Batidas militares en Colombia: un problema de género

Batidas militares

Imagina que un día te encuentras en la calle esperando el autobús. De repente, un grupo de hombres armados te detiene y te hace subir a un camión, para llevarte a un destino donde podrá retenerte desde días hasta años. Todo nos lleva a pensar que se trataría de un secuestro o, como mínimo, una detención ilegal propia de algún régimen totalitario. Sin embargo, si eres hombre y vives en Colombia, esto puede ser perfectamente legal. Hablamos del fenómeno conocido como “batidas militares”.

El diario La Opinión describió así una de ellas:

Carlos salió a la tienda a las siete de la noche a comprar una gaseosa. Varios minutos después, en vista de que no volvía, su familia se comenzó a preocupar y su hermano recibió una llamada. Era Carlos, que lo llamaba desde un camión en el que lo habían subido en contra de su voluntad.

“Logró conseguir un minuto con otro muchacho que agarraron y me llamó. Yo salí corriendo detrás del camión hasta que lo alcancé, pararon y con las rechiflas e insultos de los vecinos, logramos que lo bajaran del camión”, cuenta Fabio, su hermano.

El relato se asemeja al de un secuestro, en el que, al salir de su casa a la tienda, cualquiera puede ser raptado. Pero no lo es, es una historia que se repite frecuentemente en el país, en Cúcuta, la historia de las llamadas ‘batidas’ que realiza el ejército para incorporar nuevos soldados a sus filas, o para definir su situación militar.

Todo varón colombiano mayor de edad debe definir su situación militar. En caso contrario será considerado “remiso” y puede ser incorporado a filas forzosamente tras una de estas batidas. Mientras tanto, no podrá obtener su tarjeta militar, necesaria para cursar estudios superiores, ejercer cargos públicos u obtener empleo. En el siguiente vídeo, creado por el gobierno para ofrecer una oportunidad de regularización a remisos mayores de 25 años, se explican todos estos detalles.

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Los hombres violados en el conflicto colombiano

Buscando información sobre un futuro artículo acerca de las batidas militares, encontré este fantástico (y reciente) reportaje sobre Colombia titulado “El drama de los hombres violados en la guerra“, escrito por Tatiana Escárraga y publicado en El Tiempo. A continuación citaré un extracto:

“Creo que era martes como a las seis de la tarde. Yo tenía 46 años. Fue el 2 de febrero del 2006, eso no se me olvidará. En la escuela había como una granjita, y yo les dije que sí, que pasaran y cogieran las mandarinas. Se sentaron un rato y ahí fue cuando me puse nervioso (…).

Yo le dije que me respetara, que como así, que era un docente con esposa y con hijos, el profesor del pueblo. Que merecía respeto. Me asusté y me puse a llorar. Me dijeron ‘nenita, no llore’, y el más grande me empujó. El tipo me bajó los pantalones y me puso el arma en la cabeza. Grité pero por ahí no hay nada cerca, y ni me salía la voz. Cuando terminó, entró el otro. Me dijeron que cuidado avisaba a alguien, que no hiciera ningún comentario. Sangré mucho, lloré toda la noche, tirado ahí en la cama, solo. Al día siguiente tuve que hacer como si nada y recibir a los niños. A los ocho días me llené de llagas, no aguantaba el dolor, el ano se me inflamó; desesperado le pedí ayuda a una vecina, le dije que me acompañara al médico, que me había bañado con agua sucia.

“El médico que me revisó me preguntó si me habían violado. Yo le dije que no; me daba vergüenza. Le dije que había sido el agua sucia de la vereda. Seguí dos años más en la escuela, pero a esos hombres no los volví a ver. Quizás los mataron porque siempre había enfrentamientos con el ejército. A veces también pasaban por ahí tipos encapuchados. Una vez me puse muy mal y creí que estaba contagiado de sida.

Le conté a una de mis hijas; mi mujer se enteró y ya no me miró igual. Al cabo de un tiempo nos separamos porque ella me rechazó. Veinte años de casados se acabaron por culpa de lo que me sucedió. Imagínese que me acusó de haberlo provocado. ¡Cómo se le ocurre! Aunque sí dudé. ¿Será que ellos creyeron que era homosexual? Yo le dije a mi mujer que si hubiera sido gay no me habría casado con ella ni habríamos tenido hijos. Pobrecita, en el fondo la entiendo; ella no tiene estudios, estas cosas no las comprende. Por eso fue que nunca me apoyó.

“No sé cómo no me he vuelto loco con lo que me pasó. Me la paso tomando pastillas para dormir y para controlar los episodios de angustia. A veces pienso que hubiera sido mejor que me mataran, porque vivir con este trauma es muy duro. Esto no se me olvida. Me sentía chiquitico, con la autoestima destrozada. Vivía aterrado, no podía hablar delante de otros profesores ni de los padres de familia, pensaba que se me iba a notar, que se iban a dar cuenta de que dos tipos me violaron. Qué vergüenza que se enteraran. Ahora estoy mejor, aunque todavía me da miedo que alguien lo sepa, me da miedo que la gente vaya a pensar que soy homosexual, porque no lo soy.

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Ataques con ácido en Colombia: las víctimas olvidadas

Recientemente el gobierno colombiano ha dado la voz de alarma sobre el aumento de ataques con ácido a mujeres. El propio presidente Juan Manuel Santos escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter (la negrita es mía):

Hemos elevado a $75 millones recompensa a quien denuncie a responsables de ataques con ácido a mujeres. No más violencia contra la mujer.

Podría haber ofrecido dicha recompensa para cualquier ataque con ácido, y haber terminado con un simple “no más violencia”, pero no lo hizo.

Del mismo modo, la prensa nacional e internacional reaccionaron arrojando titulares en los que también se referían al fenómeno como un problema exclusivamente femenino:

  • “Mujeres colombianas amenazadas por ataques de ácido”. Semana
  • “Nuevos ataques con ácido a mujeres” El Economista Colombia
  • “Se multiplican los ataques con ácido a mujeres”. Diario de las Américas
  • “Indignación por constantes ataques con ácido a mujeres en Colombia”. ElDeber.com
  • “Colombia: se enciende la alarma por ataques con ácido a mujeres”. LaRepública
  • “Preocupantes ataques con ácido a mujeres en Colombia”. MDZ Online
  • “Gobierno colombiano analiza controlar venta de ácidos por ataques a mujeres”. El Nacional

Diario el espectador

Y como era de esperar, este tipo de agresiones han sido consideradas parte de la violencia machista:

  • “Ataques con ácido a mujeres, un exceso de la violencia machista”. El Telégrafo
  • “Las víctimas del ácido en el país de machitos.” El hilo de Ariadna

Aunque por supuesto titulares neutrales tampoco evitan que el asunto se trate desde una perspectiva completamente ginocéntrica, como ocurre en la mayoría de los artículos incluyendo éste de El País, donde si la palabra “hombre” aparece, es sólo para hacer referencia al agresor.

Todo esto resulta llamativo porque de los 926 casos de ataques con ácido registrados en el país durante los últimos diez años, entre las víctimas hay 471 mujeres y 455 varones. Es decir, los hombres constituyen el 49% de los agredidos, pero apenas han recibido atención mediática o política.

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