Hombres y mujeres en la Unión Soviética (II). Del ocaso patriarcal al renacimiento tradicionalista

Vasili Efanov, Un encuentro inolvidable, 37 de 1936, óleo sobre lienzo, 270 x 391cm, 1936-37

Pueden encontrar el primer artículo de la serie, Hombres y mujeres en la Unión Soviética (I). La anarquía sexual, pulsando sobre el enlace.

…durante años en nuestra difícil y heroica historia, no pudimos prestar atención a los derechos y necesidades específicas de las mujeres que surgen de su papel como madre y ama de casa, y su indispensable función educativa con respecto a los niños. Comprometidas en la investigación científica, trabajando en obras de construcción, en la producción, en los servicios y participando en actividades creativas, las mujeres ya no tienen tiempo suficiente para realizar sus tareas cotidianas en el hogar, la crianza de los hijos y la creación de un buen entorno familiar. Hemos descubierto que muchos de nuestros problemas, en el comportamiento de los niños y jóvenes, en nuestra moral, cultura y producción, son en parte causados por el debilitamiento de los lazos familiares y una laxa actitud hacia sus responsabilidades. Constituye un resultado paradójico de nuestro deseo sincero y políticamente justificado de hacer que las mujeres sean iguales a los hombres en todo. Ahora, en el curso de la Perestroika, hemos comenzado a superar esta deficiencia. Por eso mantenemos acalorados debates en la prensa, en las organizaciones públicas, en el trabajo y en el hogar, sobre la cuestión de qué debemos hacer para que las mujeres puedan regresar a su misión puramente femenina.

-Mijaíl Gorbachov, Perestroika.[1]

En la Rusia actual los detractores del aborto han crecido un 33% durante los últimos años, siendo las mujeres mayoría entre quienes consideran que el procedimiento no debería emplearse bajo ninguna circunstancia. La propuesta para excluir del código penal ciertas formas de violencia doméstica fue iniciativa de dos parlamentarias. Un grupo cosacas se manifestó a favor del castigo impuesto a Pussy Riot, y la denuncia de los estudios de género como una herramienta de Occidente para debilitar a la nación también ha sido emitida por mujeres.[2]

Aunque estos episodios no pueden generalizarse a la población del país, incluso la literatura académica admite que el feminismo en Rusia tiene un alcance muy limitado.[3] Las razones habitualmente expuestas son el retrato del feminismo como un movimiento ajeno a la cultura rusa y su asociación con las formas más radicales que pueden encontrarse en Occidente.[4] Y si bien estas explicaciones pueden ser correctas, existen razones más profundas ligadas a la historia de la Unión Soviética que nos ayudan a entender por qué muchas mujeres rusas muestran un rechazo tan intenso.

La alianza entre el Estado y la mujer

La primera entrada de esta serie describió cómo las medidas para instaurar la igualdad entre hombres y mujeres tuvieron efectos tan destructivos que en 1944 El Edicto para la Familia retiró la validez del matrimonio “de hecho”, prohibió las demandas de paternidad (mayoritariamente efectuadas por mujeres), reintrodujo la categoría de ilegitimidad y transfirió el divorcio a los juzgados. Sin embargo, el estatus del hombre como cabeza de familia había terminado, y con la incorporación masiva de la mujer al trabajo asalariado, la realidad de las relaciones de género en la Unión Soviética nunca volvería a ser la misma.

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Hombres y mujeres en la Unión Soviética (I). La anarquía sexual

Madres, no abandonen a sus hijos. Acudan a los soviets de servicios sociales (1925). Imagen de Wikimedia Commons

Introducción

En lugar de decir: aún somos demasiado indigentes y demasiado incultos para establecer relaciones socialistas entre los hombres: nuestros hijos lo harán, los jefes del régimen recogen los trastos rotos de la familia e imponen, bajo la amenaza de los peores rigores, el dogma de la familia, fundamento sagrado del “socialismo triunfante.” Se mide con pena la profundidad de este retroceso.[1]

─Leon Trotsky. La Revolución Traicionada.

Cuando imaginamos a la mujer soviética es inevitable evocar imágenes de aquellas valientes que mataron y murieron desempeñando una variedad de roles de combate en la Segunda Guerra Mundial: desde aviación hasta artillería e infantería. Sin embargo, tras esta apariencia de igualdad ya se fraguaba un proceso que León Trotsky denunció en 1937: la restitución de la familia como núcleo de la sociedad, con la mujer como su principal pilar.

La igualdad entre los sexos había tenido un lugar especial en la Unión Soviética. La Constitución de 1918 otorgó el voto a la mujer y la consideró ciudadana a todos los efectos. El Código Familiar promulgado ese mismo año fue una de las herramientas empleadas para que dicha igualdad fuera efectiva, incluyendo la posibilidad de obtener el divorcio a voluntad. Una liberación implementada desde la cima que tendría consecuencias desastrosas para innumerables mujeres, quienes abandonadas por sus maridos terminaron en la miseria y abocadas a la prostitución.

Aunque no existen cifras oficiales, algunos autores elevan el número de mujeres desamparadas y empobrecidas a millones.[2] Sea como fuere, constituyó un problema de tal magnitud que el idealismo inicial hubo de dar marcha atrás. Para entender los hechos que propiciaron el giro conservador de Joseph Stalin, nos concentraremos en los tumultuosos años comprendidos entre 1917 y 1936, sin los que no puede entenderse el posterior Edicto para la Familia de 1944.

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¿Qué hay tras la afirmación “pero a ellos los matan otros hombres”?

A nivel mundial los hombres representan el 79% de las víctimas de homicidio y el 95% de los victimarios. Este segundo porcentaje a menudo se ha empleado para mitigar el primero mediante la afirmación “a ellos los matan otros hombres”. Como dato comparativo, en la comunidad negra de Estados Unidos el 93% muere a manos de otro negro, y a nadie se le ocurriría afirmar que supone un efecto “compensatorio”, sino más bien todo lo contrario.

Cuando se trata del varón, en cambio, siempre hay alguien a quien le falta tiempo para señalar el sexo del agresor cuando se afirma que la mayoría de las víctimas son hombres, tanto que pareciera irles la vida en ello. Esta inclinación, en principio, podría deberse a la idea de que muchos de los asesinatos intramasculinos involucran a grupos criminales que se matan entre sí, pero teniendo en cuenta que según datos de la ONU representan el 19% de los homicidios (y difícilmente todas sus víctimas serán otros criminales), no parece que sea la razón. En este artículo explicaré a qué se debe realmente este apartheid de la empatía en el que unas muertes tienen más valor que otras por razón de sexo.

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¿Es la cultura patriarcal responsable de los robos de tierra a viudas en Uganda?

Widows Matter

La historia de Gladys Laker Otto es estremecedora: después de que su marido muriera a manos del Ejército de Resistencia del Señor, su familia política le arrebató la tierra heredada, amenazando a sus hijos en caso de resistir. Desde la extrema pobreza se organizó junto a otras viudas que habían sufrido una desgracia similar y salió adelante creando un servicio de lavandería. Ahora lucha por los derechos de otras como ella, pues la guerra civil dejó un enorme número de viudas y huérfanos.

El diario El País relata el drama de Gladys y otras mujeres como ella. Su artículo afirma que se trata de una lucha contra la “cultura tradicional” puesto que “a pesar de que las leyes ugandesas protegen el derecho a propiedad de las mujeres, muchas comunidades se rigen por costumbres tradicionalistas basadas en el derecho consuetudinario. Según estas, la esposa no tiene derecho propio a poseer tierra y frecuentemente, la herencia de las viudas pasa a ser patrimonio de los líderes varones del clan familiar.”[1]

El artículo concluye con unas palabras atribuidas a la propia Gladys: “Nos enfrentamos a la tradición y a los sistemas patriarcales machistas de nuestra cultura.”[2] Palabras que no parecen propias del lenguaje de campesinos en una economía de subsistencia, sino de activistas occidentales de clase media, aunque puede tratarse de mi prejuicio.

No tenía dudas sobre la veracidad de la historia ni la magnitud del fenómeno, pero me resultó extraño encontrar una costumbre que consiste en sistemáticamente abandonar a las viudas y a sus hijos a la extrema pobreza. En principio, me pareció el resultado de un debilitamiento de las instituciones del Estado y las comunidades, causado por la pobreza y el conflicto armado que provocó la viudedad de tantas mujeres para empezar. El vacío resultante propiciaría un clima donde el fuerte puede explotar al débil con mayor facilidad, y en el que las viudas constituyen un blanco fácil. Es decir, lo descrito sería resultado de la erosión de la cultura tradicional “patriarcal,” no el objetivo de ésta. Sin embargo, la intuición no constituye evidencia, de modo que decidí explorar cuánto mérito tenían las dos interpretaciones.

Antes de exponer los argumentos, clarifico que aunque normalmente defino “patriarcado” como un sistema de organización familiar centrado en el padre que es apoyado por la ley, en este artículo (y sólo en este) lo emplearemos para referirnos a los sistemas patrilocales y patrilineales presentes en la mayoría de las tribus y grupos de Uganda, que es el sentido que le otorga El País. Por otra parte, hay quienes prefieren el término “acaparamiento de tierras” y no “robo”, pero utilizaré el segundo, razón que se justificará al final del artículo.

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¿Crisis de la masculinidad o devaluación de la utilidad masculina?

Masculinidades en crisis 2

La expresión “crisis de la masculinidad” ha sido empleada para referirse a las transformaciones experimentadas por el hombre ante los cambios sociales ocurridos en las últimas décadas. Suele retratarse de forma simplista como el resultado de una batalla entre los sexos donde la mujer resultó vencedora, despojando al hombre de su liderazgo como cabeza de familia y sumiéndolo en un estado de confusión. Ritxar Bacete, autor en el área de las nuevas masculinidades, lo describe así:

Los hombres estamos en crisis. La idea obsoleta que tenemos de lo que significa ser hombre se está resquebrajando cuestionada por un cambio positivo, el de la liberación y el empoderamiento de las mujeres. En un proceso de revolución pacífica, ellas han logrado ponernos delante el espejo y esto nos ha hecho dudar de lo que somos realmente. Y de lo que queremos llegar a ser.[1]

…Son ellas, las mujeres, los movimientos feministas, las que han socavado los cimientos del sistema patriarcal, las que han cambiado las relaciones, las que han señalado críticamente esta “masculinidad hegemónica dominante” en la que se ha basado la sociedad y aunque siguen quedando demasiados vestigios, el viejo tablero ya no sirve.[2]

Luis Bonino, otro conocido autor en este campo, también retrata la adaptación masculina a los cambios recientes como un proceso mental interno provocado por la nueva realidad de las relaciones de género:

Lo que sí es verdad es que actualmente hay una gran crisis, pero de legitimación del modelo social de masculinidad tradicional. Dicha crisis quita validación a muchas “verdades” masculinas, entre ellas la de la “naturalidad” de la subordinación de la mujer, lo que genera no una crisis pero sí inquietud y desconcierto a muchos varones.[3]

El profesor de la Universidad Complutense Antonio Agustín García García intenta dotar a esta “crisis” de mayor profundidad histórica, pero termina describiéndola principalmente como una evolución interna.[4] Incluso un artículo publicado en Harvard Business Review no entra a valorar causas externas más allá de la emancipación femenina.[5]

Cuando la “crisis de la masculinidad” es retratada por la prensa, no sólo se describe con triunfalismo como una victoria de la mujer sobre el hombre, sino que se jacta de la torpeza de este último para enfrentarse a los nuevos retos. Como se afirmó en el artículo “Masculinidades en crisis” publicado por el diario El País: “Ellas se incorporan a los ámbitos y clichés ocupados tradicionalmente por hombres; ellos son incapaces de asemejarse a lo que las mujeres representan.”[6]

¿Pero nos encontramos realmente ante una “crisis de la masculinidad”?

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