Denuncias falsas en perspectiva (III). La comparación internacional: Estados Unidos

En el artículo anterior desvelamos la enorme diferencia entre el número de denuncias falsas por violencia doméstica reportadas en India y España. Mientras que para el caso español la cifra oficial gira en torno al 0,01%, encontramos que en India supone un 10%. Ante un contraste tan fuerte cabe preguntarse cuál es la situación en otros países. La presente entrada tratará sobre las estadísticas en cuanto a denuncias falsas por violencia doméstica y agresión sexual en Estados Unidos.

El marco legal: Violence Against Women Act

Violence Against Women Act (VAWA a partir de ahora) o Ley para [combatir] la violencia contra la mujer, podría considerarse el equivalente a la LIVG española o la sección 498A del código penal indio, en cuanto a que se centra en abordar la violencia contra la mujer en el ámbito doméstico. Sin embargo, existen diferencias cruciales.

Si bien desde sus inicios el cuerpo de la ley contaba con un lenguaje neutro en cuanto al género, en 2005 se introdujo de forma explícita una cláusula de no exclusividad donde se afirmaba claramente que la ley no discriminaría por razón de sexo (SEC. 40002). Es decir, que protegería también a los hombres. De hecho, en un documento del grupo de trabajo para acabar con la violencia doméstica y sexual contra las mujeres, formado por el gobierno, se aborda directamente esta cuestión.[1]

En 2013 VAWA añadió la no-discriminación por orientación sexual e identidad sexual. Teniendo en cuenta que desde sus inicios la ley protegía a los niños y que desde el año 2000 incluyó el abuso a los mayores, constituye una ley de violencia intrafamiliar muy completa. Sin embargo, no se ha propuesto como ejemplo en los debates políticos españoles por parte de quienes plantean un modelo que aborde la violencia intrafamiliar.

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Denuncias falsas (I). La perspectiva histórica

0,01%. Éste es el número oficial de denuncias falsas por violencia de género, repetido insistentemente por activistas y medios de comunicación.[1] Mucho se ha dicho y escrito sobre lo poco útil que resulta para estimar el número real de denuncias falsas existente.[2] Entre algunos de los argumentos encontramos que el porcentaje desestima la posibilidad de que haya un número indeterminado de denuncias falsas entre aquellas que se retiran, archivan o terminan en sentencia absolutoria, una suma que supone anualmente entre el 75% y el 80% de todas las denuncias por violencia de género,[3] sin contar los “falsos positivos” de algunas sentencias condenatorias.[4]

También se ha argumentado que el 0,01% no cuenta todas las denuncias falsas, sino únicamente aquellas que son perseguidas de oficio,[5] y que existe poca voluntad en este aspecto incluso cuando existen indicios claros de falsedad.[6] No es sorprendente, pues hay jueces que afirman abiertamente que este tipo de denuncias no existen,[7] o que el varón es “un animal de bellota que no cree en la igualdad”,[8] sin que se cuestione su idoneidad para el puesto. De alguna forma la revelación de que este 0,01% es, siendo generosos, una media verdad, no parece calar entre los medios de comunicación, que con excepciones muy puntuales,[9] han cerrado filas en torno a la cifra.

La validez de este porcentaje como representativo de la denuncia falsa en España es irrelevante para la prensa. El 0,01% pasa de ser un dato a convertirse en un mensaje: las mujeres españolas no mienten sobre este tema. Por tanto, y pese a los incentivos, la ley no se abusa, no perjudica a nadie y queda justificada. El 0,01% supone una necesidad política, y el que sea arropado por la prensa sin cuestionamiento parece invertir la función tradicional del “cuarto poder” para convertirlo en protector de la clase política, al menos en esta área.

El presente artículo, sin embargo, no tratará las denuncias falsas por violencia de género, sino que explorará tres casos históricos para poner en cuestión la narrativa de que las mujeres, al contrario que los hombres, no denuncian en falso incluso cuando existen incentivos económicos para ello o simplemente por enemistad personal.

Denuncias falsas por estupro a fines de la Edad Media (y más allá)

En el período tardomedieval encontramos un fenómeno poco conocido: las denuncias falsas por estupro, entendido como tener relaciones sexuales con una virgen mediante el engaño o la seducción, generalmente empleando la promesa de matrimonio. En un artículo dedicado a él podemos leer:

Así, en el último cuarto del siglo XV el Ayuntamiento de Bilbao se hizo eco de una práctica que se estaba extendiendo: mujeres que habían mantenido relaciones sexuales, y que no se ponían el obligatorio tocado en la cabeza para indicar al resto de su comunidad que ya no eran vírgenes, iniciaban una nueva relación con otro varón y luego lo demandaban judicialmente por una desfloración que había tenido lugar con anterioridad. A su vez en la legislación navarra del siglo XVII se indicaba que se recurría a estas prácticas «con ánimo de escoger maridos a su gusto» o para ser dotadas.[10]

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Una respuesta más a otra crítica sobre los memes que tratan la discriminación masculina

En un principio pensé no responder a este artículo, pues no tengo tiempo ni interés para “guerras de blogs” o de redes sociales, pero dado que la revista donde se publica tiene un importante alcance, con unos 100.000 seguidores en su página de Facebook en el momento de este escrito, decidí que era una buena oportunidad para ampliar las perspectivas de quienes les interese ver la otra cara de la moneda.

En la primera parte de esta entrada explicaré cuál es mi postura, algo que todos los críticos de mis memes parecen desconocer. En la segunda responderé a las 10 críticas realizadas por el artículo.

Mi postura

No me molesta la crítica a mi trabajo, lo que sí me molesta es que no hayan pasado por la bitácora para averiguar por qué se hicieron estos memes y qué pretendo con ellos. O peor aún: que lo hayan hecho pero prefirieran ignorarlo. Esto podemos verlo claramente cuando el encabezado del meme sobre homicidios señala “Los hombres se asesinan entre sí por culpa de las feministas” o sobre los ahorcamientos en Irán “El feminismo está a favor de que asesinen a homosexuales.” No recuerdo haber culpado al feminismo de estas cosas. La autora ridiculiza así una postura que ella misma ha creado pero decide atribuirme a mí. Si quieren ver cuál era mi postura sobre el homicidio masculino, pueden consultarla en el artículo que dediqué a este tema.

Voy a recordar cuál era el propósito de los memes, como aparece descrito en la entrada:

En esta entrada recopilo la serie de memes titulada “…Pero no es un problema de género”, que publiqué en la página de Facebook para denunciar la invisibilidad de la discriminación y el sufrimiento masculino en los medios, la universidad y las instituciones tanto nacionales como internacionales, al menos desde una perspectiva de género. La idea es resumir el mensaje de forma breve pero al mismo tiempo proveer las fuentes y/o artículos necesarios para aquellos que quieran profundizar más en el asunto.

Aunque la intención original de la coletilla “…Pero no es un problema de género” tenía una connotación de tristeza, como bien recogió Nails Malenko en un video, con frecuencia ha sido interpretada como sarcasmo, o incluso de manera literal (algo así como “los hombres no nos quejamos”). Lo cual ha llevado a furiosas y/o indignadas reacciones como las que ya describí en su momento. Considero que la crítica de Marina Minara se encuadra en este contexto.

Quienes han seguido esta página, saben que mi postura no es la típica “el feminismo tiene la culpa de todo” (si bien tampoco está libre de culpa precisamente). Como he defendido muchas veces, lo que existe es un sistema de roles de género, no necesariamente un patriarcado, que asigna a los hombres un mayor estatus y a la mujer una mayor protección, y que tiende a resultar en una mayor mortandad masculina y un reducido papel de la mujer en la vida pública. Estos valores no son absolutos (pensemos en los indigentes varones o las mujeres asesinadas), pero se aplican a la mayoría de hombres y mujeres.

El feminismo ha luchado por eliminar las restricciones que impedían a las mujeres acceder al mismo estatus que tenía el hombre. Sin embargo, no ha pedido que simultáneamente se extienda una mayor protección al varón en asuntos determinados como el suicidio, los reclutamientos forzados o la trata de personas, y si la habido (por el momento no conozco casos) ha sido la excepción y no la regla. De hecho, la tendencia es pedir insistentemente cada vez más protección para la mujer. A esto obviamente no me opongo, salvo en aquellos casos donde dicha protección requiere la pérdida de la presunción de inocencia del varón o de socavar sus derechos.

En cualquier caso, los métodos y objetivos del feminismo ponen de relieve que esta ideología no es el mejor canal para tratar los problemas masculinos, ya que sus soluciones no pasan por admitir que el hombre tiene problemas, sino que el hombre es el problema. Esto desemboca en  soluciones abstractas como “deconstruir la masculinidad” en lugar de cambios políticos o legislativos concretos que puedan mejorar la vida de los hombres, como los que enumeré en la sección de Propuestas. Dado que no esperamos que el feminismo aborde nuestros problemas, lo lógico es que creáramos nuestros propios espacios para tal fin, motivo por el que nació esta bitácora y en cuyo contexto se encuentran los memes.

Respuesta a las 10 críticas

Nótese que los diez títulos en resaltado corresponden a lo que escribió la autora. Las aclaraciones entre corchetes sí son mías.

Aunque voy a tratar los diez puntos donde se critica mi trabajo, quiero empezar con el punto 4 para que tengamos presente algo de lo que allí se dijo en el resto de esta réplica. Este punto trata sobre los memes acerca de batidas, reclutamientos forzados y el servicio militar obligatorio. Allí la autora afirma:

…por cierto, el feminismo es bastante anti-belicista y no nos mola nada que se obligue a la gente a hacer la mili.

Como ya dije, no he culpado al feminismo de esto, pero ya que lo menciona voy a señalar unos datos que muestran lo contrario. Recordemos lo que ocurrió con la Guerra de Afganistán, donde la retórica feminista fue utilizada para justificar la invasión del país a fin de liberar a las mujeres afganas.

Marit Nybakk, quien presidía el Comité de Defensa Noruego, declaró en 2002 al diario nacional Dagbladet:

Ésta es una guerra de liberación y también una guerra para liberar a las mujeres de Afganistán. Por tanto el aspecto de los derechos de las mujeres es crucial para mí. Durante muchos años he estado gravemente preocupada por la extrema opresión de las mujeres bajo el gobierno talibán. Aquí en Occidente cerramos nuestros ojos al grotesco tratamiento al que las mujeres son sometidas porque no nos afecta.

Recordemos que en aquel entonces Noruega tenía implantado el servicio militar obligatorio sólo para hombres. Pero no hubo una sola mención (en ningún país) sobre la sangre que tendrían que derramar los hombres para alcanzar dicha liberación, mientras que instituciones como el servicio militar obligatorio masculino vulneraban su propia libertad.

Pero Marit Nybakk no estaba sola. Organizaciones de peso como la estadounidense Feminist Majority Foundation también ofrecieron su apoyo a la guerra de Afganistán. La feminista Hillary Clinton, apoyó igualmente una guerra de liberación femenina que costaría la sangre de miles de hombres, y también votó a favor de la Guerra de Irak. Del mismo modo, Barack Obama se ha declarado abiertamente feminista pero no ha eliminado el servicio selectivo (que el gobierno se reserve el derecho a los reclutamientos forzados), y de hecho durante su mandato se habló de incluir a las mujeres.

Cuando llegamos a este punto, es cuando se suele aducir que el feminismo no es monolítico, sino diverso. Aunque yo diría que Feminist Majority Foundation, creada por Gloria Steinem hace casi 30 años, es probablemente más representativa del feminismo que Locas del Coño. Y aunque no lo fuera, si el feminismo no es monolítico, no se podría afirmar tampoco, como hizo la autora, que el feminismo es “antibelicista”. Igual que no se podrían afirmar muchas otras cosas sobre este movimiento en general como hace a lo largo de todo el artículo. Pero dado que ella habla del feminismo como un todo por lo que cree que son tendencias generales, así lo haré yo a partir de ahora en cuanto a posturas que considero predominantes.

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