Hombres y mujeres en la Unión Soviética (I). La anarquía sexual

Madres, no abandonen a sus hijos. Acudan a los soviets de servicios sociales (1925). Imagen de Wikimedia Commons

Introducción

En lugar de decir: aún somos demasiado indigentes y demasiado incultos para establecer relaciones socialistas entre los hombres: nuestros hijos lo harán, los jefes del régimen recogen los trastos rotos de la familia e imponen, bajo la amenaza de los peores rigores, el dogma de la familia, fundamento sagrado del “socialismo triunfante.” Se mide con pena la profundidad de este retroceso.[1]

─Leon Trotsky. La Revolución Traicionada.

Cuando imaginamos a la mujer soviética es inevitable evocar imágenes de aquellas valientes que mataron y murieron desempeñando una variedad de roles de combate en la Segunda Guerra Mundial: desde aviación hasta artillería e infantería. Sin embargo, tras esta apariencia de igualdad ya se fraguaba un proceso que León Trotsky denunció en 1937: la restitución de la familia como núcleo de la sociedad, con la mujer como su principal pilar.

La igualdad entre los sexos había tenido un lugar especial en la Unión Soviética. La Constitución de 1918 otorgó el voto a la mujer y la consideró ciudadana a todos los efectos. El Código Familiar promulgado ese mismo año fue una de las herramientas empleadas para que dicha igualdad fuera efectiva, incluyendo la posibilidad de obtener el divorcio a voluntad. Una liberación implementada desde la cima que tendría consecuencias desastrosas para innumerables mujeres, quienes abandonadas por sus maridos terminaron en la miseria y abocadas a la prostitución.

Aunque no existen cifras oficiales, algunos autores elevan el número de mujeres desamparadas y empobrecidas a millones.[2] Sea como fuere, constituyó un problema de tal magnitud que el idealismo inicial hubo de dar marcha atrás. Para entender los hechos que propiciaron el giro conservador de Joseph Stalin, nos concentraremos en los tumultuosos años comprendidos entre 1917 y 1936, sin los que no puede entenderse el posterior Edicto para la Familia de 1944.

HGyDC se especializa en Historia de género

Estimados lectores:

Les anuncio que voy a realizar cambios importantes en Hombres, género y debate crítico (HGyDC), eso incluye la bitácora, la página de Facebook, Twitter y Patreon

La versión corta

HGyDC va a especializarse en historia de género (global, aunque haciendo más hincapié en la historia de España), con también un acercamiento a sociedades no occidentales contemporáneas, y en último lugar otros temas, particularmente los relacionados con discursos actuales sobre masculinidad.

La proporción sería aproximadamente así:

  • 70% Historia
  • 20% Sociedades contemporáneas no occidentales
  • 10% otros temas

La cuenta de Facebook sólo cambiará en cuanto a mis entradas, no las de Anxo Dópico (AD), quien continuará con su propia línea de publicaciones. Además, seguiré trabajando para promocionar el libro Deshumanizando al varón, tanto en mis espacios como en otros.

Dado que voy a tratar menos temas pero en mayor profundidad, planeo adquirir libros, pues  hay información muy valiosa que no se encuentra en internet (y mi cometido será traerla). Para ello he reconfigurado la antigua cuenta de Patreon y la he cambiado de un proyecto limitado (Deshumanizando al varón) a un proyecto regular con el que recibir ingresos para esas adquisiciones. 

Si el proyecto les interesa pueden apoyarlo en Patreon.

La versión larga

Cuando comencé la bitácora en 2013, apenas había espacios sobre los temas que trataba: un desafío a los mitos más extendidos sobre la narrativa de género y la otra cara de la moneda en cuanto a los problemas masculinos. Como apenas había nadie más, trataba todo tipo de temas: historia, legislación, psicología, sociología, inmigración, noticias y tendencias del momento, etc. 

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La cultura del victimismo y los problemas del varón. ¿Cómo identificar la reivindicación legítima?

Una mujer denuncia haber sido víctima de la trata, otra protesta porque le sirvieron una fanta y a su novio una cerveza cuando pidieron lo contrario. En algunos círculos ambas son víctimas, de distinta gravedad como es obvio, pero víctimas al fin y al cabo. Para la mayoría de nosotros, por el contrario, el segundo escenario es un claro caso de victimismo. Aunque podemos separarlos de forma intuitiva, no existen parámetros que determinen quién puede o no considerarse víctima, pues cada sociedad e incluso grupos dentro ella establecen la línea en un punto diferente.

Este artículo tratará de identificar dónde se encuentra esta separación para la mayoría de nosotros en materia de género, a fin de diferenciar entre las reivindicaciones legítimas y las que emanan del victimismo. Aunque se utilizarán ejemplos referidos al feminismo o a cuestiones raciales por ser los más  abundantes y conocidos, la finalidad es evitar que los reclamos en cuanto a problemas masculinos terminen cometiendo los mismos excesos. Ambos sexos sufren de discriminación y problemas específicos, pero tan perjudicial puede ser el victimismo como rechazar todas las reivindicaciones etiquetándolas de tal forma.

Para sentar las bases de esta entrada me basaré en los artículos de Jason Manning y Bradley Campbell “Microaggression and Moral Cultures” (Microagresión y cultura moral) y “Campus Culture Wars and The Sociology of Morality”(Guerras culturales de los campus universitarios y la sociología de la moralidad), que terminarían expandiéndose en el libro The rise of victimhood culture (El surgimiento de la cultura del victimismo). Lo que leerán aquí será por necesidad una versión simplificada, de modo que recomiendo consultar los artículos originales a quienes deseen una explicación más detallada de los conceptos que aquí se discuten.

Las culturas del honor, la dignidad y el victimismo

Los autores señalan que las sociedades occidentales han pasado de una cultura del honor a una de la dignidad, pero que recientemente está surgiendo un nuevo tipo de cultura para dirimir conflictos: la del victimismo. Veamos en qué consiste cada una:

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Teoría de la violencia propietaria materna (II): explicando la excepción estadounidense

Nota: se trata de una teoría ficticia, como indiqué en la primera parte y explicaré al final del texto. Los datos, en cambio, son correctos salvo que se indique lo contrario.  

En el artículo donde introduje la teoría de la violencia propietaria materna, o terrorismo materno, realicé la siguiente afirmación: “en Estados Unidos, entre los años 2001 y 2006, el 70,8% de los niños asesinados por uno de sus padres lo fue a manos de su madre”. Pues bien, el dato es incorrecto. Ese porcentaje incluye no sólo los filicidios sino también las muertes por negligencia.

Dado que los informes de maltrato infantil del Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno de Estados Unidos no separan los datos según se trate de negligencia o abuso, he tenido que acudir a otra fuente: un estudio que analizaba los filicidios en un período de 32 años y que se basaba en los arrestos realizados.

El estudio indicaba que el 57% de los agresores habían sido varones, y el 43% mujeres. Sin embargo, cuando delimitamos los asesinatos a los progenitores y excluimos a las víctimas mayores de 18 años (pues el filicidio no equivale necesariamente a infanticidio), los porcentajes casi se igualan, con los padres representando el 50,7% y las madres el 49,3%.

Aunque estas cifras en apariencia no apoyarían la teoría de la violencia propietaria materna, voy a explicar por qué en realidad sirven para confirmarla.

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Por qué los asuntos de género hacen que gente de izquierdas vote a Vox

Fuente de la imagen

Antes de empezar este artículo voy a enumerar las advertencias de rigor:

Primero, el texto se basa en lo que me han contado varios conocidos que encajan en este perfil, por tanto no puedo afirmar que sus razones sean universales. Sin embargo, publico este escrito porque sospecho (aunque no pueda probar) que corresponderá a la mayoría de quienes hacen el cambio por cuestiones relacionadas con los asuntos de género.

Segundo, no pretendo convencer a nadie de que razone como ellos (o de que no lo haga). Sólo exploro un comportamiento que a muchos deja perplejo, pero que a mí no me parece tan descabellado, a pesar de que tampoco voto a Vox.

Tercero, este artículo no va a favor ni en contra de Vox. Repito, sólo intento explicar lo que a muchos parece inexplicable.

Habitualmente se piensa que a estas personas sólo les importan las cuestiones de género o las sitúan por encima de otras consideraciones. Por lo que he visto, esto no siempre es cierto: el problema está en el consenso de las políticas.

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