Propaganda y género. Los cinco pilares del sesgo mediático

Imagen de El País. Según el informe en que se basó el artículo, las bajas civiles de varones adultos constituyeron en realidad el 70% del total, como se mostrará en esta entrada.

A continuación encontrarán un fragmento de la obra Deshumanizando al varón perteneciente al capítulo “Víctimas indignas, los hombres y el sesgo mediático.” He realizado algunos cambios para ajustarlo al formato de la bitácora, incluyendo la imagen de cabecera, un hipervínculo y la división en apartados, que no se encuentran en el original.

INTRODUCCIÓN

El modelo de propaganda de Herman y Chomsky apareció en 1988 con la obra Los guardianes de la libertad. En él se explicaba la disparidad del tratamiento mediático hacia las víctimas dependiendo de si eran “dignas” o “indignas,” algo que se decidía por el contexto de su muerte: si eran víctimas de una dictadura enemiga (comunista) o de una dictadura aliada, incluso cuando sus muertes habían sido iguales en número y brutalidad. Por ejemplo un sacerdote asesinado en América Latina recibía 100 veces menos atención que uno asesinado en Polonia.[1] El sesgo mediático de la prensa española en cuestiones de género mantiene una disparidad similar. Según el seguimiento realizado al inicio de este capítulo, empleando una perspectiva de género los problemas femeninos recibían 62,5 veces más atención que los masculinos, con 250 noticias frente a cuatro durante los meses tratados.  

Dado que han pasado décadas desde la aparición del modelo, se está aplicando a un país distinto (España en lugar de Estados Unidos) y para un tema diferente, no es posible utilizar todas sus herramientas. Herman y Chomsky apuntaban a una tendencia políticamente conservadora en los medios, mientras que aquí se describirá un sesgo de tipo progresista. Pese a todo, las similitudes encontradas son enormemente reveladoras. Por ejemplo Herman y Chomsky realizaron una observación sobre el modelo de propaganda que podría aplicarse perfectamente al dispar tratamiento informativo en cuestiones de género con sólo eliminar la referencia al anticomunismo:

Nuestra hipótesis es que las víctimas dignas recibirán un trato prominente y dramático, que serán humanizadas, y que su sacrificio obtendrá un tratamiento detallado y contextualizado que generará el interés y el sentimiento compasivo del lector. Por el contrario las víctimas indignas merecerán tan sólo una breve referencia, una mínima humanización y un tratamiento descontextualizado que no excite ni enfurezca.

Mientras tanto, dado el poder de las fuentes de información del establishment, de los mecanismos de respuestas críticas y de la ideología anticomunista, podemos anticipar que se producirán protestas porque las víctimas dignas están siendo gravemente descuidadas, que las indignas reciben un tratamiento demasiado generoso y acrítico.[2]

Esto podría aplicarse a diversas comparaciones sobre cómo se tratan los problemas de ambos sexos y cómo se refleja su sufrimiento. Sin ir más lejos cuando examinamos el suicidio masculino pudimos comprobar cómo se pretendía despertar simpatía por la mujer indicando causas externas, mientras que el artículo se reafirmaba en que para los hombres todo se reducía a causas internas como la testosterona o la incapacidad de pedir ayuda.

La circuncisión femenina por ejemplo es inequívocamente condenada, persiguiendo la indignación del público y la búsqueda de justicia. Mientras tanto, los medios toman una postura desapasionada con respecto al procedimiento masculino e incluso deciden minimizarlo. En la versión española del Huffington Post, por ejemplo, se comparó la circuncisión masculina con “cortarse las uñas” (frente a la femenina que equivalía a “cortarse un dedo”)[3] pese a los centenares de muertes, amputaciones de pene y casos de deformidad genital que también provoca, particularmente en condiciones no estériles [969 muertes en diez años]. Y podrían mencionarse otros casos como los distintos argumentos expuestos en la prensa para negar microcréditos a los hombres en favor de otorgarlos exclusivamente a las mujeres, o el anteriormente mencionado ultraje mediático cuando la Guardia Civil puso en el mismo plano el maltrato masculino y femenino.

En un pasaje similar los autores también exponen la disparidad de contenido que podemos observar cuando las noticias tratan problemas de género masculinos y femeninos:

Mientras que la cobertura informativa que merece una víctima “digna” suele prodigar los detalles sangrientos y las expresiones que resaltan la atrocidad cometida y piden justicia, las informaciones que se refieren a víctimas “menos dignas” están redactadas en un tono menor, con la intención de restarles carga emocional, y suelen aludir a sentidas y filosóficas generalidades acerca de la omnipresencia de la violencia y de la tragedia inherentes a la vida humana.[4]

A grandes rasgos lo expuesto por Herman y Chomsky puede aplicarse al tratamiento informativo hacia ambos sexos mediante la aplicación selectiva de la perspectiva de género para unos problemas pero no para otros. Cuando dicha perspectiva se aplica al varón (lo cual es raro) ha de añadirse una dimensión adicional: la insistencia en muchos casos de que mientras los problemas de la mujer son externos y requieren de soluciones políticas, aquellos que experimenta el hombre por razón de sexo tienen un origen interno y sólo requieren un cambio de actitud.

Finalmente, su conclusión no podría ser más parecida a la expuesta en esta obra:

Mientras este tratamiento diferencial se produce a gran escala, los medios de comunicación, los intelectuales y la opinión pública pueden permanecer ajenos a la realidad y mantener la moral alta y un aire santurrón, que es la mejor prueba de la efectividad del sistema de propaganda.[5]

Dicho sistema de propaganda, sin embargo, no es el resultado de una conspiración, sino de la existencia de filtros que terminan generando un sesgo informativo. Ello provoca que incluso periodistas que trabajan con integridad y buena voluntad graviten hacia la postura dominante.[6] Para Herman y Chomsky el primer filtro sería la magnitud, propiedad y orientación de los beneficios de los medios de comunicación, el segundo la publicidad, el tercero las fuentes de información, el cuarto las reacciones adversas de reforzadores de opinión, y el quinto el anticomunismo o ideología anticomunista.

En el caso de la prensa española, en lo concerniente a las noticias “de género,” los filtros más importantes serían el tercero y el cuarto: las fuentes de información y las reacciones adversas de los reforzadores de opinión, aunque todos con excepción del quinto influyen en mayor o menor medida. Este último podría reemplazarse por “feminismo,” cuyas herramientas analíticas han sido aceptadas por el periodismo como puede comprobarse en los talleres ofrecidos por El País,[7] y que en línea con la narrativa de género establece a la mujer fundamentalmente como víctima o clase oprimida y al varón como opresor y privilegiado.

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Borrando al varón: víctimas dignas e indignas de los conflictos armados en los medios de comunicación

En esta entrada les presento el artículo del Dr. Adam JonesEffacing the Male” (Borrando al varón), donde se denuncia la exclusión del hombre como víctima en conflictos armados por parte de los medios de comunicación.

He editado la traducción, por lo que soy responsable de cualquier error que encuentren, pero todo el mérito es del traductor original, Marcos Cueva. Pueden descargar su versión sin editar en formato Open Office aquí, con hipervínculos adicionales para encontrar rápidamente las notas al final del documento. También he subrayado los pasajes más significativos para quienes no deseen leer el documento completo (aunque lo recomiendo), de modo que todo subrayado que encuentren no pertenece al texto original.

Sin más dilación, les dejo con este extraordinario artículo.

Borrando al varón: Género, tergiversación, y exclusión en la Guerra de Kosovo

Adam Jones, Ph.D.

Traducido por Marcos Cueva

Publicado en Transitions: The Journal of Men’s Perspectives, 21: 1-3 (2001).

RESUMEN

La guerra de Kosovo de 1999 ofreció una excelente oportunidad para analizar la representación de género y la victimización violenta en los medios de comunicación masivos. El presente artículo se concentra en el motivo de “genericidio”, o la matanza masiva de género selectiva -en este caso, de hombres étnicos albanos en “edad de combatir”. Presentamos un amplio rango de observaciones de prensa para demostrar que las victimas masculinas “indignas” tienden a ser marginadas o totalmente ignoradas en la cobertura de los medios masivos. Discutimos tres estrategias comunes de marginación, y proponemos el marco teórico de “primer orden”, “segundo orden” y “tercer orden” por género para clarificar el déficit de la cobertura. Este déficit es posteriormente contrastado con la atención otorgada a las experiencias de víctimas “dignas”, tales como mujeres, niños, y ancianos. Finalmente, evaluamos el pequeño puñado de reportes responsables y profundos en los medios que cubrieron las atrocidades selectivas de género contra los hombres kosovares para presentarlos como una alternativa que podría ofrecerse a la “invisivilización del varón” en la cobertura de la guerra y la violencia.

I. Introducción

La guerra en Kosovo, ocurrida entre marzo y junio de 1999, pese a lo trágico de la misma, ofreció una oportunidad ideal para analizar la representación y la retórica de género en los medios masivos de comunicación occidentales. Una estrategia Serbia predominante en el conflicto fue el “genericidio” contra hombres no-combatientes – la misma estrategia que las fuerzas serbias habían seguido desde el comienzo de la guerra de disolución de Yugoslavia(1). Desde el primer día de la Guerra de Kosovo (24 de marzo de 1999), y de hecho mucho antes, los serbios se concentraron abrumadoramente en los hombres en “edad de combatir” para cometer la mayoría de las atrocidades severas, aunque mujeres, ancianos y niños también fueron expuestos a un amplio rango de abusos y crímenes de guerra: desde asesinatos a violaciones y expulsiones forzadas (Jones, 1994). El informe realizado por la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE/Organization for Security and Co-operation in Europe) tras la guerra de Kosovo fue enfático en señalar estas estrategias selectivas de género y edad:

Hombres jóvenes constituyeron abrumadoramente el blanco habitual durante el conflicto en Kosovo. Claramente, hubo muchos hombres jóvenes involucrados en el UCK [Ejército de Liberación de Kosovo]… pero cualquier joven varón albanés de Kosovo era sospechoso de ser un terrorista. Si eran arrestados por las fuerzas Serbias –VJ [Ejército Yugoslavo], la policía o los paramilitares– los jóvenes corrían riesgo, más que cualquier otro grupo en la sociedad de Kosovo, de graves violaciones de derechos humanos. Muchos eran ejecutados in situ, en ocasiones tras horrendas torturas. Otras veces serían arrestados y llevados a prisiones o centros de detención, donde, como ha sido descrito posteriormente por hombres liberados de semejante cautiverio, serían maltratados y torturados, mientras que otros simplemente no volverían a ser vistos. Otros fueron usados como escudos humanos o para trabajos forzados. Muchos jóvenes “desaparecieron” tras su abducción.(2)

El presente artículo, basado en una amplia muestra de la cobertura mediática durante y tras la guerra, explora cómo esta realidad ha sido expresada -o no expresada- por la mayor parte de los medios de comunicación occidentales. Estoy convencido de que estas estrategias son de una relevancia que se extiende mucho más allá del caso particular de Kosovo, e incluso más allá de los temas de género y los conflictos internacionales; hablan sobre las maneras típicas en que las que las víctimas masculinas de violencia son marginadas o “invisibilizadas” por los medios dominantes y del discurso sobre derechos humanos. Las fuentes consistieron en lo siguiente:

Grupos de noticias de Internet:(3)

clari.news.conflict.misc clari.news.crime.war clari.news.refugees clari.news.photos clari.world.organizations.misc

(El 19 de Abril de 1999, ClariNet creó un grupo-de-noticias especial, clari.hot.a, para recopilar entradas sobre Kosovo. Resultó indispensable.)

Peródicos/Canales Electrónicos:

The Globe and Mail The National Post The New York Times The Washington Post The Guardian / The Observer (UK)(4)  The Christian Science Monitor BBC News Online

Algunos lectores pueden mostrar escepticismo hacia periódicos o fuentes en versión electrónica, y es importante señalar que ciertas áreas de contenido -en particular las columnas editoriales y de opinión, así como las cartas al editor– en su mayor parte no fueron incorporadas. No obstante, el rango de materiales disponible a través de estas fuentes fue impresionante. Sólo el diario The New York Times publicaba normalmente entre media docena y una docena de historias sobre el conflicto de Kosovo por día. La cobertura en otras fuentes clave (The Washington Post, The Globe and Mail, the BBC, The Guardian) fue sólo un poco menos amplia.

No pretendo haber leído cada palabra de cada artículo presentado en estas fuentes –nada más lejos. En cambio, tuve la seguridad de que podía concentrar toda mi atención en hacerme con un suficientemente amplio rango de materiales para generar algunas propuestas sobre la cobertura de los eventos dentro de ese Kosovo destrozado por la guerra. La tarea se me hizo más fácil imprimiendo y tomando contenidos de los medios electrónicos a través de los titulares. Muchas de las afirmaciones hechas aquí conciernen al “enfoque” (focus) de los medios, que en la cultura de las noticias puede reducirse a los titulares; y el “encabezado”, es decir, los párrafos introductorios del estilo de noticia estandarizado. (Estos párrafos introductorios son incluso mucho más importantes, ya que las noticias están resumidas en pequeños fragmentos para beneficio de los publicistas y, supuestamente, los lectores con bajo nivel de atención.)

Si bien el artículo no hace operativos sus argumentos a través de un análisis formal de los contenidos, considero que el vocabulario y el marco de trabajo presentado aquí será de utilidad para el desarrollo de estudios de este tipo más basados en estadísticas y una metodología rigurosa. En una sección posterior del artículo también exploro algunas de las coberturas más serias y precisas de los medios en cuanto a la victimización masculina en el conflicto de Kosovo. A pesar de que este tipo de coberturas aparecieron como si fueran raras piedras preciosas, y quedaron opacadas por su contraparte más distorsionada y exclusivista, todavía constituyen importantes y constructivas excepciones a la regla -y por lo tanto una indicación de que existieron alternativas a la agenda mediática dedicada a “invisibilizar al varón”.

II. “Incluyendo a las mujeres,” Excluyendo a los hombres.

En su revolucionario trabajo, Manufacturando el consenso, Edward S. Herman y Noam Chomsky dedicaron un capítulo el tema de las “víctimas dignas e indignas” en la cobertura de los medios. (Herman and Chomsky, 1988: 37-86.) Presentaron un trabajo comparativo de la intensidad y el carácter de la cobertura de los medios con respecto a las víctimas que eran convenientes para los legisladores de EEUU – los camboyanos bajo el régimen comunista de Pol Pot; el sacerdote polaco, Jerzy Popieluszko, asesinado por los agentes de seguridad polacos– contrastado con las víctimas inconvenientes, tales como los habitantes de Timor del Este que fueron masacrados y hechos pasar hambre sistemáticamente (invadidos por un aliado de EEUU, Indonesia), o los cientos de trabajadores religiosos asesinados por los regímenes terroristas centroamericanos que EEUU patrocinó. Comparando directamente la cobertura del sacerdote Popieluszko con la masa de “inconvenientes” trabajadores religiosos (incluyendo un arzobispo salvadoreño y cuatro enfermeras estadounidenses violadas y asesinadas por soldados salvadoreños en 1980), Herman y Chosmky concluyeron:

Por cada categoría mediática, la cobertura de la víctima digna, Popieluszko, excedió la de un grupo entero de cien víctimas indignas juntas. Sospechamos que la cobertura de Popieluszko pudo haber excedido la de aquellos cientos de víctimas religiosas asesinadas en Latinoamérica desde la II Guerra Mundial, ya que las más prominentes están incluidas entre nuestras cien seleccionadas… Podemos también calcular la relativa dignidad de las víctimas del mundo, como medida por el peso dado a ellas por los medios masivos estadounidenses. El valor de la víctima Popieluszko es entre 137 y 179 veces el de una víctima de alguno de los estados cliente de EEUU; o, mirándolo a la inversa, un sacerdote asesinado en Latinoamérica vale más de cien veces menos que uno asesinado en Polonia. (Herman and Chomsky, 1988: 39.)

El concepto de víctimas “dignas” versus “indignas” parece ser muy fértil a la hora de analizar el tratamiento mediático de las víctimas de atrocidades genericidas en Kosovo, y de las víctimas masculinas de violencia en general.(5) En esta sección bosquejo algunas de las predecibles, incluso ritualizadas, maneras en las cuales las “indignas” víctimas masculinas son excluidas del análisis, y aquellas “dignas” -notablemente niños y mujeres- privilegiadas.(6)

La invisibilización de las víctimas masculinas en los medios masivos se consigue generalmente a través de tres estrategias interrelacionadas. La primera puede denominarse relegación. Las noticias modernas, como se sabe, son una criatura jerárquica. El comienzo de éstas generalmente “apunta” al tema dominante del artículo, cuyo título tiene también la intención de hacer explícito. Muchos periódicos, impresiones o reimpresiones de artículos o servicios informativos en la red sólo incluirán una versión del título y los primeros párrafos de la noticia. Por consiguiente, el hecho de relegar la mención de un tema importante al interior de un artículo, o introducirlo sólo al final, es efectivo para retratarlo como secundario o fortuito y hacerlo pasar desapercibido, cuando no directamente invisible.

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Respuesta a la crítica de mi trabajo en El Universal

En una bitácora del diario El Universal Estefanía Vela Barba publicó un artículo donde se mencionaba mi entrada La discriminación masculina en 41 memes. Cito el contexto:

En meses recientes he visto distintos memes que han adquirido una popularidad inusitada que pretenden «recordarnos» cómo, si lo que se busca es la verdadera igualdad, no hay que olvidarnos de cómo los hombres también sufren y las mujeres también violentan. La compilación más memorable que he visto de estos argumentos es la de «La discriminación masculina en 41 memes».”

No está muy claro si en el resto del artículo la autora habla en general o de mi entrada en particular, pero de lo que no cabe duda es de que utiliza esta última como trampolín para lanzar su crítica. Por tanto, responderé a sus razones en lo que a mi trabajo se refiere.

Para empezar, decir que soy el autor de todos los memes, y no publiqué la recopilación para “buscar la verdadera igualdad”, señalar que “los hombres también sufren” o “las mujeres violentan”. Veamos qué dije en la propia entrada (énfasis mío):

En esta entrada recopilo la serie de memes titulada “…Pero no es un problema de género”, que publiqué en la página de Facebook para denunciar la invisibilidad de la discriminación y el sufrimiento masculino en los medios, la universidad y las instituciones tanto nacionales como internacionales, al menos desde una perspectiva de género.

Decir que el hombre también sufre es algo que sabemos todos, lo que rara vez se dice es que en muchas ocasiones lo hace por razón de género, y es esto último lo que me interesa visibilizar. Como veremos más adelante, podemos encontrar docenas de artículos sobre el sexismo experimentado por las multimillonarias de Hollywood, pero es imposible hallar uno solo que denuncie (desde una perspectiva de género) los reclutamientos forzados para la guerra en Ucrania, la discriminación de los hombres inmigrantes en el plan regulatorio de Marruecos o su exclusión por razón de sexo en numerosos programas microfinancieros destinados a aliviar la pobreza.

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Las víctimas civiles en Afganistán: cómo Naciones Unidas discriminó a los hombres… otra vez

Afghanistan

Recientemente apareció en el diario El País una noticia titulada “La escalada de violencia en Afganistán se ceba con los niños y mujeres”. El artículo, que trata sobre las víctimas civiles en los seis primeros meses del año 2015, no hacía una sola mención a los hombres, proyectando la errónea idea de que la mayoría de las víctimas civiles fueron mujeres y niños. Como veremos más tarde, sin embargo, los varones adultos constituyeron el 70%.

Como El País tiene una cobertura bastante sesgada de los temas de género (en la misma línea que otros periódicos nacionales españoles), decidí echar un vistazo al informe original de la ONU. Allí descubrí que la noticia de El País no había hecho más que seguir la fórmula de este documento: el número de varones adultos que fueron bajas civiles no se menciona de forma explícita ni una sola vez. Tampoco su porcentaje.

Encontramos secciones dedicadas a mujeres y niños (empleo aquí el masculino genérico), pero no hay nada sobre los problemas o peligros a los que se enfrentan los hombres. Todo esto pese a que varios académicos han denunciado que los hombres civiles se encuentran en una situación de vulnerabilidad justamente por razón de sexo: ambos bandos consideran que los varones en edad de combatir son posibles activos a utilizar para su propio bando o potenciales enemigos que en cualquier momento pueden empuñar las armas, y se les asesina muchas veces de forma preventiva. La ONU, sin embargo, no tiene una sección para ellos. Sólo considera como colectivos vulnerables a mujeres y niños, pese a constituir un 30% de las víctimas.

La forma en que descubrí el porcentaje real lo dice todo: tuve que sumar el número de niños asesinados (320, p. 5) y el de mujeres asesinadas (164, p. 5), ambos señalados de forma explícita, y restarlo del total de bajas civiles (1.592, p. 1). El porcentaje es de un 69,6%, que he redondeado al 70% para simplificar.

Examinando el informe de 2014, que cubre los doce meses, descubrí que nuevamente se habían invisibilizado los asesinatos de varones adultos, cuyos números o porcentajes no se señalan de forma explícita. Esta vez el total de bajas fue de 3.699 (p. 1), con 298 mujeres (p. 3) y 714 niños (p. 4). El porcentaje de varones adultos fue del 72%.

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Los pescadores esclavos del Sudeste Asiático

A continuación les presento la traducción del artículo “Pescador birmano vuelve a casa tras 22 años como esclavo”, escrito por Margie Mason en Associated Press, The Big Story.

Pescador birmano vuelve a casa tras 22 años como esclavo

Margie Mason

Pescador esclavo

En esta foto del 16 de mayo de 2015, el antes pescador esclavo Myint Naing y su madre, Khin Than, lloran al reunirse tras 22 años en su aldea del Estado de Mon, Birmania. Myint, de 40 años, es uno de los cientos de antiguos esclavos que volvieron a Birmania después de una investigación de Associated Press sobre el uso del trabajo forzado en la industria del marisco en el Sudeste Asiático (Foto Associated Press/Gemuni Amarasinghe).

TUAL, Indonesia (Associated Press) —Todo lo que pidió fue regresar a casa.

La última vez que un esclavo birmano hizo la misma petición, fue golpeado hasta quedar al borde de la muerte. Pero después de haber estado fuera ocho años y haber sido forzado a trabajar en un barco en la lejana Indonesia, Myint Naing estaba dispuesto a arriesgarlo todo para ver a su madre de nuevo. Pasaba las noches soñando con ella, y el tiempo comenzaba a borrar lentamente el recuerdo de su rostro.

De modo que se arrojó al suelo y rodeó con sus brazos las piernas del capitán para implorar por su libertad.

El capitán tailandés gritó lo suficientemente fuerte como para que todos oyeran que Myint sería ejecutado por intentar abandonar el barco. Entonces arrojó al pescador a la cubierta y lo encadenó de brazos y piernas.

Myint fue dejado a merced del sol abrasador para que se quemara por tres días y tiritara con la lluvia nocturna, sin comida ni agua. Se preguntaba cómo sería asesinado. ¿Arrojarían su cuerpo por la borda para que el mar lo arrastrara hasta la orilla, como los otros cadáveres que había visto? ¿Le dispararían? ¿O simplemente le abrirían la cabeza de un golpe, como habían hecho antes?

Nunca vería a su madre de nuevo. Simplemente desaparecería, y ella ni siquiera sabría dónde buscar.

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Cada año, miles de trabajadores migrantes como Myint son engañados o vendidos al descarnado submundo de la industria del marisco. Se trata de un comercio brutal que ha funcionado durante décadas como un secreto a voces en las aguas del Sudeste Asiático, donde compañías sin escrúpulos emplean esclavos para suplir de pescado a los supermercados y tiendas más importantes alrededor del mundo.

Como parte de una investigación sobre este negocio multimillonario realizada a lo largo de un año, Associated Press entrevistó a más de 340 antiguos esclavos, en persona o por escrito. Las historias que nos cuentan uno tras otro son sorprendentemente similares.

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