Las víctimas civiles en Afganistán: cómo Naciones Unidas discriminó a los hombres… otra vez

Afghanistan

Recientemente apareció en el diario El País una noticia titulada “La escalada de violencia en Afganistán se ceba con los niños y mujeres”. El artículo, que trata sobre las víctimas civiles en los seis primeros meses del año 2015, no hacía una sola mención a los hombres, proyectando la errónea idea de que la mayoría de las víctimas civiles fueron mujeres y niños. Como veremos más tarde, sin embargo, los varones adultos constituyeron el 70%.

Como El País tiene una cobertura bastante sesgada de los temas de género (en la misma línea que otros periódicos nacionales españoles), decidí echar un vistazo al informe original de la ONU. Allí descubrí que la noticia de El País no había hecho más que seguir la fórmula de este documento: el número de varones adultos que fueron bajas civiles no se menciona de forma explícita ni una sola vez. Tampoco su porcentaje.

Encontramos secciones dedicadas a mujeres y niños (empleo aquí el masculino genérico), pero no hay nada sobre los problemas o peligros a los que se enfrentan los hombres. Todo esto pese a que varios académicos han denunciado que los hombres civiles se encuentran en una situación de vulnerabilidad justamente por razón de sexo: ambos bandos consideran que los varones en edad de combatir son posibles activos a utilizar para su propio bando o potenciales enemigos que en cualquier momento pueden empuñar las armas, y se les asesina muchas veces de forma preventiva. La ONU, sin embargo, no tiene una sección para ellos. Sólo considera como colectivos vulnerables a mujeres y niños, pese a constituir un 30% de las víctimas.

La forma en que descubrí el porcentaje real lo dice todo: tuve que sumar el número de niños asesinados (320, p. 5) y el de mujeres asesinadas (164, p. 5), ambos señalados de forma explícita, y restarlo del total de bajas civiles (1.592, p. 1). El porcentaje es de un 69,6%, que he redondeado al 70% para simplificar.

Examinando el informe de 2014, que cubre los doce meses, descubrí que nuevamente se habían invisibilizado los asesinatos de varones adultos, cuyos números o porcentajes no se señalan de forma explícita. Esta vez el total de bajas fue de 3.699 (p. 1), con 298 mujeres (p. 3) y 714 niños (p. 4). El porcentaje de varones adultos fue del 72%.

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El poder femenino en el matrimonio tradicional: los casos de India, China y Japón

Si comenzara este artículo diciendo que el marido no era la figura más poderosa en el matrimonio de las sociedades tradicionales, podría imaginar a un ejército de críticos afilando sus cuchillos para luego bombardearme con pruebas de que en muchas culturas, incluyendo las cristianas, se esperaba la sumisión de la esposa al marido. Sin embargo, eso es justo lo que voy a afirmar: el marido no era quien más poder tenía en dicha relación. Ahora bien, tampoco era la esposa. En la presente entrada exploraremos el papel de la suegra en las sociedades tradicionales de India, China y Japón para que señalar cuáles eran sus poderes y cómo podía imponerse sobre los de su hijo en la propia relación de éste.

Japón

El clásico de la antropología japonesa El Crisantemo y la Espada (1), escrito por Ruth Benedict, nos explica lo siguiente sobre la sociedad tradicional del país (la negrita es mía):

Se da por descontado que en las familias respetables los padres eligen las esposas de sus hijos, normalmente a través de los buenos oficios de algún mediador (…). Es proverbial que la suegra no vea con buenos ojos a la nuera. Encuentra en ella toda clase de defectos; puede incluso echarla y romper el matrimonio, aunque el joven marido sea feliz con su esposa y no pida más que vivir a su lado. Las novelas, y la vida misma, destacan tanto el sufrimiento del marido como el de la mujer. El marido, por supuesto, cumple con el ko [piedad filial] al someterse a la ruptura del matrimonio (p. 123).

Como acabamos de leer, si bien el marido poseía más autoridad que la esposa, la suegra tenía aún más autoridad que el marido, y éste último debía obedecer sus dictados. El sometimiento del marido a la autoridad femenina no ha sido explorado apropiadamente desde el feminismo, y si lo ha hecho rara vez ha sido considerado responsable de la miseria de los cónyuges. Veamos hasta donde llega este poder:

Una japonesa “modan” [moderna] que ahora está en Estados Unidos, acogió en su casa de Tokio a una joven esposa embarazada cuya suegra la había obligado a dejar a su afligido marido. La muchacha estaba enferma y desilusionada, aunque no culpaba a su marido. Gradualmente, empezó a demostrar interés hacia el niño que iba a tener. Pero cuando nació éste se presentó la suegra, acompañada de su silencioso y sumiso hijo, a reclamarlo. Éste, por supuesto, pertenecía a la familia del marido, y la suegra se lo llevó, si bien se deshizo inmediatamente del pequeño, dejándolo al cuidado de otros. Esto es un ejemplo de lo que en ocasiones puede exigir la piedad filial, y es el pago que se les debe a los padres.

Si bien éste parece un caso extremo, nos indica el alcance del poder que tenía la suegra sobre su hijo. En el Occidente contemporáneo percibimos el matrimonio como una cosa de dos, y cuando proyectamos dicha percepción a las sociedades tradicionales tendemos a pensar que el marido era la parte dominante. Pero entonces el matrimonio no era cosa de dos, y si bien la esposa debía obedecer los dictados del marido (en teoría, al menos), el marido debía obedecer los dictados de otra mujer: su madre. Aquí cabe preguntarse ¿qué papel tenía el suegro en todo esto?

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La desechabilidad masculina en Afganistán

A continuación les presento la traducción del artículo “Afganistán es el mayor hervidero de desechabilidad masculina, hombre o niño. ¿La reacción mundial? ¡Ayudemos a las mujeres y las niñas!” Fue escrito por Ali Mehraspand (autor iraní) y publicado originalmente en A Voice for Men. Al final de la traducción realizaré algunos comentarios sobre el texto porque no siempre me suscribo a todo lo que traduzco (en este caso no me gusta el título del artículo).

Afganistán es el mayor hervidero de desechabilidad masculina, hombre o niño. ¿La reacción mundial? ¡Ayudemos a las mujeres y las niñas!

Ali Mehraspand

La historia de Afganistán es una sombría historia de dolor, pena y lucha sin miedo. La historia de Afganistán es una historia de niños cuyas inocentes sonrisas fueron resquebrajadas por la ansiedad, pues han observado con demasiada frecuencia lo amenazante que resulta la vida. También es una historia donde la ONU y las ONGs están más preocupadas por la Teoría del Patriarcado que por los verdaderos derechos humanos. Es una historia que necesitas escuchar honestamente, pues se trata de una historia sobre la desechabilidad de los niños varones.

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El hogar es un concepto extraño para muchos hombres y niños afganos que huyen del país para trabajar a edades muy tempranas. Más de tres 3.000.000 de refugiados afganos viven en Irán, y sólo 900.000 están allí legalmente [1-3]. Este número de refugiados llega de un país cuya población se encuentra en torno a los 26 millones en este momento. La inmensa mayoría de estos refugiados son varones.

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Estos hombres y niños, casi sin excepción, realizan trabajos de construcción u otros igualmente duros. Si construyes una casa en Irán, lo más probable es que la mayor parte del trabajo lo hayan realizado hombres afganos. “¿Por qué estás sólo tan lejos de casa?” le pregunto a un niño afgano. “Tengo una madre y varias hermanas que alimentar” dice. “Quizá pueda visitarlas el año que viene”. Como era de esperar, ninguno de ellos está asegurado en su trabajo, y a nadie le preocupa si mueren en su puesto. Seis es el número de hombres afganos que conocí personalmente que murieron haciendo su trabajo, uno de ellos mientras construía la casa de mis padres. Incluso existe una canción que dice esto sobre Irán: “En cada muro de esta ciudad, se encuentra la marca de mis manos”.

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Los hombres lapidados en Irán (y otros países islámicos)

Cuando pensamos en la palabra lapidación, visualizamos a la víctima invariablemente como una mujer. No es de extrañar: desde el relato bíblico de la adúltera perdonada por Jesús hasta la película La lapidación de Soraya, esta cruel ejecución ha sido retratada con rostro femenino. Tal ha sido la frecuencia de esta asociación que muchas personas desconocen que la lapidación es realidad un castigo que se aplica a ambos sexos por adulterio. Veamos por ejemplo el siguiente intercambio que tuvo lugar en Yahoo Respuestas Español tras la siguiente pregunta:

¿Por qué en algunas culturas se lapida a la mujer cuando comete adulterio, pero cuando es el hombre NO?

Entre las respuestas encontramos:

Por la misma razón que, hacen andar a la mujer tapada hasta la cabeza, la hacen caminar atrás del hombre, la pueden castigar cuando se les antoje etc. Porque son culturas, hiper machistas, llenas de prejuicios que, se inculcan de generación en generación, no se respetan a si mismo, como si ellos no hubiesen salido también de una mujer. En esas culturas, el maltrato a la mujer llega a limites enfermizos (Rankal).

Porque son culturas machistas de sociedades dominadas por hombres (?).

Porque desgraciadamente muchas culturas aun sugen influenciadas por el machismo (Sicard).

Porque en religiones como la del islam la mujer tienen un valor minimo , los que valen son los hombres por eso se les perdona el adulterio , y en muchas culturas es asi devido a que la mujer no es apta para hacer los mismos trabajos fisicos que el hombre (Dante).

Y así hasta once respuestas. Sólo una admite la posibilidad de lapidar a los varones, pero concluye que en realidad nunca ocurre. Sin embargo, todo el que haya explorado el tema de la lapidación sabe que los hombres tampoco se libran de este castigo cuando cometen adulterio. Veamos por ejemplo el caso de un hombre iraní que apareció en el diario El Mundo en 2009:

Un hombre ha sido lapidado en Irán tras admitir que había cometido adulterio. Se eleva así a cinco el número de personas ajusticiadas de esta manera en los últimos dos años en el país asiático. El condenado, que tenía 30 años, trabajaba para un despacho provincial del Ministerio de Comercio y vivía en Parsabad Moghan, una localidad cercana a Azerbayán.

El portavoz judicial Alireza Jamshidi confirmó que el hombre había sido lapidado y que la mujer con la que había tenido la relación se libró de la condena, debido a su arrepentimiento. “Lo que ha dicho sobre la lapidación es correcto. Sin embargo, la mujer se arrepintió… Entre los casos en los que la sentencia no se cumple es cuando hay un arrepentimiento de la persona involucrada”.

También en Irán, unos meses atrás, dos hombres fueron lapidados por adulterio. Y dos años antes un informe de la Federación Internacional de Derechos Humanos relató, entre otras, la lapidación de Ja’afar Kiani:

“Informes no oficiales… indicaron que Ja’afar todavía estaba vivo después de la lapidación pero que su oído y nariz habían sido aplastados y cortados. Cuando un médico forense confirmó que todavía estaba vivo, Mr. [sic] le aplastó la cabeza con un gran bloque de cemento y lo mató (p. 40).

Nuevamente en 2009 encontramos la noticia de otro hombre lapidado por adulterio, esta vez en Somalia.

Adultero lapidado 1

 

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La doncella en apuros y el hombre desechable: del tradicionalismo al feminismo

WWI Propaganda

Se han escrito ríos de tinta sobre la imagen del osado guerrero que rescata a una doncella en apuros (generalmente princesa) de las garras de un malvado monstruo. Desde la perspectiva de género, esta imagen se ha citado en las narrativas tradicionales y modernas para criticar la pasividad de la doncella, la imagen de la mujer como un ser desvalido, su carácter de trofeo, etc. El análisis que realizaremos en este blog partirá de una perspectiva diferente: nos centraremos en casos históricos donde esta narrativa se ha empleado para alcanzar fines políticos utilizando la desechabilidad masculina.

Un conocido ejemplo donde la imagen de la doncella en apuros fue utilizada políticamente lo encontramos en la Primera Guerra Mundial. Para obtener el apoyo de la opinión pública estadounidense en un conflicto que buena parte de la población no consideraba en su mejor interés, el gobierno realizó una serie de carteles donde denunciaba las atrocidades alemanas en Bélgica.

The rape of Belgium

Como pueden ver, la nación belga es retratada como una mujer indefensa que va a ser asesinada, y muy probablemente violada, por el soldado que representa a Alemania. No por nada la ocupación alemana de Bélgica ha sido conocida como La violación de Bélgica. Asimismo, la ocupación de Nanking por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial también sería conocida como “la violación de Nanking” debido a las masacres y torturas cometidas por el ejército nipón.

Resulta interesante ver que los crímenes más brutales de la guerra son comparados con la violación de una mujer, y no otro tipo de crimen. Además esa violación, o amenaza de violación, son el recurso utilizado por el gobierno tanto para cambiar la mentalidad de la opinión pública como para animar a que los hombres se alisten a matar y morir en una guerra que inicialmente poco tenía que ver con ellos.

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