La cultura del victimismo y los problemas del varón. ¿Cómo identificar la reivindicación legítima?

Una mujer denuncia haber sido víctima de la trata, otra protesta porque le sirvieron una fanta y a su novio una cerveza cuando pidieron lo contrario. En algunos círculos ambas son víctimas, de distinta gravedad como es obvio, pero víctimas al fin y al cabo. Para la mayoría de nosotros, por el contrario, el segundo escenario es un claro caso de victimismo. Aunque podemos separarlos de forma intuitiva, no existen parámetros que determinen quién puede o no considerarse víctima, pues cada sociedad e incluso grupos dentro ella establecen la línea en un punto diferente.

Este artículo tratará de identificar dónde se encuentra esta separación para la mayoría de nosotros en materia de género, a fin de diferenciar entre las reivindicaciones legítimas y las que emanan del victimismo. Aunque se utilizarán ejemplos referidos al feminismo o a cuestiones raciales por ser los más  abundantes y conocidos, la finalidad es evitar que los reclamos en cuanto a problemas masculinos terminen cometiendo los mismos excesos. Ambos sexos sufren de discriminación y problemas específicos, pero tan perjudicial puede ser el victimismo como rechazar todas las reivindicaciones etiquetándolas de tal forma.

Para sentar las bases de esta entrada me basaré en los artículos de Jason Manning y Bradley Campbell “Microaggression and Moral Cultures” (Microagresión y cultura moral) y “Campus Culture Wars and The Sociology of Morality”(Guerras culturales de los campus universitarios y la sociología de la moralidad), que terminarían expandiéndose en el libro The rise of victimhood culture (El surgimiento de la cultura del victimismo). Lo que leerán aquí será por necesidad una versión simplificada, de modo que recomiendo consultar los artículos originales a quienes deseen una explicación más detallada de los conceptos que aquí se discuten.

Las culturas del honor, la dignidad y el victimismo

Los autores señalan que las sociedades occidentales han pasado de una cultura del honor a una de la dignidad, pero que recientemente está surgiendo un nuevo tipo de cultura para dirimir conflictos: la del victimismo. Veamos en qué consiste cada una:

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Movimientos por la igualdad frente a políticas identitarias

Duelo

Introducción

Es habitual encontrar en foros, bitácoras y redes sociales referencias a dos tipos de feminismo: el descrito como auténtico, que luchaba por la igualdad legal entre los sexos, y su versión actual, más parecido a un sindicato de mujeres donde se busca la mejora de condiciones del grupo (algo que no tiene por qué ser necesariamente negativo, pero que en muchas ocasiones termina siendo discriminatorio). Aunque el feminismo hegemónico actual se presenta como una continuación del anterior en forma de “olas”, considero más preciso afirmar que ha pasado de ser un movimiento por la igualdad a convertirse en uno de políticas identitarias. Este artículo explicará las diferencias entre ambos para invitar a que los movimientos por los derechos de los hombres permanezcan en el primer campo y eviten el segundo.

El fantástico artículo “Las políticas identitarias no continúan el trabajo de los movimientos por los derechos civiles”, escrito por Helen Pluckrose y James A. Lindsey, argumenta que movimientos como el orgullo gay, los derechos civiles o el feminismo liberal de segunda ola encajan dentro del liberalismo universalista, entendido en su postura filosófica y no económica. Estos movimientos extenderían derechos humanos, libertades e igualdad de oportunidades a grupos privados de ellos hasta ese momento, haciéndolos partícipes de la universalidad humana. Por el contrario, las políticas identitarias “se centran explícitamente en la identidad del grupo y buscan conferirse poder político promoviendo al grupo como una entidad monolítica y marginada, distinta de y polarizada contra, otro grupo que se describe monolíticamente como una entidad privilegiada”.

Pluckrose y Lindsey encuentras tres problemas con las políticas identitarias:

  • Epistemológico. Se basa en la altamente dudosa teoría del constructivismo social y en consecuencia produce lecturas altamente sesgadas de las situaciones
  • Psicológico. Su concentración en la identidad es divisoria, reduce la empatía entre los grupos y va contra el núcleo de la intuición moral de justicia y reciprocidad
  • Social. Al no mantener los principios de no-discriminación de forma consistente, amenaza con dañar o incluso deshacer tabúes sociales sobre juzgar a la gente por su raza, género o sexualidad

Mientras las políticas identitarias alimentan el tribalismo al que la mayoría somos proclives, los movimientos por la igualdad promueven la individualidad y universalidad: que la persona sea juzgada por su carácter, como individuo. Ello no quiere decir que el racismo, sexismo o la homofobia hayan desaparecido ni que deban ignorarse, sino que las propuestas para combatirlos han de presentarse en términos de justicia y derechos humanos universales.

Lo expuesto anteriormente es el resumen de un tema complejo, de modo que animo a leer el artículo original donde se desarrollan estas ideas y abordan sus orígenes. Dado que los autores no ofrecen un ejemplo concreto sobre cómo luchar contra la discriminación bajo estas premisas, mi aportación será ofrecer una guía general.

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Breve nota sobre masculinismo e independencia intelectual

El término masculinismo continúa sin estar bien definido. Hasta hace muy poco se ha empleado para describir desde corrientes o actitudes de supremacía masculina hasta movimientos profeministas como las nuevas masculinidades. Su uso más habitual, sin embargo, hace referencia a la defensa de los derechos de los hombres, equiparándose con lo que en el mundo anglófono llaman Men’s Rights Movement.

Si bien nadie es dueño del término, en esta breve nota voy a explicar lo que considero que debería ser (o no) el masculinismo, de forma que pueda ser compatible con la independencia intelectual. Como sabemos, la mayoría de los “-ismos” (feminismo, marxismo, etc.) no son amigos de esta independencia por girar en torno a una serie de principios inamovibles. Lo que planteo, por tanto, es que el masculinismo sea más próximo al humanismo que al feminismo.

El masculinismo debe ser sencillamente el “movimiento que lucha por eliminar la discriminación masculina por razón de sexo y mitigar otros problemas que afectan mayoritariamente al varón.” Se trata de una postura personal que es independiente de la posición intelectual de la que parta cada uno.

Por ejemplo yo considero que el intercambio tradicional entre los sexos ha sido uno de estatus por protección, y que ello puede explicar buena parte la problemática masculina (aunque no toda). Ahora bien, no se trata de un dogma de fe, y nadie tiene que compartirlo para ser masculinista. La aproximación a los problemas masculinos ha de contar con todas las disciplinas que puedan arrojar luz sobre ellos: antropología, historia, biología, economía, etc.

El masculinismo, por lo general, aporta una perspectiva diferente al cambiar la universalidad de lo masculino por una especificidad de género. Buena parte del inesperado éxito de la entrada “la discriminación masculina en 51 memes” consistió justamente en tomar problemas que se consideraban humanos o universales para ponerles rostro masculino. Dicho esto, repito que se trata de una perspectiva o aproximación. Ser masculinista no supone tener acceso a ningún tipo de verdad de la que el resto sea ignorante, no hace a uno más intelectual o más sabio, ni tampoco resulta en una moralidad superior. Y si en algún momento se diera mayoritariamente esta asociación, renunciaría a la etiqueta de inmediato.

Es cierto que lo ideal sería un igualitarismo que incluyera a ambos sexos. Sin embargo, existe una gran disparidad en cuanto a la atención prestada a los problemas masculinos y femeninos desde una perspectiva de género. Por ejemplo los femeninos son tratados por la prensa, la universidad, los gobiernos y las instituciones nacionales e internacionales, mientras que los masculinos (repito, desde un ángulo de género) no reciben una fracción del mismo tratamiento y se limitan a espacios disidentes. A mucha gente, incluyendo un servidor, no le gustan las etiquetas, pero en ocasiones constituyen un buen recurso para agruparse y combinar fuerzas en una dirección.

La deshumanización del varón. Fragmentos de la primera parte

American Civil War

En esta entrada les dejo con algunos fragmentos de la obra que estoy escribiendo: La deshumanización del varón.

El libro se divide en tres partes: pasado, presente y futuro. Los fragmentos que encontrarán a continuación corresponden a la primera parte. No he incluido las referencias bibliográficas, pero todos aquellos que participan en Patreon pueden encontrarlas en los capítulos correspondientes (que ya están disponibles para descargar).

Cada cita corresponde a un capítulo. La mayoría de los fragmentos fueron publicados con un mes de diferencia en la página de Facebook. Aquí los compilo todos y añado algunos que nunca aparecieron en la red social.

Capítulo I (Cita sobre el matrimonio)

Además de los casos de Nueva España, en otros lugares y períodos históricos era habitual que la mujer acudiera a las autoridades para denunciar el abandono de su esposo y forzarlo a regresar con ella. En la Sevilla del Siglo XVIII, el 58% de los pleitos iniciados por las mujeres en el arzobispado estaban relacionados con el abandono marital. Charles Donahue Jr. en su estudio sobre litigación marital en York en los siglos XIV y XV señala que las mujeres, además de ser más persistentes en su litigación, también estaban más determinadas a forzar el matrimonio que los hombres incluso cuando los beneficios económicos “no eran obvios”.

Otro ejemplo de que el matrimonio se consideraba generalmente como un objetivo a alcanzar, y no un yugo del que librarse, lo encontramos en los últimos años de la República romana, cuando la carencia de hombres debido a las guerras hizo que mujeres libres buscaran esposos entre los esclavos, pese a las airadas críticas de comentaristas contemporáneos. Esto llevaría a que en el 52 d.C. se estableciera una ley para prohibir estas uniones, y en el siglo III otra para impedir que las mujeres romanas liberaran esclavos para casarse con ellos. La primera, que convertía en esclavas a las mujeres libres casadas con esclavos, se aboliría unos 500 años más tarde con el Código Justiniano, no sin advertir que habría un castigo para los esclavos varones involucrados.

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Es hora de escribir el libro

Llegó la hora de ponerme a escribir el libro. La primera fase es pasar todas las citas de la bitácora a formato MLA, que me llevará un tiempo pero con ciertas aplicaciones será más fácil que hacerlo manualmente.

Seguiré aprobando y respondiendo comentarios aquí, pero no habrá contenido nuevo por un tiempo. En lo que respecta a la página de Facebook, los moderadores seguirán publicando contenido cuando les sea posible y mi participación también será esporádica.

Confío en que merecerá la pena tener una referencia bibliográfica como ésta en español. Gracias a todos por su paciencia.