Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina en las sociedades campesinas (I)

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Pueden leer la segunda y la tercera parte de este artículo pulsando en los enlaces

En esta entrada les presento la traducción del artículo académico “Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina” escrito por la antropóloga Susan Carol Rogers y publicado en la revista académica American Ethnologist.

Se trata de un artículo de crucial importancia para entender las formas de poder femeninas. Debido a que se trata de un poder no legislado ni institucionalizado, resulta muy difícil de examinar, pero eso no hace que sea menos real y en algunos casos pueda llegar a imponerse al masculino.

El modelo de Rogers se aplica principalmente a las sociedades campesinas, debido a que las decisiones importantes que afectan a la aldea se toman fuera de la comunidad (por parte del gobierno regional o central, por ejemplo), dejando a los varones con un poder simbólico pero poco real, frente a un poder femenino más informal pero efectivo, ya que el ámbito doméstico es el principal centro de producción y consumo de estas sociedades.

Si bien el modelo de Rogers puede no ser aplicable fuera del campesinado, hemos de recordar que a lo largo de la Historia la mayoría de las sociedades han estados compuestas por campesinos en buena parte del planeta, por lo que su importancia no debe ser desestimada.

En esta primera entrada se presenta la tesis principal y una revisión de la literatura. En una segunda entrada se tratará la otra mitad del texto de Rogers, donde encontraremos un ejemplo concreto basado en una aldea campesina francesa.

La traducción del artículo ha sido realizada por Marcos Cueva. Yo me he limitado a revisar la traducción y a realizar algunos retoques estilísticos. Todo el mérito es del traductor, y cualquier falta o error que encuentren son míos.

Dado que se trata de un artículo extenso, he resaltado las partes que considero más importantes para quienes deseen realizar una lectura rápida.

Formas de poder femenino y el mito de la dominación masculina: un modelo de interacción femenina/masculina en la sociedad campesina

SUSAN CAROL ROGERS

Traducido por Marcos Cueva

Toda actitud, emoción y pensamiento, tiene un equilibrio opuesto que no puede verse, pero que permanece allí todo el tiempo. Lleva cualquiera de ellos a su extremo y… te encontrarás con su opuesto (Lessing 1969:601)

Introducción

[En todas las sociedades] el hombre usualmente ejercita el control… las simples realidades fisiológicas de existencia hacen de los roles [femeninos] secundarios a aquellos de los masculinos en el proceso de toma de decisiones en cualquier nivel superior al meramente doméstico… [En las sociedades no primitivas] por buena parte de su vida cualquier mujer puede ser libre de tomar decisiones que tengan algún impacto en el mundo masculino. Es curioso, por lo tanto, que esto no se haya sentido y manifestado en mayor medida. Incluso con sus oportunidades incrementadas, el rol de la mujer continúa aún siendo secundario (Fox 1969:31-32).

Un análisis de 46 estudios sobre comunidades campesinas revela una recurrente estructura social androcéntrica, con el control y la autoridad en las manos de los hombres (Michaelson and Goldschmith 1971:330).

Que las mujeres jueguen un rol subordinado virtualmente en todas partes constituye un supuesto, implícito o explícito, muy recurrente en la literatura antropológica. Si esto se debe al “androcentrismo” de los antropólogos, o al de las sociedades humanas en general, sigue siendo una pregunta abierta. Este trabajo representa un desafío a este tipo de supuestos, preguntándose qué forma toma este “androcentrismo” en las sociedades tradicionales, cuál es la verdadera posición de la mujer, y como ambas cosas se relacionan. Antes de proceder, debería señalarse que la base teórica para las suposiciones de androcentrismo pueden encontrarse, en parte, en la manera en que problemas relacionados con el poder, el control, y la toma de decisiones son abordados convencionalmente en la antropología.

La antropología política es la subdisciplina a la cual le conciernen más directamente estos problemas. Los dos mayores intereses que se pueden encontrar en la literatura de este campo son: el análisis de “la taxonomía, estructura, y funcionamiento de los sistemas políticos,” y, más recientemente, “el estudio de los procesos políticos” (Swartz 1966:1). Swartz, en su introducción al libro de texto Political Antropology, explica que “el estudio de la política es el estudio de los procesos involucrados en la determinación e implementación de objetivos públicos y la diferencial obtención y uso del poder por los miembros del grupo interesados en el logro de esos objetivos” (1966:7). Definiendo el proceso político, él ve como su primera característica que éste es de naturaleza “pública, en vez de privada” (1966:4). Citando a Talcott Parsons, mantiene que el “poder” debe ser entendido como algo que descansa en la legitimidad” (1966:14). Está claro que lo que es de interés para estos académicos es un tipo especial de proceso político. Ellos incluyen por definición sólo aquello que es visible en estructuras de poder formales o institucionalizadas.

Cohen amplía estos conceptos al distinguir entre poder y autoridad (poder legítimo), notando que no todo el poder en un grupo puede ser contenido en estructuras de autoridad (1970:491). Es en gran parte por esta razón, sugiere él, que los antropólogos políticos han trabajado alrededor de una definición del sistema político centrada en los rasgos estructurales del sistema de autoridad, en vez de en la naturaleza del acto político (1970:487). Al mismo tiempo que reconoce la importancia de las estructuras de poder, él sugiere que la relación entre ambos puede verse en el declive o la ruptura de la autoridad, o en el proceso de legitimación del poder (1970:492). Por consiguiente él ve el poder en términos de, y subordinado a, la autoridad.

En la mayoría de las sociedades, los hombres evidentemente tienden a monopolizar las posiciones de autoridad y están más involucrados en instituciones políticas formales de lo que lo están las mujeres (Stephens 1963:289). Si los antropólogos limitan sus intereses al nivel formal de los procesos políticos, asumiendo que éste es el más importante, los hombres obviamente parecerán ser dominantes, y las mujeres, por su parte, relativamente carentes de poder. Este patrón dominación/subordinación gana más credibilidad por el hecho de que en muchas sociedades, ambos hombres y mujeres se comportan como si los hombres fuesen dominantes y como si los procesos formales de toma de decisiones, controlados por hombres, fuesen de hecho los más importantes (Stephens 1963:289:290). Los antropólogos generalmente parecen haber aceptado este comportamiento al pie de la letra, y nosotros nos quedamos presuponiendo una dominación masculina virtualmente universal y una preocupación por los aspectos formales del poder.

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Madres de la guerra: el caso de Esparta

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“Vuelve con tu escudo, o sobre él”   (Plutarco, Moralia, 240 F 16)

Cuando se utiliza la perspectiva de género para analizar fenómenos como la guerra, se suele retratar a los hombres como agresores y a las mujeres como víctimas. Un ejemplo es el artículo de Internacional de Resistentes a la Guerra “La masculinidad como causa de la guerra. Las mujeres como víctimas de la guerra”, cuyo título no podía ser más claro al respecto. También se trata de la visión sostenida desde los organismos internacionales, con una pequeña modificación:

Resoluciones previas de la ONU habían tratado a las mujeres únicamente como víctimas de guerra, necesitadas de protección. Sin embargo, la 1325 reconocía también a las mujeres como agentes activas en la construcción de la paz y la seguridad

En este espacio hemos presentado numerosos ejemplos que desafían esta narrativa limitadora, pero se trata de una visión tan arraigada que nunca está de más añadir otro. En el presente artículo trataremos la relación materno-filial dentro de la antigua Esparta en el contexto bélico. Para ello presentaré algunos de los fragmentos del texto de Plutarco Obras morales y de costumbres (Moralia), 240C-241D. He marcado los casos más interesantes con resaltado y subrayado. Mis comentarios aparecen en rojo entre corchetes.

Moralia

Plutarco

Damatria, como consecuencia de haber oído que su hijo era cobarde e indigno de ella, cuando se presentó, lo mató. Éste es el epigrama que le hace referencia:

Al que transgredió las leyes, a Damatrio, al espartano, mató su madre, la espartana.

1. Otra espartana mató a su hijo porque había abandonado la línea de combate, pues lo consideró indigno de la patria, y dijo: “No es mío el vástago”. Éste es el epigrama que le hace referencia:

Corre, vil vástago, por la tiniebla, por cuya aversión ni el Eurotas fluye para las temerosas ciernas. Inútil despojo, vil resto, corre hacia el Hades, corre, jamás alumbré nada indigno de Esparta.

2. Otra, al oír que su hijo había caído en el campo de batalla, dijo: “Que los cobardes lloren; pero yo, a ti, hijo, sin lágrimas te entierro, a ti, que eres mío y también de Esparta”.

3. Una mujer, al oír que su hijo se había salvado y que había huido de los enemigos, le escribió: “Una mala fama se ha extendido sobre ti, o lávala enseguida o no seas”.

4. Otra, como sus hijos huyeran de la batalla y se presentaran ante ella, dijo: “¿Adónde venís después de haberos escapado, esclavos ruines? ¿Acaso tenéis intención de ocultaros aquí de dónde salisteis?” y levantándose su ropa, se lo enseñó” [la reacción es idéntica a la que experimentó Teodorico. También es curioso el uso de la palabra “esclavo” para referirse a los hijos, aunque no podemos sacar muchas conclusiones sin un análisis de la palabra original griega en el contexto de la época].

5. Una mujer, al ver que su hijo se acercaba, le preguntó: “¿Qué hace la patria?” Y éste respondió: “Todos han muerto.” Ella cogió una teja, se la tiró y lo mató, diciendo: “¿A ti, pues, te enviaron a nosotras como mensajero de malas noticias?”

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