El libro “La deshumanización del varón” ya está a la venta

Al fin está a la venta La deshumanización del varón, un libro único en el panorama editorial español que aborda la otra cara de la moneda en cuanto a género, discriminación y violencia. Esta entrada responderá a las preguntas más frecuentes:

1. ¿De qué trata?

La deshumanización del varón examina la discriminación institucional que experimenta el hombre por razón de sexo, desde casos tradicionales como el servicio militar obligatorio, el trabajo forzado o la circuncisión, hasta otros más recientes como su exclusión explícita en políticas para erradicar la pobreza o la acogida de refugiados.

El ensayo también analiza la falta de reconocimiento de dichos problemas en los medios de comunicación y sus posibles causas, entre ellas la presencia de una narrativa de género que deshumaniza al varón y considera que sus problemas son secundarios debido a su posición de poder y privilegio con respecto a la mujer. Finalmente propone una nueva interpretación de las relaciones de género con la que lograr mayor justicia y respeto para ambos sexos.

Encontrarán una sinopsis más detallada en la página del libro en Amazon.

2. ¿Dónde puedo adquirirlo?

Si vives en España puedes comprarlo en:

En el resto de países puede pedirse a través de Amazon.es. Sin embargo, Psimática también está trabajando con imprentas en México, Perú, Argentina y Colombia para que pueda encargarse directamente en estos países, lo cual les supondría un ahorro en gastos de envío. Iré anunciando en las redes sociales conforme esté disponible en estos territorios. Si quieren verlo en otro país, por favor escriban a admin@psimatica.com

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Denuncias falsas en perspectiva (II). La comparación internacional: India

Si les relatara la historia de un hombre inocente arrestado y encarcelado por la mera acusación de una mujer, lo más probable es que imaginaran un caso relacionado con la ley integral contra la violencia de género (LIVG) en España. Sin embargo, este escenario puede darse en un país tan diferente y lejano como India, donde la Sección 498A del Código Penal se ha convertido en su equivalente, con el añadido de que esta declaración le permite también encarcelar a cualquier pariente del hombre acusado, independientemente de su sexo.

En España se afirma que la LIVG sólo produce un 0,01% de denuncias falsas, ¿cuántas son confirmadas bajo la Sección 498A? El presente artículo pondrá de relieve la disparidad entre el número de denuncias falsas que registra cada ley para plantear el porqué de tal disparidad.

El origen de la Sección 498A

La que se considera actualmente como la ley más abusada del país nació, al igual que en el caso español, con la noble intención de proteger a mujeres maltratadas. Hay, sin embargo, un elemento cultural añadido que no existe en nuestro país: se ideó fundamentalmente para combatir la violencia relacionada con la dote.

Inicialmente la dote se estableció para garantizar la independencia económica de la mujer en caso de separación o viudedad, pero debido a que aumentaba el patrimonio familiar de quienes acogían a la mujer, terminó convirtiéndose en un bien codiciado por el esposo y sus parientes. En algunos casos, si las expectativas en cuanto a la dote no se cumplían, la mujer podía ser hostigada o maltratada por el esposo y/o sus familiares para obtener mayores bienes o dinero, culminando en asesinato o conduciendo al suicidio de la esposa si las exigencias no eran satisfechas. En un buen número de casos el asesinato se ha llevado a cabo quemándola viva, debido a que las muertes por quemadura con queroseno se deben en primer lugar a accidentes que ocurren en la cocina, seguidas del suicidio, con el asesinato como tercera causa.[1] De esta manera puede resultar más fácil hacer pasar este tipo de muertes por accidentes o suicidios.

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Denuncias falsas (I). La perspectiva histórica

0,01%. Éste es el número oficial de denuncias falsas por violencia de género, repetido insistentemente por activistas y medios de comunicación.[1] Mucho se ha dicho y escrito sobre lo poco útil que resulta para estimar el número real de denuncias falsas existente.[2] Entre algunos de los argumentos encontramos que el porcentaje desestima la posibilidad de que haya un número indeterminado de denuncias falsas entre aquellas que se retiran, archivan o terminan en sentencia absolutoria, una suma que supone anualmente entre el 75% y el 80% de todas las denuncias por violencia de género,[3] sin contar los “falsos positivos” de algunas sentencias condenatorias.[4]

También se ha argumentado que el 0,01% no cuenta todas las denuncias falsas, sino únicamente aquellas que son perseguidas de oficio,[5] y que existe poca voluntad en este aspecto incluso cuando existen indicios claros de falsedad.[6] No es sorprendente, pues hay jueces que afirman abiertamente que este tipo de denuncias no existen,[7] o que el varón es “un animal de bellota que no cree en la igualdad”,[8] sin que se cuestione su idoneidad para el puesto. De alguna forma la revelación de que este 0,01% es, siendo generosos, una media verdad, no parece calar entre los medios de comunicación, que con excepciones muy puntuales,[9] han cerrado filas en torno a la cifra.

La validez de este porcentaje como representativo de la denuncia falsa en España es irrelevante para la prensa. El 0,01% pasa de ser un dato a convertirse en un mensaje: las mujeres españolas no mienten sobre este tema. Por tanto, y pese a los incentivos, la ley no se abusa, no perjudica a nadie y queda justificada. El 0,01% supone una necesidad política, y el que sea arropado por la prensa sin cuestionamiento parece invertir la función tradicional del “cuarto poder” para convertirlo en protector de la clase política, al menos en esta área.

El presente artículo, sin embargo, no tratará las denuncias falsas por violencia de género, sino que explorará tres casos históricos para poner en cuestión la narrativa de que las mujeres, al contrario que los hombres, no denuncian en falso incluso cuando existen incentivos económicos para ello o simplemente por enemistad personal.

Denuncias falsas por estupro a fines de la Edad Media (y más allá)

En el período tardomedieval encontramos un fenómeno poco conocido: las denuncias falsas por estupro, entendido como tener relaciones sexuales con una virgen mediante el engaño o la seducción, generalmente empleando la promesa de matrimonio. En un artículo dedicado a él podemos leer:

Así, en el último cuarto del siglo XV el Ayuntamiento de Bilbao se hizo eco de una práctica que se estaba extendiendo: mujeres que habían mantenido relaciones sexuales, y que no se ponían el obligatorio tocado en la cabeza para indicar al resto de su comunidad que ya no eran vírgenes, iniciaban una nueva relación con otro varón y luego lo demandaban judicialmente por una desfloración que había tenido lugar con anterioridad. A su vez en la legislación navarra del siglo XVII se indicaba que se recurría a estas prácticas «con ánimo de escoger maridos a su gusto» o para ser dotadas.[10]

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Para los comentaristas habituales

Quería comunicaros que este verano iré unos días a España. Si tenéis interés en quedar, escribidme por privado. Si no tenéis mi correo electrónico podéis hacerlo directamente desde la sección “Contacto”.

Saludos.

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Por qué la violencia en las relaciones de pareja no es estructural

Introducción

El término violencia estructural, fue acuñado por el noruego Johan Galtung en su artículo “Violence, Peace and Peace research” (violencia, paz e investigación sobre la paz), publicado por primera vez en 1969. Acudiendo a la definición de Galtung, argumentaré que la violencia en las relaciones de pareja no puede considerarse estructural. También mostraré que, según la definición, sí pueden existir otras formas de violencia estructural hacia las mujeres, pero también hacia los hombres por razón de sexo.

Aclaro que no pretendo dar mayor o menor validez a la definición de violencia estructural empleada por Galtung, proponer su aceptación, ni debatir los méritos o problemas de la misma, algo que constituiría un debate separado.

1. La definición de violencia (a secas) que emplea Galtung

Inicialmente el trabajo de Galtung buscaba ampliar la definición de paz para que fuera más allá de la idea habitual que la retrataba como “ausencia de violencia”. Sin embargo, esto podía conseguirse con mayor facilidad extendiendo el significado de violencia y comprendiendo sus dimensiones.

Normalmente la violencia se entiende como “incapacitación somática y privación de salud (con el asesinato como forma extrema) a manos de un actor que busca de forma intencionada esta consecuencia.” A partir de esta base añade otras formas de violencia como la psicológica y la no intencionada, entre otras, para llegar a una definición más amplia:

La violencia está presente cuando los seres humanos están siendo influenciados de forma que sus verdaderas realizaciones somáticas y mentales están por debajo de sus realizaciones potenciales (…). La violencia se define aquí como la causa de la diferencia entre el potencial y lo real.

Como ejemplo indica que la muerte de un hombre a causa de tuberculosis en el siglo XVIII, al ser prácticamente inevitable, no supondría violencia estructural. Sin embargo, la misma muerte en el siglo XX sí podría ser clasificada como tal debido a la existencia de avances médicos y científicos capaces de impedirla, pero que no se habrían empleado. En el ámbito de la realización mental tendríamos el ejemplo de la alfabetización: si una sociedad cuenta con recursos para que su población sepa leer y escribir pero no los emplea y como consecuencia existe gente analfabeta, también supondría violencia.

Esta amplia definición no es la que maneja el ciudadano corriente, por lo que su uso fuera del mundo académico tiende a desembocar en malentendidos, y de hecho como el artículo de Galtung no se encuentra disponible gratuitamente en internet tiende a ser poco accesible. Sin embargo, es necesario comprender lo que Galtung considera violencia (a secas) antes de adentrarnos en lo que define como violencia estructural.

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