Una explicación alternativa a las agresiones sexuales en Colonia

TUNISIA-POLITICS-REVOLUTION-ANNIVERSARY

Catorce días después de los incidentes de Colonia, en el país norteafricano de Túnez miles de hombres y mujeres salieron a las calles para celebrar el quinto aniversario de su revolución, origen de la Primavera Árabe. Una celebración que transcurrió sin incidentes, en contraste con las numerosas agresiones sexuales ocurridas en Colonia y otras ciudades alemanas durante la Nochevieja, donde se describió a los atacantes en su mayoría como “norteafricanos”. ¿Por qué ocurrieron estos hechos en Alemania pero no en Túnez?

Esta entrada tratará de cuestionar la validez del argumento más repetido hasta ahora a fin de explicar las agresiones: “eso es normal en sus países”. Para ello exploraremos los ataques ocurridos en la ciudad alemana, los que tuvieron lugar en la Primavera Árabe egipcia, el concepto de taharrush y las declaraciones del imán salafista de Colonia, Abu-Yusuf. Finalmente explicaremos cuál es la importancia de estos argumentos para las ideas que defendemos desde esta página.

Los ataques de Colonia

Una de las razones por las que se considera que los eventos de Nochevieja en Colonia son “normales en sus países de origen” es porque no se había visto nada semejante con anterioridad. El ataque se considera específico no sólo de las culturas de los agresores (descritos además como “norteafricanos” o “árabes”) sino parte de una normalidad ausente en Occidente.

Sin embargo, hay algunos factores que parecen indicar que los ataques, lejos de ser algo “normal en sus países” constituyen más bien una transgresión sus leyes y normas. Todos los relatos, por ejemplo, coinciden en que los agresores estaban borrachos, algo que va contra los principios del Islam sobre los que se guían estas culturas. Esto nos indicaría una transgresión religiosa en público, a la que siguen otro tipo de transgresiones como la sexual o el robo. Esto no es “lo normal” en sus países, como prueban las celebraciones de Túnez. Más bien parece que lo que guió a esta gente fue un sentimiento de impunidad para hacer lo que en sus lugares de origen no estaría tolerado, o al menos sería castigado con una mayor severidad y en ocasiones sin las garantías procesales que ofrecen los Estados democráticos.

Sé que estos países que voy a nombrar no son del Norte de África, pero pertenecen al mundo islámico y hay sospechosos de algunos de ellos en los ataques (5 iraníes, según Reuters). Pues bien, en 2015:

  • Pakistán ejecutó a 3 personas por violación (de menores fundamentalmente)
  • Arabia Saudí decapitó a 6 hombres por violación. Todas estas decapitaciones fueron realizadas en público, y todas las víctimas de violación fueron mujeres adultas.
  • El “premio”, como era de esperar, se lo lleva Irán con 49 hombres ahorcados por violación, 29 de ellos en público. Todas las víctimas de violación excepto una fueron mujeres adultas.

Remarco la parte “en público” porque tiene la intención de disuadir, no alentar.

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¿Puede una mujer violar a un hombre?

Es difícil arrojar cifras sobre la violación masculina, pero se calcula que alrededor del 10% de las víctimas de violación son varones. Dentro de este 10%, un 94% de los autores fueron otros hombres y sólo un 6% de las agresoras, mujeres. Esto significaría que el porcentaje de varones violados por mujeres sólo alcanzaría el 0,6% del total de violaciones existentes.

La cifra, 0,6%, se alinea con la visión general que tenemos sobre este tipo de agresión: un evento extremadamente raro del que nadie conoce víctimas, con la excepción de algún menor. Sin embargo, varios estudios institucionales y académicos señalan cifras mucho más altas. Por ejemplo el Center for Control Disease (CDC) publicó en 2010 un estudio titulado Sondeo nacional de violencia intima en la pareja y violencia sexual, cuyos resultados arrojaron números francamente sorprendentes: un 1,1% de las mujeres había sido violada en los últimos 12 meses (p. 18), en el 98% de los casos por un varón (p 24). Sin embargo, un 1.1% de los varones fue forzado a penetrar (p. 19), en el 79% de los casos por una mujer (p. 24). Esto significaría que mientras un 1.08% de las mujeres fueron violadas por hombres, un 0,87% de los varones fueron violados por mujeres. Según este sondeo la diferencia entre un tipo de violación y el otro sería mucho menor de la que pensamos.  ¿Por qué existe entonces una diferencia tan desproporcionada entre las estadísticas criminales, los estudios institucionales y nuestra percepción de este crimen?

Antes de contestar a esta pregunta debo indicar que el sondeo del CDC no es el único en presentar datos como éstos. Denise A. Hines, profesora del Departamento de Justicia Criminal de la Universidad de Massachusetts, condujo un estudio global que examinaba la coerción y violencia sexual en las parejas heterosexuales de 38 países (p. 5). Sus resultados fueron incluso más extremos. Un 2.3% (p. 8) de las mujeres entrevistadas admitieron haber experimentado sexo forzado por parte de su pareja, mientras que la cifra alcanzaba un 2.8% en los hombres (p.6). Si bien sus conclusiones sólo son aplicables a la población universitaria.

El estudio de Barbara Krahe, titulado Agresión sexual femenina hacia el hombre: prevalencia e indicadores, publicado en Roles de género: una revista de investigación, también nos aporta datos que desafían las estadísticas criminales. De una muestra de 240 mujeres, entre un 9,3% y un 10.8% habían utilizado estrategias agresivas para obtener sexo de un hombre. Presión verbal supuso el 3.2%, uso de la fuerza el 2% y aprovechar el estado incapacitado del varón (por haber consumido alcohol o drogas, generalmente), un 5,6%, siendo este último el escenario más frecuente (p. 2 y p. 38). La inmensa mayoría de las violaciones eran realizadas sobre la pareja, ex-pareja, amigos y conocidos, pero muy rara vez sobre hombres extraños. El estudio incluye además un repaso de la literatura sobre este tema que arroja resultados similares.

Volviendo entonces a la pregunta planteada al inicio de este artículo, ¿por qué existe tanta disparidad entre lo que nos muestran los estudios académicos/institucionales, las estadísticas criminales y nuestra percepción de la realidad? No podemos descartar la posibilidad de que haya irregularidades en los estudios. Sin embargo, tiendo a pensar que la razón de esta discrepancia se encuentra en otros lugares.

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