Diez razones para cambiar la narrativa. De la opresión masculina al intercambio de estatus por protección entre los sexos

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Imaginen a un boxeador imbatible. Aparenta ser fuerte, pero no entrena demasiado. Se sabe que usa sustancias prohibidas y por ello ha recibido numerosas críticas, aunque nunca le ha supuesto ser descalificado. Algunos lo adoran, otros lo detestan, pero todos aceptan que es el mejor… porque nunca ha tenido un rival que le haya plantado cara.

Actualmente la creación y persistencia de los roles de género se interpreta bajo el paradigma de la opresión masculina: una imposición que beneficia unidireccionalmente al hombre. Sin embargo, al examinar la problemática del varón en áreas como las muertes laborales, el suicidio, la brecha penal y discriminaciones legales en el servicio militar obligatorio, las leyes contra la trata o las políticas migratorias, resulta cada vez más difícil aceptar la premisa de este beneficio unilateral. La réplica que lo achaca a la cultura patriarcal parece un vendaje improvisado para enmendar esta contradicción y resulta poco convincente, pero a falta de otras explicaciones tiende otorgársele validez. No importa cuán flojo sea un boxeador, resultará victorioso si no tiene un oponente al que enfrentarse.

Este artículo defenderá justamente un modelo alternativo que puede explicar mejor el contraste entre la elevada posición del hombre, su mayor mortandad en muchos escenarios y el silencio en torno a problemas específicos de su sexo: se trata del intercambio sexual de estatus por protección, que no sería libre y personal sino un intercambio institucionalizado. El sistema de roles de género perjudicaría y beneficiaría a ambos sexos en diversas áreas al proporcionar de forma general un mayor estatus al hombre y una mayor protección a la mujer.

Este modelo no debe identificarse como una causa inmediata para los distintos tipos de desigualdad, sino como un hilo narrativo que ayuda a conectar la discriminación tanto masculina como femenina, y que puede suponer un factor o causa lejana en ciertos casos. Cada tipo de discriminación tiene sus propias causas inmediatas, que sería necesario abordar para encontrar soluciones adecuadas.

He de advertir que como cualquier otro modelo, no lo abarca todo, pues la realidad es demasiado compleja, e intentar forzarla para ajustarse a las propias ideas perjudica a la larga la búsqueda de la verdad. Dicho esto, el modelo parte de una fuerte base, pues no sólo reconcilia la existencia de los problemas masculinos y femeninos más comunes, sino que explica las contradicciones del discurso de género imperante, que demanda (como es justo) una equiparación de estatus entre los sexos, pero no termina de renunciar a una protección especial para la mujer invocando mayor vulnerabilidad.

Ahora tenemos al segundo luchador en el cuadrilátero dispuesto a batirse en combate, ¿pero tiene lo necesario para desbancar al campeón? A continuación señalaré diez áreas donde podemos ver este intercambio de estatus por protección, incluyendo casos históricos. Se incorporan junto a ellas artículos relacionados con fuentes que sustentan las afirmaciones realizadas.

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