La atracción por el hombre violento

violento

Realmente no quería hablar de este tema, pero como varias personas han pedido mi opinión, voy a abordar la polémica generada por la columna de Manuel Molares titulada “Víctimas de su sexismo” y publicada originalmente en la sección Crónicas Bárbaras de El Correo Gallego.

Los hechos

El artículo relata el asesinato de una mujer de cuarenta años y profesora universitaria a manos de un delincuente común de veinte años. Pese a que la mujer lo había denunciado por maltrato y conseguido una orden de alejamiento, volvió a residir con él, provocando el fatal desenlace. El acusado también tenía otra denuncia por maltrato de una pareja anterior y otra fuente indica que apuñaló al portero de una discoteca.

La interpretación del autor fue que la fallecida se encontraba bajo una forma de malsana dependencia sexual, y que en este caso:

Al culpar sólo al asesino, el feminismo más activo facilita la continuidad de esta cadena mortal. Debería advertir también que la mujer tiene que ser autorresponsable evitando machos violentos, por placenteros que sean: el maltratador es más peligroso cuanto mejor amante es.

Ante el torrente de críticas recibidas por culpar a la víctima, El Correo Gallego decidió prescindir de la colaboración del autor.

Aclaraciones

La primera pregunta que muchos se han hecho es si el texto realmente culpa a la víctima, como se ha afirmado. En este apartado yo diría que sí. Cuando el autor escribe “al culpar sólo al asesino, el feminismo más activo facilita…” contiene la implicación de que la culpa no es sólo del asesino, y que la víctima también merece compartirla.

Luego tenemos el veredicto de la dependencia sexual, imposible de probar. Podría ser un caso de dependencia emocional, una atracción por el peligro u otras razones que con la información que tenemos no podemos determinar.

Qué pienso

Empezaré clarificando que en caso de asesinato, la culpa es indudablemente del asesino. Sin embargo, afirmar que no hay nada más que añadir es, como mínimo, ingenuo. Adapto un ejemplo empleado en su momento por Steven Pinker sobre un tema relacionado: imaginen que sin necesidad alguna, aparco mi auto en un barrio peligroso por la noche y lo dejo abierto con las llaves puestas en la puerta, resultando en que alguien lo roba. En otro escenario, tengo el auto cerrado dentro del garaje de casa con las llaves en mi persona. Alguien destruye la puerta del garaje, rompe un cristal, le hace un puente al auto y lo roba.

En ambos casos, la culpa es indudablemente del ladrón y ha de ser castigado. Sin embargo, alguien podría decir que en el primer escenario he actuado de forma irresponsable, elevando significativamente el riesgo de que el incidente ocurra.

Entiendo que el ejemplo no es perfecto, pues en el caso del maltrato puede haber otros factores que compliquen el escenario, pero la idea central es la misma: que la culpa sea de quien comete el delito no nos exime de actuar responsablemente. Cuidar de uno mismo no equivale a asignarse culpabilidad de no hacerlo, sino de minimizar riesgos, especialmente los innecesarios.

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