¿Existe el “hembrismo”?

Beatriz talegon

Quiero comenzar esta entrada señalando que el término hembrismo no me gusta, y durante los años que he escrito en esta bitácora no recuerdo haberlo empleado ni una sola vez. Esto difícilmente supone una sorpresa, pues tampoco opino que sea apropiado el uso de machismo en la acepción extensa empleada para referirse  a todo tipo de sexismo, y considero que su uso debe limitarse a la definición de la Real Academia Española (RAE).

La razón por la que pese a no ser entusiasta del término he decidido tratarlo, se debe a la insistente negación de su existencia por parte de activistas y medios de comunicación, quienes para ello emplean argumentos que considero como poco cuestionables.

Definiendo términos

La palabra hembrismo ha sido definida popularmente como el reverso del machismo. ¿Pero qué es el machismo? Según la RAE el machismo puede ser definido como:

  1. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.
  2. Forma de sexismo caracterizada por la prevalencia del varón.

Desde la teoría feminista el uso de la palabra machismo se extiende mucho más, hasta abarcar todas las formas de sexismo, además de creencias, instituciones, y un largo etcétera. Tan largo que puede llegar a englobarlo todo. En su momento ya expliqué por qué considero que la definición de la RAE es la correcta, por lo que no volveré a repetirme.

La palabra hembrismo, sin embargo, no forma parte del diccionario de la RAE, aunque la Academia reconoce la existencia del neologismo y su uso como reverso del machismo, abriendo la puerta a que el término pueda ser incluido en el futuro.

RAE Hembrismo

La existencia o no del hembrismo depende de si lo utilizamos como reverso de la definición de la RAE, o como reverso de la definición más amplia que usa el feminismo. Medios de comunicación y activistas se han basado en este último caso para negar la existencia del hembrismo.

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El papel de las mujeres líderes en el genocidio de Ruanda

Ruanda 2

Suele afirmarse que si la mujer hubiera tenido las mismas oportunidades que el varón a lo largo de la Historia, habría alcanzado similares logros en campos como la ciencia, el arte o la literatura, entre otros. Lo que rara vez se plantea es si también habrían participado de forma similar en los mismos horrores creados por el hombre, cuya máxima expresión se encuentra en el genocidio.

Esta entrada recoge una traducción del artículo de Donna J. Maier “Mujeres líderes en el genocidio de Ruanda. Cuando las mujeres deciden matar“, realizada por Asier García, que rompe con la visión del papel pasivo con el que habitualmente se percibe a la mujer en estos terroríficos episodios.

Todo el mérito es del traductor, y cualquier fallo que encuentren es mío.

Mujeres líderes en el genocidio de Ruanda. Cuando las mujeres deciden matar

Donna J. Maier

Traducido por Asier García

Nota de la autora

Una versión anterior de este trabajo fue leída el 7 de marzo de 2012 ante la Phi Alpha Theta Society del Departamento de Historia de la Universidad del Norte de Iowa, donde la autora es Profesora en el Departamento de Historia. La investigación para el artículo fue financiada en parte por la Escuela de Postgrado de la Universidad del Norte de Iowa. Desde el año 2001 hasta el presente, la autora pasó varios semestres de permiso investigando y observando los juicios del Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR), con sede en Arusha, Tanzania, trabajando como consultora de la Oficina de la Fiscalía del TPIR y leyendo y evaluando declaraciones de testigos.


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La deshumanización del varón. Fragmentos de la primera parte

American Civil War

En esta entrada les dejo con algunos fragmentos de la obra que estoy escribiendo: La deshumanización del varón.

El libro se divide en tres partes: pasado, presente y futuro. Los fragmentos que encontrarán a continuación corresponden a la primera parte. No he incluido las referencias bibliográficas, pero todos aquellos que participan en Patreon pueden encontrarlas en los capítulos correspondientes (que ya están disponibles para descargar).

Cada cita corresponde a un capítulo. La mayoría de los fragmentos fueron publicados con un mes de diferencia en la página de Facebook. Aquí los compilo todos y añado algunos que nunca aparecieron en la red social.

Capítulo I (Cita sobre el matrimonio)

Además de los casos de Nueva España, en otros lugares y períodos históricos era habitual que la mujer acudiera a las autoridades para denunciar el abandono de su esposo y forzarlo a regresar con ella. En la Sevilla del Siglo XVIII, el 58% de los pleitos iniciados por las mujeres en el arzobispado estaban relacionados con el abandono marital. Charles Donahue Jr. en su estudio sobre litigación marital en York en los siglos XIV y XV señala que las mujeres, además de ser más persistentes en su litigación, también estaban más determinadas a forzar el matrimonio que los hombres incluso cuando los beneficios económicos “no eran obvios”.

Otro ejemplo de que el matrimonio se consideraba generalmente como un objetivo a alcanzar, y no un yugo del que librarse, lo encontramos en los últimos años de la República romana, cuando la carencia de hombres debido a las guerras hizo que mujeres libres buscaran esposos entre los esclavos, pese a las airadas críticas de comentaristas contemporáneos. Esto llevaría a que en el 52 d.C. se estableciera una ley para prohibir estas uniones, y en el siglo III otra para impedir que las mujeres romanas liberaran esclavos para casarse con ellos. La primera, que convertía en esclavas a las mujeres libres casadas con esclavos, se aboliría unos 500 años más tarde con el Código Justiniano, no sin advertir que habría un castigo para los esclavos varones involucrados.

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Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina en las sociedades campesinas (III)

Campesinos

Pueden leer la primera y la segunda parte de este artículo pulsando en los enlaces 

En esta entrada les presento la tercera y última parte de la traducción del artículo académico “Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina” escrito por la antropóloga Susan Carol Rogers y publicado en la revista académica American Ethnologist.

Se trata de un artículo de crucial importancia para entender las formas de poder femeninas. Debido a que se trata de un poder no legislado ni institucionalizado, resulta muy difícil de examinar, pero eso no hace que sea menos real y en algunos casos pueda llegar a imponerse al masculino.

El modelo de Rogers se aplica principalmente a las sociedades campesinas, debido a que las decisiones importantes que afectan a la aldea se toman fuera de la comunidad (por parte del gobierno regional o central, por ejemplo), dejando a los varones con un poder simbólico pero poco real, frente a un poder femenino más informal pero efectivo, ya que el ámbito doméstico es el principal centro de producción y consumo de estas sociedades.

Si bien el modelo de Rogers puede no ser aplicable fuera del campesinado, hemos de recordar que a lo largo de la Historia la mayoría de las sociedades han estados compuestas por campesinos en buena parte del planeta, por lo que su importancia no debe ser desestimada.

En esta tercera y última parte la autora da un vuelco a la usual creencia de que la mujer campesina se emancipó con la llegada de la modernidad. Por el contrario, presenta la hipótesis de que con ella llegó su pérdida de poder y el “mito” de la dominación masculina (que realmente escondía un equilibrio de poder entre los sexos) pasó a convertirse en una realidad.

La traducción del artículo ha sido realizada por Marcos Cueva. Yo me he limitado a revisar la traducción y a realizar algunos retoques estilísticos. Todo el mérito es del traductor, y cualquier falta o error que encuentren son míos.

Dado que se trata de un artículo extenso, he resaltado las partes que considero más importantes para quienes deseen realizar una lectura rápida.

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La incitación femenina en las Guerras Carlistas

La incitación femenina en los conflictos armados ha sido un tema recurrente en esta bitácora y continúa dando de sí. Esta vez mostraremos un ejemplo tomado de las Guerras Carlistas en España.

El texto pertenece a la obra de Antonio Pérez de Olaguer, Estampas carlistas, de 1950, y fue originalmente publicado por Gregorio Luri en El Café de Ocata.

Estaba don Carlos de Borbón y de Austria-Este [Carlos VII para los carlistas] en el campamento de la Plewna, rodeado de generales ruso. Naturalmente los rusos abogaban por el valor personal de sus soldados. Y todo lo más que concedían era la igualdad de méritos entre los rusos y los españoles.

-Y, sin embargo -arguyó don Carlos-, aunque a ustedes les parezca mentira, hay algo que supera a esos soldados […]. He visto en Navarra a las muchachas bailando la jota bajo una verdadera lluvia de balas; a las madres pedir con lágrimas en los ojos, por temor a ser desatendidas, que admitiéramos a sus pequeñuelos en las filas para reemplazar a los grandes, muertos aquel mismo día, y a todas, sin que nadie pudiese impedírselo, acudir a los campos de batalla, en los puntos más peligrosos, para llevar agua, vino, municiones arrebatadas por sus manos al enemigo, y cerrando los puños llamar cobardes a sus hijos, a sus hermanos, a sus esposos, ¡los soldados más bravos del mundo!, increpándoles porque no hacían bastante, y diciéndoles: ‘Si nosotras estuviéramos en vuestro lugar, no quedaba un guiri para contarlo.” Al principio del levantamiento, por miedo a las burlas de las mujeres, pedían un fusil hasta los menos belicosos, prefiriendo arrostrar las granadas enemigas mejor que los alfilerazos femeninos.

Huelga decir, como siempre, que con esto no se intenta denostar a la mujer, sino mostrar una vez más que ningún sexo era moralmente superior. Los hombres eran los ejecutores de la guerra, pero eso no quiere decir que las mujeres fueran espectadoras pasivas que miraran con desaprobación la contienda.

Gracias a Athini Glaucopis por proporcionar el enlace.