Por qué los asuntos de género hacen que gente de izquierdas vote a Vox

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Antes de empezar este artículo voy a enumerar las advertencias de rigor:

Primero, el texto se basa en lo que me han contado varios conocidos que encajan en este perfil, por tanto no puedo afirmar que sus razones sean universales. Sin embargo, publico este escrito porque sospecho (aunque no pueda probar) que corresponderá a la mayoría de quienes hacen el cambio por cuestiones relacionadas con los asuntos de género.

Segundo, no pretendo convencer a nadie de que razone como ellos (o de que no lo haga). Sólo exploro un comportamiento que a muchos deja perplejo, pero que a mí no me parece tan descabellado, a pesar de que tampoco voto a Vox.

Tercero, este artículo no va a favor ni en contra de Vox. Repito, sólo intento explicar lo que a muchos parece inexplicable.

Habitualmente se piensa que a estas personas sólo les importan las cuestiones de género o las sitúan por encima de otras consideraciones. Por lo que he visto, esto no siempre es cierto: el problema está en el consenso de las políticas.

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Denuncias falsas en perspectiva (II). La comparación internacional: India

Si les relatara la historia de un hombre inocente arrestado y encarcelado por la mera acusación de una mujer, lo más probable es que imaginaran un caso relacionado con la ley integral contra la violencia de género (LIVG) en España. Sin embargo, este escenario puede darse en un país tan diferente y lejano como India, donde la Sección 498A del Código Penal se ha convertido en su equivalente, con el añadido de que esta declaración le permite también encarcelar a cualquier pariente del hombre acusado, independientemente de su sexo.

En España se afirma que la LIVG sólo produce un 0,01% de denuncias falsas, ¿cuántas son confirmadas bajo la Sección 498A? El presente artículo pondrá de relieve la disparidad entre el número de denuncias falsas que registra cada ley para plantear el porqué de tal disparidad.

El origen de la Sección 498A

La que se considera actualmente como la ley más abusada del país nació, al igual que en el caso español, con la noble intención de proteger a mujeres maltratadas. Hay, sin embargo, un elemento cultural añadido que no existe en nuestro país: se ideó fundamentalmente para combatir la violencia relacionada con la dote.

Inicialmente la dote se estableció para garantizar la independencia económica de la mujer en caso de separación o viudedad, pero debido a que aumentaba el patrimonio familiar de quienes acogían a la mujer, terminó convirtiéndose en un bien codiciado por el esposo y sus parientes. En algunos casos, si las expectativas en cuanto a la dote no se cumplían, la mujer podía ser hostigada o maltratada por el esposo y/o sus familiares para obtener mayores bienes o dinero, culminando en asesinato o conduciendo al suicidio de la esposa si las exigencias no eran satisfechas. En un buen número de casos el asesinato se ha llevado a cabo quemándola viva, debido a que las muertes por quemadura con queroseno se deben en primer lugar a accidentes que ocurren en la cocina, seguidas del suicidio, con el asesinato como tercera causa.[1] De esta manera puede resultar más fácil hacer pasar este tipo de muertes por accidentes o suicidios.

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Diez razones para cambiar la narrativa. De la opresión masculina al intercambio de estatus por protección entre los sexos

boxing 2

Imaginen a un boxeador imbatible. Aparenta ser fuerte, pero no entrena demasiado. Se sabe que usa sustancias prohibidas y por ello ha recibido numerosas críticas, aunque nunca le ha supuesto ser descalificado. Algunos lo adoran, otros lo detestan, pero todos aceptan que es el mejor… porque nunca ha tenido un rival que le haya plantado cara.

Actualmente la creación y persistencia de los roles de género se interpreta bajo el paradigma de la opresión masculina: una imposición que beneficia unidireccionalmente al hombre. Sin embargo, al examinar la problemática del varón en áreas como las muertes laborales, el suicidio, la brecha penal y discriminaciones legales en el servicio militar obligatorio, las leyes contra la trata o las políticas migratorias, resulta cada vez más difícil aceptar la premisa de este beneficio unilateral. La réplica que lo achaca a la cultura patriarcal parece un vendaje improvisado para enmendar esta contradicción y resulta poco convincente, pero a falta de otras explicaciones tiende otorgársele validez. No importa cuán flojo sea un boxeador, resultará victorioso si no tiene un oponente al que enfrentarse.

Este artículo defenderá justamente un modelo alternativo que puede explicar mejor el contraste entre la elevada posición del hombre, su mayor mortandad en muchos escenarios y el silencio en torno a problemas específicos de su sexo: se trata del intercambio sexual de estatus por protección, que no sería libre y personal sino un intercambio institucionalizado. El sistema de roles de género perjudicaría y beneficiaría a ambos sexos en diversas áreas al proporcionar de forma general un mayor estatus al hombre y una mayor protección a la mujer.

Este modelo no debe identificarse como una causa inmediata para los distintos tipos de desigualdad, sino como un hilo narrativo que ayuda a conectar la discriminación tanto masculina como femenina, y que puede suponer un factor o causa lejana en ciertos casos. Cada tipo de discriminación tiene sus propias causas inmediatas, que sería necesario abordar para encontrar soluciones adecuadas.

He de advertir que como cualquier otro modelo, no lo abarca todo, pues la realidad es demasiado compleja, e intentar forzarla para ajustarse a las propias ideas perjudica a la larga la búsqueda de la verdad. Dicho esto, el modelo parte de una fuerte base, pues no sólo reconcilia la existencia de los problemas masculinos y femeninos más comunes, sino que explica las contradicciones del discurso de género imperante, que demanda (como es justo) una equiparación de estatus entre los sexos, pero no termina de renunciar a una protección especial para la mujer invocando mayor vulnerabilidad.

Ahora tenemos al segundo luchador en el cuadrilátero dispuesto a batirse en combate, ¿pero tiene lo necesario para desbancar al campeón? A continuación señalaré diez áreas donde podemos ver este intercambio de estatus por protección, incluyendo casos históricos. Se incorporan junto a ellas artículos relacionados con fuentes que sustentan las afirmaciones realizadas.

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¿Es la cultura patriarcal responsable de los robos de tierra a viudas en Uganda?

Widows Matter

La historia de Gladys Laker Otto es estremecedora: después de que su marido muriera a manos del Ejército de Resistencia del Señor, su familia política le arrebató la tierra heredada, amenazando a sus hijos en caso de resistir. Desde la extrema pobreza se organizó junto a otras viudas que habían sufrido una desgracia similar y salió adelante creando un servicio de lavandería. Ahora lucha por los derechos de otras como ella, pues la guerra civil dejó un enorme número de viudas y huérfanos.

El diario El País relata el drama de Gladys y otras mujeres como ella. Su artículo afirma que se trata de una lucha contra la “cultura tradicional” puesto que “a pesar de que las leyes ugandesas protegen el derecho a propiedad de las mujeres, muchas comunidades se rigen por costumbres tradicionalistas basadas en el derecho consuetudinario. Según estas, la esposa no tiene derecho propio a poseer tierra y frecuentemente, la herencia de las viudas pasa a ser patrimonio de los líderes varones del clan familiar.”[1]

El artículo concluye con unas palabras atribuidas a la propia Gladys: “Nos enfrentamos a la tradición y a los sistemas patriarcales machistas de nuestra cultura.”[2] Palabras que no parecen propias del lenguaje de campesinos en una economía de subsistencia, sino de activistas occidentales de clase media, aunque puede tratarse de mi prejuicio.

No tenía dudas sobre la veracidad de la historia ni la magnitud del fenómeno, pero me resultó extraño encontrar una costumbre que consiste en sistemáticamente abandonar a las viudas y a sus hijos a la extrema pobreza. En principio, me pareció el resultado de un debilitamiento de las instituciones del Estado y las comunidades, causado por la pobreza y el conflicto armado que provocó la viudedad de tantas mujeres para empezar. El vacío resultante propiciaría un clima donde el fuerte puede explotar al débil con mayor facilidad, y en el que las viudas constituyen un blanco fácil. Es decir, lo descrito sería resultado de la erosión de la cultura tradicional “patriarcal,” no el objetivo de ésta. Sin embargo, la intuición no constituye evidencia, de modo que decidí explorar cuánto mérito tenían las dos interpretaciones.

Antes de exponer los argumentos, clarifico que aunque normalmente defino “patriarcado” como un sistema de organización familiar centrado en el padre que es apoyado por la ley, en este artículo (y sólo en este) lo emplearemos para referirnos a los sistemas patrilocales y patrilineales presentes en la mayoría de las tribus y grupos de Uganda, que es el sentido que le otorga El País. Por otra parte, hay quienes prefieren el término “acaparamiento de tierras” y no “robo”, pero utilizaré el segundo, razón que se justificará al final del artículo.

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Movimientos por la igualdad frente a políticas identitarias

Duelo

Introducción

Es habitual encontrar en foros, bitácoras y redes sociales referencias a dos tipos de feminismo: el descrito como auténtico, que luchaba por la igualdad legal entre los sexos, y su versión actual, más parecido a un sindicato de mujeres donde se busca la mejora de condiciones del grupo (algo que no tiene por qué ser necesariamente negativo, pero que en muchas ocasiones termina siendo discriminatorio). Aunque el feminismo hegemónico actual se presenta como una continuación del anterior en forma de “olas”, considero más preciso afirmar que ha pasado de ser un movimiento por la igualdad a convertirse en uno de políticas identitarias. Este artículo explicará las diferencias entre ambos para invitar a que los movimientos por los derechos de los hombres permanezcan en el primer campo y eviten el segundo.

El fantástico artículo “Las políticas identitarias no continúan el trabajo de los movimientos por los derechos civiles”, escrito por Helen Pluckrose y James A. Lindsey, argumenta que movimientos como el orgullo gay, los derechos civiles o el feminismo liberal de segunda ola encajan dentro del liberalismo universalista, entendido en su postura filosófica y no económica. Estos movimientos extenderían derechos humanos, libertades e igualdad de oportunidades a grupos privados de ellos hasta ese momento, haciéndolos partícipes de la universalidad humana. Por el contrario, las políticas identitarias “se centran explícitamente en la identidad del grupo y buscan conferirse poder político promoviendo al grupo como una entidad monolítica y marginada, distinta de y polarizada contra, otro grupo que se describe monolíticamente como una entidad privilegiada”.

Pluckrose y Lindsey encuentras tres problemas con las políticas identitarias:

  • Epistemológico. Se basa en la altamente dudosa teoría del constructivismo social y en consecuencia produce lecturas altamente sesgadas de las situaciones
  • Psicológico. Su concentración en la identidad es divisoria, reduce la empatía entre los grupos y va contra el núcleo de la intuición moral de justicia y reciprocidad
  • Social. Al no mantener los principios de no-discriminación de forma consistente, amenaza con dañar o incluso deshacer tabúes sociales sobre juzgar a la gente por su raza, género o sexualidad

Mientras las políticas identitarias alimentan el tribalismo al que la mayoría somos proclives, los movimientos por la igualdad promueven la individualidad y universalidad: que la persona sea juzgada por su carácter, como individuo. Ello no quiere decir que el racismo, sexismo o la homofobia hayan desaparecido ni que deban ignorarse, sino que las propuestas para combatirlos han de presentarse en términos de justicia y derechos humanos universales.

Lo expuesto anteriormente es el resumen de un tema complejo, de modo que animo a leer el artículo original donde se desarrollan estas ideas y abordan sus orígenes. Dado que los autores no ofrecen un ejemplo concreto sobre cómo luchar contra la discriminación bajo estas premisas, mi aportación será ofrecer una guía general.

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