Discriminación masculina y femenina en Irán

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A continuación les presento la traducción del artículo de Ali Mehraspand “The myth of patriarchal oppression in Iran (el mito de la opresión patriarcal en Irán), publicado originalmente en A Voice for Men, y también disponible en A Voice for Men en Español. He de señalar que el autor es iraní y por tanto muchas de sus fuentes se encuentran en farsi. Otro de sus artículos, la desechabilidad masculina en Afganistán, fue publicado anteriormente en esta página.

Como siempre recordar que no me suscribo a todo lo que traduzco. En este caso habría preferido otro título, menos referencias al feminismo y omitir un comentario sobre el título universitario como parte de la dote. Por lo demás se trata de un artículo extremadamente interesante.

El mito de la opresión patriarcal en Irán

Ali Mehraspand

Desde que los feministas de segunda ola comenzaron a parir el concepto de “patriarcado” los problemas de las mujeres en los países menos desarrollados, como los de Oriente Medio, fueron presentados como prueba de “opresión de las mujeres desde que la humanidad existe”. Los medios de comunicación occidentales y los feministas en particular miran a sociedades en condiciones difíciles y no ven a gente sufriendo: ven a mujeres sufriendo.

La forma en que los medios de comunicación occidentales, y de hecho los orientales, manejan estos asuntos es mostrando insistentemente a las mujeres como esclavas y retratando a los hombres como crueles esclavistas. Esto por supuesto sólo ha sido contestado, hasta ahora, por gente de dichas culturas que, en un esfuerzo por defenderlas, tienden a salir con declaraciones religiosas para explicar los derechos de la mujer en el Islam y la filosofía islámica, provocando confusos problemas. Entre los más evidentes se encuentra esta pregunta: ¿y si alguien no es religioso y decide no vivir según los códigos de la filosofía islámica?

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Hombres y sentimientos: la verdadera historia

Una de las afirmaciones más sorprendentes que he leído en los últimos tiempos ha sido que el momento histórico actual es responsable de que “por fin los hombres puedan expresar sus sentimientos”. Sorprendente, digo, porque con solo hurgar un poco en la Historia podemos sacar la conclusión opuesta: que es hoy cuando más inhibiciones tenemos para hacerlo, y aun así no son tantas como nos quieren hacer creer. De hecho, la historia del arte y la literatura universal se basan en una sucesión de hombres (y en menor medida, mujeres) expresando sus emociones.

La presente entrada desterrará el mito del hombre que reprime sus sentimientos abordando tres áreas: las lágrimas masculinas, la amistad entre hombres y la expresión del amor.

Las lágrimas masculinas

Pese a que muchos de nosotros hemos oído más de una vez eso de “los hombres no lloran”, lo cierto es que en el pasado era aceptable para un hombre llorar. Quizá no por cualquier cosa, pero sí en un abanico de situaciones mucho más amplio del que existe en la actualidad.

Si echamos un vistazo a obras de la antigüedad clásica, como la Odisea y la Iliada, nos encontramos que sus personajes lloran con inusitada frecuencia. En la obra Tears in the Graeco-Roman World (Lágrimas en el mundo grecorromano) Sabine Föllinger identifica varias ocasiones en las que era aceptable llorar, por ejemplo (p. 17-36):

  • Furia. Aquiles llora cuando Agamenón se lleva a Briseida. Y va a llorarle nada menos que a su madre.
  • Desesperanza. Cuando Agamenón llora a Zeus pidiendo ayuda, quien por cierto se apiada de él.
  • Angustia. Cuando Aquiles llora por la muerte de Patroclo. O cuando Menelao piensa que ha perdido a su hermano.
  • Miedo. Los griegos lloran por miedo a los troyanos. Por miedo a la batalla.
  • Gozo. Cuando Odiseo se encuentra con su hijo, o su padre Laertes después del largo viaje.
  • Anhelo. Cuando Odiseo piensa en su esposa Penélope, o Telémaco en su padre.
  • Derrota en un evento deportivo (¡igual que ahora!). Cuando Diómedes es derrotado en una carrera.

Por supuesto había ocasiones donde no se consideraba apropiado llorar, al menos en público. Odiseo (Ulises), que pasa buena parte de la Odisea llorando, llegó a cubrirse para que no lo vieran los feacios cuando la canción de Demódoco le hizo llorar, y parece que más por decoro que otra cosa. Cuando la canción paró, pudo calmarse y secarse las lágrimas, pero cuando Demódoco volvió a tocarla, Odiseo lloró nuevamente, y esta vez sí fue descubierto por el rey de los feacios, Alcínoo. Este último no pensó nada al respecto y le ayudó en su viaje, pese a las amenazas de Poseidón.

Odiseo, que se pone a llorar por una canción, y se pasa la mayor parte de sus aventuras llorando por otros motivos, no es ni mucho menos descrito como afeminado o débil, pues estamos hablando de un hombre capaz de enfrentarse a un cíclope y ganar la Guerra de Troya. Las lágrimas no estaban reñidas con la masculinidad, al menos no como lo están hoy día.

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Los hombres violados en el conflicto colombiano

Buscando información sobre un futuro artículo acerca de las batidas militares, encontré este fantástico (y reciente) reportaje sobre Colombia titulado “El drama de los hombres violados en la guerra“, escrito por Tatiana Escárraga y publicado en El Tiempo. A continuación citaré un extracto:

“Creo que era martes como a las seis de la tarde. Yo tenía 46 años. Fue el 2 de febrero del 2006, eso no se me olvidará. En la escuela había como una granjita, y yo les dije que sí, que pasaran y cogieran las mandarinas. Se sentaron un rato y ahí fue cuando me puse nervioso (…).

Yo le dije que me respetara, que como así, que era un docente con esposa y con hijos, el profesor del pueblo. Que merecía respeto. Me asusté y me puse a llorar. Me dijeron ‘nenita, no llore’, y el más grande me empujó. El tipo me bajó los pantalones y me puso el arma en la cabeza. Grité pero por ahí no hay nada cerca, y ni me salía la voz. Cuando terminó, entró el otro. Me dijeron que cuidado avisaba a alguien, que no hiciera ningún comentario. Sangré mucho, lloré toda la noche, tirado ahí en la cama, solo. Al día siguiente tuve que hacer como si nada y recibir a los niños. A los ocho días me llené de llagas, no aguantaba el dolor, el ano se me inflamó; desesperado le pedí ayuda a una vecina, le dije que me acompañara al médico, que me había bañado con agua sucia.

“El médico que me revisó me preguntó si me habían violado. Yo le dije que no; me daba vergüenza. Le dije que había sido el agua sucia de la vereda. Seguí dos años más en la escuela, pero a esos hombres no los volví a ver. Quizás los mataron porque siempre había enfrentamientos con el ejército. A veces también pasaban por ahí tipos encapuchados. Una vez me puse muy mal y creí que estaba contagiado de sida.

Le conté a una de mis hijas; mi mujer se enteró y ya no me miró igual. Al cabo de un tiempo nos separamos porque ella me rechazó. Veinte años de casados se acabaron por culpa de lo que me sucedió. Imagínese que me acusó de haberlo provocado. ¡Cómo se le ocurre! Aunque sí dudé. ¿Será que ellos creyeron que era homosexual? Yo le dije a mi mujer que si hubiera sido gay no me habría casado con ella ni habríamos tenido hijos. Pobrecita, en el fondo la entiendo; ella no tiene estudios, estas cosas no las comprende. Por eso fue que nunca me apoyó.

“No sé cómo no me he vuelto loco con lo que me pasó. Me la paso tomando pastillas para dormir y para controlar los episodios de angustia. A veces pienso que hubiera sido mejor que me mataran, porque vivir con este trauma es muy duro. Esto no se me olvida. Me sentía chiquitico, con la autoestima destrozada. Vivía aterrado, no podía hablar delante de otros profesores ni de los padres de familia, pensaba que se me iba a notar, que se iban a dar cuenta de que dos tipos me violaron. Qué vergüenza que se enteraran. Ahora estoy mejor, aunque todavía me da miedo que alguien lo sepa, me da miedo que la gente vaya a pensar que soy homosexual, porque no lo soy.

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El correo electrónico que envié a la comunidad de Madrid sobre la campaña “No te cortes”

Estaba pensando en escribir una entrada sobre el reciente programa No te cortes, de la Comunidad de Madrid” que se centra en las relaciones de pareja adolescentes. Sin embargo, decidí que sería mejor hacerles algunas preguntas en lugar de sacar mis propias conclusiones. Les dejo con el correo electrónico que les escribí.

Pregunta sobre el programa “No te cortes”

A quien corresponda:

Antes de nada, quería felicitarles por la iniciativa “No te cortes” y la ayuda brindada por este programa para la protección de chicas adolescentes en situaciones de acoso y abuso.

Me preguntaba, sin embargo, por qué esta iniciativa ha excluido a varones heterosexuales y homosexuales que podrían hallarse una situación de riesgo similar. La descripción del programa en su página web aquí lo confirma (el subrayado es mío):

Este programa para adolescentes tiene como objetivo el apoyo y la orientación a aquellas chicas que, en sus incipientes relaciones de pareja, viven situaciones que les llevan a sospechar que se encuentran en un caso de maltrato.

El que dicho programa sólo es para chicas también queda patente tanto en los carteles difundidos por la Comunidad de Madrid como en el vídeo realizado, además de la descripción ofrecida en el documento sobre la ayuda en red, las tablas informativas y la presentación del programa. Todos estos apartados sólo señalan a las chicas como únicas víctimas potenciales.

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Misandria en el diario El País (II)

En esta segunda entrada voy a tratar algunas observaciones sobre el artículo “El varón, arma de destrucción masiva”, principalmente el mantenimiento de una narrativa que excluye a las mujeres como agresoras y a los varones como víctimas. Si no leyeron la primera entrada, recomiendo hacerlo ahora para que en la sección de comentarios no tenga que repetir cosas explicadas con anterioridad. Al final del artículo realizaré una breve reflexión sobre la narrativa de género actual y el mundo universitario. He marcado algunas citas en azul para que no se confundan con las del texto de El País.

Torreblanca escribió:

Así pues, las mujeres no matan mujeres, solo varones y, en gran proporción, en defensa propia.

Esta afirmación habría que sustentarla con alguna fuente. Si vamos a decir que las mujeres matan sobretodo en defensa propia, tendríamos igualmente que examinar cuántos varones han matado en defensa propia y por supuesto para defender a otros, rasgo característico de su rol de género.

Los efectos de una cultura patriarcal dominada por varones son tan demoledores que pareciera que en el mundo se libra una guerra (invisible, pero guerra) de varones contra mujeres.

No se puede hablar de patriarcado a nivel mundial. Si patriarcado significa “el gobierno de los padres”, tendríamos que excluir, como mínimo, a las sociedades occidentales donde los padres pierden rutinariamente la custodia de sus hijos. Éste es un tema que ya discutí en otra entrada.

Según Naciones Unidas, el 70% de las mujeres han experimentado alguna forma de violencia a lo largo de su vida, una de cada cinco de tipo sexual.

Un dato tan extremo también habría que sustentarlo con una cita. En este blog hemos analizado informes de ONU Mujeres y demostrado que no se trata ni mucho menos de una organización objetiva y neutral. ¿Cómo se ha llegado a esta cifra? ¿Se han incluido las peleas entre hermanos, las del patio de colegio o con otros niños como parte de esta violencia? ¿Se han incluido los azotes de padres y madres (recordemos que la mayor parte del abuso infantil corre a cargo de las mujeres, aunque no por mucho)? Si así fuera, lo que me extraña es que no llegue al 99% para ambos sexos.  Sin más información, este dato no nos dice nada. Lo que pretende sugerir, sin embargo, está claro: que las mujeres viven rodeadas de hombres violentos. De este modo no se afirma que la mayoría de la violencia es perpetrada por hombres, algo que podemos aceptar, sino sugiere que la mayoría de los hombres son violentos, algo bastante más siniestro.

Increíblemente, las mujeres entre 15 y 44 años tienen más probabilidad de ser atacadas por su pareja o asaltadas sexualmente que de sufrir cáncer o tener un accidente de tráfico.

Una vez más, desconocemos de dónde provienen estos datos. El autor citó fuentes para la criminalidad y la encarcelación masculina porque son las únicas que puede probar como independientes. El resto las omite y confía en que mostrando dos correctas asumamos que el resto tienen la misma validez. Lo cierto es que los datos de la victimización femenina suenan a los estudios de ONU Mujeres y otras organizaciones feministas que tienden a exagerar los números con fines políticos. Sin una fuente estos datos no son más que parte de la estrategia para lograr el mayor ultraje posible e instigar odio hacia los hombres. Si hiciéramos una afirmación así sobre cualquier otro grupo humano sin fuente alguna (y a veces con ella) sería inadmisible.

En España y otros países de nuestro entorno, casi la mitad de las mujeres víctimas de homicidios lo fueron a manos de sus parejas, frente a un 7% de hombres, lo que significa que la probabilidad que tiene una mujer de morir a manos de su pareja es seis veces superior a la de un hombre.

Una vez más, no tenemos una fuente para tal afirmación. Mucho menos una fuente independiente. De todas formas, lo que también señalaría este dato es que el hombre termina asesinado en una mayor variedad de escenarios que la mujer. Al menos en España, el 63% de las víctimas de homicidio son varones. En USA representan el 76,8%, como nos muestra el propio gráfico de Torreblanca. A nivel global constituyen el 82%.

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