de que podía concentrar toda mi atención en hacerme con un suficientemente amplio rango de materiales para generar algunas propuestas sobre la cobertura de los eventos dentro de ese Kosovo destrozado por la guerra. La tarea se me hizo más fácil imprimiendo y tomando contenidos de los medios electrónicos a través de los titulares. Muchas de las afirmaciones hechas aquí conciernen al “enfoque” (focus) de los medios, que en la cultura de las noticias puede reducirse a los titulares; y el “encabezado”, es decir, los párrafos introductorios del estilo de noticia estandarizado. (Estos párrafos introductorios son incluso mucho más importantes, ya que las noticias están resumidas en pequeños fragmentos para beneficio de los publicistas y, supuestamente, los lectores con bajo nivel de atención.)

Si bien el artículo no hace operativos sus argumentos a través de un análisis formal de los contenidos, considero que el vocabulario y el marco de trabajo presentado aquí será de utilidad para el desarrollo de estudios de este tipo más basados en estadísticas y una metodología rigurosa. En una sección posterior del artículo también exploro algunas de las coberturas más serias y precisas de los medios en cuanto a la victimización masculina en el conflicto de Kosovo. A pesar de que este tipo de coberturas aparecieron como si fueran raras piedras preciosas, y quedaron opacadas por su contraparte más distorsionada y exclusivista, todavía constituyen importantes y constructivas excepciones a la regla -y por lo tanto una indicación de que existieron alternativas a la agenda mediática dedicada a “invisibilizar al varón”.

II. “Incluyendo a las mujeres,” Excluyendo a los hombres.

En su revolucionario trabajo, Manufacturando el consenso, Edward S. Herman y Noam Chomsky dedicaron un capítulo el tema de las “víctimas dignas e indignas” en la cobertura de los medios. (Herman and Chomsky, 1988: 37-86.) Presentaron un trabajo comparativo de la intensidad y el carácter de la cobertura de los medios con respecto a las víctimas que eran convenientes para los legisladores de EEUU – los camboyanos bajo el régimen comunista de Pol Pot; el sacerdote polaco, Jerzy Popieluszko, asesinado por los agentes de seguridad polacos– contrastado con las víctimas inconvenientes, tales como los habitantes de Timor del Este que fueron masacrados y hechos pasar hambre sistemáticamente (invadidos por un aliado de EEUU, Indonesia), o los cientos de trabajadores religiosos asesinados por los regímenes terroristas centroamericanos que EEUU patrocinó. Comparando directamente la cobertura del sacerdote Popieluszko con la masa de “inconvenientes” trabajadores religiosos (incluyendo un arzobispo salvadoreño y cuatro enfermeras estadounidenses violadas y asesinadas por soldados salvadoreños en 1980), Herman y Chosmky concluyeron:

Por cada categoría mediática, la cobertura de la víctima digna, Popieluszko, excedió la de un grupo entero de cien víctimas indignas juntas. Sospechamos que la cobertura de Popieluszko pudo haber excedido la de aquellos cientos de víctimas religiosas asesinadas en Latinoamérica desde la II Guerra Mundial, ya que las más prominentes están incluidas entre nuestras cien seleccionadas… Podemos también calcular la relativa dignidad de las víctimas del mundo, como medida por el peso dado a ellas por los medios masivos estadounidenses. El valor de la víctima Popieluszko es entre 137 y 179 veces el de una víctima de alguno de los estados cliente de EEUU; o, mirándolo a la inversa, un sacerdote asesinado en Latinoamérica vale más de cien veces menos que uno asesinado en Polonia. (Herman and Chomsky, 1988: 39.)

El concepto de víctimas “dignas” versus “indignas” parece ser muy fértil a la hora de analizar el tratamiento mediático de las víctimas de atrocidades genericidas en Kosovo, y de las víctimas masculinas de violencia en general.(5) En esta sección bosquejo algunas de las predecibles, incluso ritualizadas, maneras en las cuales las “indignas” víctimas masculinas son excluidas del análisis, y aquellas “dignas” -notablemente niños y mujeres- privilegiadas.(6)

La invisibilización de las víctimas masculinas en los medios masivos se consigue generalmente a través de tres estrategias interrelacionadas. La primera puede denominarse relegación. Las noticias modernas, como se sabe, son una criatura jerárquica. El comienzo de éstas generalmente “apunta” al tema dominante del artículo, cuyo título tiene también la intención de hacer explícito. Muchos periódicos, impresiones o reimpresiones de artículos o servicios informativos en la red sólo incluirán una versión del título y los primeros párrafos de la noticia. Por consiguiente, el hecho de relegar la mención de un tema importante al interior de un artículo, o introducirlo sólo al final, es efectivo para retratarlo como secundario o fortuito y hacerlo pasar desapercibido, cuando no directamente invisible.

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